Veterana B
Los Campos Elíseos de los refugiados
Deia, , 15-03-2016La línea telefónica me ha llevado hoy a hablar con Carmelo Angulo, el presidente del comité español de Unicef. Se ha trasladado hasta el gigantesco campo de refugiados de Zaatari, en Jordania, para conocer de primera mano cómo es la vida de las más de 80.000 personas que han huido de Siria y se han instalado allí esperando que finalice la guerra en su país, una guerra de la que se cumplen ya cinco años.Cuenta el bilbaíno Carmelo que el campo de refugiados se ha convertido en una gran ciudad, con servicios e infraestructuras básicas que se han ido construyendo gracias a la marea de solidaridad internacional que se desató cuando se inició el conflicto. Gracias a eso y a la enorme dosis de tesón, y algo parecido al optimismo, que tienen quienes allí viven. Han intentado normalizar al máximo su vida intentando mejorar las condiciones del campo, que ya tiene incluso avenidas. A la central, paradojas de la vida, le llaman “Campos Elíseos”.Las cosas han cambiado mucho desde que se comenzó a construir el campo. Hoy no hay colas en la entrada con familias cargadas de bultos, no llegan autobuses desde la frontera con personas que escapan de la guerra y el agua llega a las fuentes situadas cerca de las casetas.Entre tanta desolación también hay vida. La natalidad se ha disparado y hay muchos niños que no conocen otro lugar que el campo de Zaatari porque han nacido ahí. Entre 10 y 18 niños nacen cada día. Se ha creado un centro de planificación familiar para controlar la natalidad. Cuentan sus responsables que organizan sesiones y dan razones a los refugiados para que la controlen, y que son los maridos los que están detrás de la decisión de tener o no tener hijos. A ellos les gusta tener muchos niños y son los que mandan.Si hay algo que tienen claro en Zaatari es que solo la educación les conseguirá sacar de allí. No quieren que sus jóvenes se conviertan en una “generación perdida” y les animan a acudir a las escuelas que Unicef ha instalado en el campo. Educación , educación y educación . Es la palabra que más repiten como fórmula para elaborar una vida mejor.Son casi cinco años los que han pasado desde que se comenzó a construir este campo que ya cuenta con pequeños bares y tiendas de ultramarinos no demasiado abastecidas. Sin embargo hay que evitar a toda costa que tanto este como otros campos de refugiados se conviertan en ciudades establecidas y no en soluciones transitorias.Que vivir en un campo de refugiados se convierta en algo “normal” para sus habitantes es peligroso. A estas alturas, males de todas las sociedades como la prostitución, la trata de personas, las mafias y todo tipo de delincuencia se han instalado en Zaatari. No debe convertirse en normal lo extraordinario.No demasiado lejos de Jordania, en Argelia, hay campos de refugiados que se crearon hace 40 años y sus habitantes aún no han conseguido salir de ahí. Deterioro físico y mental para sus gentes es lo que supone vivir en un sitio así.Le he preguntado a Carmelo por la idea que de Europa tienen quienes viven en el campo de refugiados. Me ha sorprendido escuchar que no, que no se habla de Europa, ni de su cierre de fronteras. Apenas llegan esas noticias hasta allá. Sus habitantes quieren volver a sus casas, no llegar a Europa.Dejar que miles de personas vivan en campos de refugiados es, como poco, un fracaso del mundo.
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