Gas pimienta para los refugiados

La policía macedonia arremete con fuerza contra aquellos que intentan cruzar la frontera griega

El Mundo, LLUÍS MIQUEL HURTADO ESTAMBUL, 01-03-2016

Los disturbios estallaron ayer en el área fronteriza griega de Idomeni cuando un grupo, furioso por la decisión de Skopje de restringir el tránsito de personas hacia otros puntos de Europa, tiró abajo la verja. Para evitar el avance de los migrantes hacia Macedonia, su policía descargó varios proyectiles de gas lacrimógeno y granadas aturdidoras contra los cientos de congregados, entre los que había niños.

Idomeni es un limbo con capacidad para 2.000 personas, pero que ya acoge a 7.000. Por eso, tras ver cómo Macedonia cerraba la frontera durante el fin de semana, y ayer dejaba entrar a sólo 50, los ánimos hirvieron. Según testigos, una marabunta al grito de «¡abrid la frontera!» corrió al punto donde la valla y la vía del tren se cruzan. A pedradas y con un poste rompieron el alambrado. La policía cargó. Hubo decenas de afectados por el gas.

A media tarde había disminuido la tensión, pero no el malestar. El enfado cundía especialmente entre los afganos, que no se explicaban a santo de qué las autoridades han decidido sólo ir permitiendo el paso de iraquíes y sirios. «Dejé Afganistán por la inseguridad. No volveré a Atenas. No me queda dinero. Quiero ir a Alemania», sentenciaba a la cadena Deutsche Welle Ali, un chico de 25 años que permanecía en Idomeni junto a sus dos hermanas y sus respectivos maridos e hijos.

El Gobierno griego lanzó ayer un plan para desplazar en autobús a los afganos desde Idomeni a centros de concentración en la región de Atenas, lugares ya rebosantes de recién llegados desde el Pireo en los días previos. Unas 750 personas, según Deutsche Welle, se subieron ayer por la tarde a los vehículos dispuestos por Grecia. Otras 250 se quedaron aguardando su turno fuertemente vigiladas por la policía. Los nuevos destinos siguen todavía en construcción.

La mayoría de los que esperan en Idomeni, uno de los puntos críticos de la mayor crisis de refugiados que Europa ha conocido desde la Segunda Guerra Mundial, son iraquíes y sirios. Las condiciones de vida en el campo local son, denuncian los huéspedes, pírricas. «Macedonia no abre la frontera y cada vez viene más y más gente, así que hay un gran número de personas teniendo que esperar mucho para comer e ir al baño», se quejó a la cadena Al Yazira Hamza, un refugiado sirio.

Más de un millón llegaron a Alemania el pasado año. Pero ahora, Austria y otros nueve países balcánicos, entre ellos Macedonia, han aprobado nuevas medidas para reducir el flujo de personas procedentes de países en guerra o en grave crisis. Grecia, punto primario de entrada a Europa y a donde no dejan de llegar migrantes por mar a pesar del invierno, está molesta. Policías de Croacia, Serbia y Eslovenia han acudido a la frontera grecomacedonia para reforzar el bloqueo fronterizo.

La sensación de rechazo y la incertidumbre motivan la agitación en Idomeni, donde, entre tiendas de campaña y techados precarios, sin apenas comida y con malas condiciones sanitarias, se trata de sobrellevar una tragedia más de las muchas sufridas en pocos años, como tener que abandonar el hogar o, en muchos casos, haber perdido a familiares en la guerra. «Estoy sufriendo aquí. Muero poco a poco. No sé qué hacer», lamentaba Abdullah, vecino de Alepo, ciudad del norte de Siria.

El país de Abdullah vivió ayer su tercer día de un alto el fuego imperfecto. Los auspiciadores del cese de hostilidades, EEUU, Rusia y la ONU, se pronunciaron en positivo sobre los acontecimientos en Siria. También la OTAN. Sin embargo, organizaciones opositoras, como la Red Siria para los DDHH, denunciaron la ruptura «hasta en 49 ocasiones» de la tregua por parte de las fuerzas leales al Gobierno de Bashar Asad. En estos ataques murieron, al menos, 18 civiles.

Además de varios castigos aéreos en puntos de las provincias de Idlib, Hama y Alepo –algunos de los cuales, aseguran opositores, no albergan al grupo yihadista Frente Al Nusra, ajeno al acuerdo– la oposición acusó al Gobierno de Asad de atacar con gas cloro, asfixiante, en Irbin, a las afueras de Damasco. Rusia, por su parte, arguyó anteayer que las brigadas alzadas, 97 de las cuales suscribieron el cese de las armas, habían violado su compromiso nueve veces.

La oposición, bajo el paraguas del Alto Comité de Negociaciones (HNC en siglas inglesas) rogó por carta al secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, el despliegue de un mecanismo sobre el terreno para evitar agresiones. Advirtió que, de seguir las agresiones, «las negociaciones [de paz en Ginebra] serán inviables». Por el contrario, el viceministro de Exteriores ruso, Sergei Ryabkov, negó que Damasco haya violado los términos del acuerdo.

Pese a las preocupaciones, según numerosos testimonios, la menor cantidad de ataques aéreos sobre zonas civiles de estos días ha regalado a miles de sirios los primeros días de relativa calma tras cinco años de guerra. Las calles de Damasco y Alepo se han visto más concurridas. La mayor preocupación, para muchos de ellos, es la llegada de ayuda humanitaria.

Mientras que ayer se ultimaban los convoyes que se prevé pronto transporten ayuda humanitaria a 154.000 personas en zonas asediadas de Siria, el Programa Mundial de Alimentos (PMA) anunció que va a poder volver a alimentar a refugiados y desplazados internos desde marzo hasta final de año. La falta de fondos había forzado la cancelación del programa de alimentos, pero el éxito de la conferencia de donantes del pasado febrero ha permitido reinstaurarlo.

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