Oídos sordos

Diario Sur, , 29-02-2016

Sigamos mirándonos al ombligo. Olvidemos a los que se agolpan ante nuestras puertas, aterrados por tanta indiferencia. Profundicemos en las concesiones a los privilegiados de nuestro club europeo, mientras nos olvidamos del verdadero alcance del concepto de refugiado. De los 28 países que componen el club cada uno tira por su lado. Gran Bretaña consigue llevarse el gato al agua con concesiones que afectan a los principios fundamentales de la UE: durante siete años, Londres podrá ignorar la igualdad de derechos de los ciudadanos, actuando en función del pasaporte de cada cual. Claro que la situación irá a peor si Reino Unido acaba tirando la toalla. Algún día soñamos que el camino europeo permitiría un aumento progresivo de las libertades y de los derechos sociales. Nos equivocamos. Ahora, recorremos el sendero en sentido inverso sin saber qué encontraremos al final. El próximo 7 de marzo (con Pedro Sánchez en la Moncloa o con Mariano Rajoy de presidente en funciones) se celebrará en Turquía una cumbre de jefes de Estado y de Gobierno que puede acabar en agua de borrajas. Una vez más.

El tribunal administrativo de Lille acaba de avalar la expulsión de varios miles de refugiados del campo de Sangatte, la llamada ‘Jungla de Calais’, en donde se hacinan hoy y fantasean con dar el salto hasta Inglaterra.

Su dispersión es contraria a las recomendaciones de la Agencia de la ONU para los Refugiados, que propone el reasentamiento de los que disfrutan del derecho de asilo. Es decir, su traslado a un tercer país con el que compartir responsabilidades y que proporcione soluciones duraderas. Pero, ¿dónde están esos países? ¿Qué soluciones ofrecen? El Gobierno de Rajoy sigue ignorando la tragedia. Como hacía antes. Pasa de la crisis de los refugiados. Es inútil que algunos ayuntamientos mantengan sus pancartas con el lema ‘Refugess Welcome’. Sólo hemos acogidos a unos cientos, cuando la cuota que nos asignó Bruselas superaba los 8.000. ¡Qué vergüenza!

«No permitas que la Europa de los valores se hunda en el Mediterráneo», dice el lema de la campaña de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado. Pero ese mar reclama también una campaña eficaz de rescate para salvar vidas humanas. Porque, además de incumplirse las cuotas, tampoco está resuelto el problema de cómo entran en Europa, sin jugarse la vida, los que todavía necesitan huir.

Dicen los estadísticos, que la Unión Europea tiene un problema demográfico y que la llegada de los sobrevenidos paliaría la situación. Pero el bloqueo que se practica en las fronteras impide incluso que los que huyen de guerras y persecuciones lleguen a territorio de asilo. La Convención de Ginebra sobre Refugiados se ha convertido en papel mojado. Nada importa. Sigamos haciendo oídos sordos.

Texto en la fuente original
(Puede haber caducado)