Desde la Avenida de Tolosa

Desalmados

Diario de noticias de Gipuzkoa, Por Adolfo Roldán, 09-03-2016

No sé si los países tienen alma. Si no la tienen, son eso, desalmados, cuenta Manuel Castells en su Observatorio Global, de La Vanguardia. Se refiere luego a la tragedia de los refugiados y concretamente al infierno que sufren los menores. “26.000 niños solos por este mundo, 10.000 niños perdidos de los que no se tienen noticias y se teme lo peor. Y cuando llegan unos cientos de niños a la estación de Estocolmo y acampan exhaustos, surgen enmascarados de la noche y los apalean. O en Helsinki, donde matones patrullan las calles para “proteger a las mujeres”, pegando a cualquiera con mala pinta. O en Dinamarca, donde les confiscan todos sus bienes y el dinero al llegar. Para que se vayan. ¿A dónde? Porque de los más de 160.000 refugiados que acordó acoger la UE tan solo se han aceptado a 500”, de ellos 17 en España. Efectivamente, si alguna vez los estados tuvieron alma, la han extraviado o simplemente la han empeñado por un puñado de euros. Los desalmados no son zombis, me refiero a seres extraños que arrastran los pies en busca de carne humana. Son seres corrientes, que visten de manera corriente, hablan corrientemente, y hasta sonrien enseñando sus cordilleras de dientes. Las manifestaciones xenófobas se multiplican, pero tras las pancartas no van solo neonazis de Pegida (Alemania), del Frente Nacional (Francia), o de la Liga Norte (Italia) ni ultras de Austria, Hungría y Serbia, sino codo con codo con ellos se mueven presuntos demócratas. Leí el otro día una carta al director, firmada por Ignacio Maristany Pinto, que me ha quitado el sueño. “¿Le pasa algo a la sociedad – dice – o solo me lo parece? Subo al AVE dirección Madrid con mi mujer, dos niños de tres y un año, sillita y maletas. Respiro después de todo el estrés que supone llegar a tiempo, te instalas y oyes: ¡Vaya mierda! De todo el tren nos tenía que tocar a nuestro lado. La autora del comentario era una chica joven abrazada a su pareja. ¡No tendrían que dejar viajar a niños!, se atreve otro”. Si les miran bien, verán que son los mismos que ponen alambradas.

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