Un refugiado que lanzó un zapato a Erdogan triunfa con dos restaurantes en Sevilla

La Vanguardia, Adolfo S. Ruiz, 12-03-2016

Ahora es un empresario de éxito. Hokman Joma, un refugiado
kurdo
sirio, regenta dos restaurantes en Sevilla especializados en kebab. El que acaba de abrir en la calle Peris Mencheta, en el centro de la ciudad y muy cerca de la animada zona de ocio de la Alameda, lleva el significativo nombre de El Zapatazo.

Porque Joma, de 32 años, ha conseguido quedarse en la capital andaluza con todos los papeles en regla después de pasar 33 meses en prisión por lanzar un zapato del número 44 al actual presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, durante una visita a Sevilla en el 2010. El zapato no alcanzó a Erdogan: voló por encima del coche oficial y acabó en el pecho de uno de los guardaespaldas. El resto se lanzó a por Joma, al que inmovilizaron y entregaron a la policía española.

Joma estuvo encarcelado en prisión preventiva y luego fue condenado a tres años por atentado a la autoridad. “Yo pensé que me caería una multa o algo así. Nunca que me condenaran a tanto tiempo de cárcel. Cuando mis compañeros de prisión se enteraban de que me habían caído tres años por lanzar un zapato se morían de risa”.

Joma salió de Siria en el 2004, después de que un partido de fútbol del equipo de su ciudad, de mayoría kurda y uno de los mejores de Siria, acabara en un baño de sangre, con decenas de muertos y heridos. Joma participó en los disturbios con la energía de sus 19 años y las fuerzas de seguridad de El Asad fueron a por él. Con la ayuda económica de su padre –“más de tres mil euros”, asegura– contactó con las mafias para ir al Reino Unido. “Me embarcaron en la bodega de un barco durante muchas horas, perdí la noción del tiempo. Nos dijeron que habíamos llegado a Inglaterra y que saliéramos corriendo. La realidad es que era Tánger”.

Con un pasaporte falso y tras abonar otros 2.500 euros pudo llegar a Ceuta, donde solicitó asilo político. Dos meses después, ya con la documentación como refugiado, fue trasladado a un centro para inmigrantes de Sevilla. Cuando pudo salir a la calle encontró trabajo en varios oficios: limpiar y reparar autocaravanas, soldadura, carpintería, un locutorio, un kebab…

Hasta que el Ayuntamiento de Sevilla concedió a Erdogan un premio por la cooperación cultural entre Turquía y Andalucía. Eran los tiempos de la Alianza de Civilizaciones. Joma quedó con un amigo en la plaza Nueva frente a la puerta del consistorio y no se pudo reprimir. “Sólo quería llamar la atención sobre la represión turca hacia el pueblo kurdo. Han asesinado a miles de hombres, mujeres y niños. No me pude contener”, recuerda, aunque dice que “no volvería a hacerlo”.

El magistrado le condenó con la posibilidad de conmutar la cárcel por una devolución a Siria. “Prefiero pasar 20 años en las cárceles españolas que volver a Siria. Para mí sería una condena a muerte”, alegó él.

Partidos de izquierda, asociaciones de derechos humanos y juristas se movilizaron en su favor al entender que la sentencia era excesiva. Pero el gobierno de Zapatero, temeroso de ofender a su aliado turco, siempre le negó el indulto. Finalmente el juez autorizó su salida cuando llevaba cumplidos 33 de los 36 meses a que fue condenado. En el 2012, el gobierno del PP le concedió el indulto definitivo.

En prisión hizo cursos de castellano y de cocina. Intentó sacarse el graduado escolar pero no aprobó. Con el dominio del idioma y sus nuevos conocimientos gastronómicos abrió los dos restaurantes: La Piccolina y El Zapatazo, uno enfrente del otro.

Tras su puesta en libertad, acudió a la policía para reclamar su zapato. Las autoridades judiciales se negaron, “era la prueba del delito”. “Ahora lo tendría enmarcado –lamenta–, presidiendo mi local”. Sirve kebabs pero también cerveza y licores, chupitos y otras bebidas alcohólicas. “Soy musulmán pero no practicante. Creo que las religiones están en el origen de buena parte del odio y las guerras”, asegura mientras vuelve a sus quehaceres al frente de El Zapatazo.

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