HABLAR Y VIVIR
MANTERO
Diario Sur, , 24-08-2015Un desgraciado suceso recogido por todos los medios de comunicación es el fallecimiento de un mantero al precipitarse desde un balcón. Un joven que se ganaba la vida, como miles, vendiendo objetos sobre una manta en la calle. Es una imagen que se puede ver en muchos lugares del mundo y desde hace mucho. Llegan, ponen la manta, colocan su menguada mercancía y esperan; a lo más, alguna frase para incitar al viandante a comprar. De pronto, el aviso, y lo recogen todo en la manta, hacen un fardo y salen corriendo.
Los diccionarios no son perfectos ni mucho menos, son obras que van por detrás del uso del lenguaje y muchas veces no están lo suficientemente atentos a la realidad cotidiana. Es el caso de ‘manterora’ del que el DRAE ofrece dos acepciones: «Fabricante o vendedor de mantas» y un uso anticuado: «Mujer que cortaba y hacía mantos para mujeres». Ninguna referencia a quien vende en la vía pública, generalmente sin permiso, artículos depositados sobre una manta.
El que esté libre de pecado que tire la primera piedra, afirma la frase del texto sagrado para muchos. ¿Quién no ha cogido algunos quilos en las vacaciones? El pincho de tortilla, las fastuosas paellas, los tintos de verano, las copitas después de los homenajes; todo eso y más contribuye a perder la línea, quien la tenga y a perderlo todo quien no la tenga.
La editorial Espasa ha publicado un libro muy divertido y refrescante para estos días. ‘Eso lo será tu madre. La Biblia del insulto’ de la periodista María Irazusta, a la que dediqué atención con su entrega anterior: ‘Las 101 cagadas del español’. En este caso se trata de analizar desde una perspectiva personal un amplio repertorio de insultos. Voy a detenerme en «Un dúo clásico: el gordo y el flaco».
Sabido es que las modas cambian y que durante siglos estar gordo era un síntoma de salud y de envidia. Normalmente los gordos tenían poder para comer mucho y bien en una sociedad en la que las hambrunas eran demasiado abundantes. Hasta como canon estético, véase a las mujeres de Rubens, todo un clásico. Los flacos no estaban bien vistos, podían ser enfermos; sobre todo tísicos.
Afirma la autora que «los más rollizos, quedarán dentro del grupo de los Boteros. Para los dirigidos a los ‘pesos pluma’, a los más ‘enjutos’, hemos acordado el nombre de Giacomettis. En el primer caso se refiere, ya lo ha adivinado el lector avisado, al artista de Medellín que ha llenado el mundo de gordos y gordas. En el segundo caso, es el escultor suizo Alberto Giacometti el padre de la palabra. Entiendo que se trata de una broma bienintencionada porque en el uso normal no se emplean estas palabras; quizás en un grupo reducido y, por supuesto, culto. Cuando enumera sinónimos sí encontramos voces muy frecuentes y otras no tanto. Es el caso de ‘orondo-da’ que apenas se emplea. ‘Regordete’ también ha retrocedido, lo mismo que ‘estar de buen año’ y otras formas más o menos eufemísticas. Por nuestras tierras se conserva ‘zampabollos’, el ‘tripón cervecero’, el ‘armario empotrado’, en el que predomina el sentido de grande y fuerte; también ‘armario de tres, cuatro, cinco’ y todas las lunas que queramos poner.
Unas formas muy frecuentes son las que establecen las comparaciones. Está ‘como una ballena’, como una vaca, como una foca, como una morsa, como un cachalote, como un barril, como un trullo. Esta última se refiere al ‘Lagar con depósito inferior donde cae directamente el mosto cuando se pisa la uva’. Se ha perdido el sonoro ‘tragaldabas’ como persona de mucho comer.
Hoy están de moda los delgados aunque se aprecia una ligera vuelta a las curvas. Los delgados eran unos ‘escuchimizados’, en esta palabra se unían la delgadez y la falta de fuerza, casi enfermo. Son frecuentes las referencias a ser como un ‘palillo’ o ser como un ‘fideo’. Las formas que tienen que ver con el esqueleto son muy variadas. Personalmente me gusta la comparativa ‘estar seco o más seco que una mojama’.
Cada cual sea como quiera ser. Los gordos tienen fama de pacíficos y los delgados de nerviosos. Hay de todo y siempre hay un tiesto para una maceta.
(Puede haber caducado)