«Mi hijo sólo es culpable de terrorismo por pan, no tenía para comer»
El padre del agresor del tren niega que sea un extremista: «No sería capaz de hacer algo así, ¿por qué iba a querer matar a alguien?» /«Fue a Francia a vender tarjetas para los móviles»
El Mundo, , 24-08-2015«Yo no estaba en el tren, pero no creo que fuera capaz de hacer algo así». Mohamed El Khazzani, padre del presunto terrorista del tren francés, se mostraba ayer conmocionado. «Sé que nunca lo volveré a ver, es como si estuviese muerto, ahora irá a la cárcel durante mucho tiempo», decía mientras su hijo Ayoub continuaba siendo interrogado en Francia por intentar asaltar el pasado viernes un tren de alta velocidad que viajaba entre Ámsterdam y París armado de un kalashnikov.
El marroquí de 64 años reside en la calle Federico García Lorca de la barriada de El Saladillo, en Algeciras, junto a su mujer y alguno de sus seis hijos. Para ganarse la vida trabaja de chatarrero.
Ayoub también ocupó la humilde casa ubicada en la quinta planta de la Torre 1 hasta que la abandonó en 2014, cuando la Policía Nacional le pisaba los talones como sospechoso de yihadismo.
El patriarca de la familia no tiene muchas ganas de hablar, pero accede a hacerlo en árabe. «Aunque llevo seis años en Algeciras no hablo bien español y me siento más cómodo en mi propio idioma». No da crédito a lo que está viviendo desde hace dos días. «Están diciendo que Ayoub es un terrorista, pero simplemente no puedo creerlo».
Admite, sin embargo, que no tiene mucho contacto con el joven de 26 años que se ha convertido en noticia mundial. «No hablo con él desde que se marchó en 2014», dice, si bien reconoce que su mujer tuvo contacto telefónico hace apenas un mes.
Las últimas 48 horas han sido un shock para este inmigrante que se dedica a la venta de chatarra. «¿Por qué iba a querer matar a alguien? No tiene sentido», se pregunta y responde él mismo. Admite además que la madre de Ayoub, de nombre Zahara, aún no conoce los detalles de lo sucedido, ya que había viajado a Marruecos hace unos días para ver a unos familiares y no volverá hasta el próximo fin de semana. Sí sabe que su hijo es sospechoso de un atentado que sólo pudo evitarse por la determinación de dos soldados estadounidenses, que redujeron al yihadista antes de que pudiese desatar una carnicería entre los pasajeros.
Mohamed sí tiene ganas de aclarar algunas cosas que se han dicho y que, según su versión, no son ciertas. Explica que en 2014 se marchó a Francia con un contrato de trabajo de seis meses firmado por la compañía telefónica Laica, pero que al mes lo despidieron. «Se fue porque aquí no había trabajo», insiste. «El único terrorismo del que es culpable es el de terorismo por pan, no tiene dinero para alimentarse adecuadamente».
El mismo argumento que precisamente esgrimió ayer su abogada en París, que transmitía la versión de su cliente sobre que su intención al subir al tren era robar, advirtiendo de que El Kahazzani se encuentra «muy delgado».
En relación a la estancia en prisión de su hijo, Mohamed advierte que «él nunca tuvo o trajo drogas», matizando que «es muy religioso, no fuma ni tampoco bebe alcohol». Recuerda en cambio que «amaba pescar y jugar al fútbol», y que «era un buen chico». Cabe recordar que fuentes policiales confirmaron a EL MUNDO que Ayoub tiene antecedentes penales por tráfico de droga, aunque en los últimos años parecía haberse alejado de ese mundo.
Ayer se supo que el joven fue condenado a 40 días de trabajos en beneficio de la comunidad por un delito contra la seguridad vial y cumplió un programa en el CIS de Algeciras desde octubre hasta noviembre de 2013.
Fuentes de la lucha antiterrorista sospechan que Ayoub El Khazzani pudo cambiar de identidad y haber cumplido otras condenas con otros nombres diferentes, una práctica habitual en este tipo de delincuentes.
Sobre la vertiente religiosa y las visitas a la mezquita Tawaq, la más radical de las seis que hay en Algeciras, reconoce acudir al templo y que lo hacía también con su hijo cuando éste residía en la ciudad.
Mohamed vive en una casa desvencijada. Pertenecía a un banco y el anterior propietario fue desalojado. Ahora dice, como tantos otros marroquíes, intenta salir adelante en El Saladillo. «No he comido ni dormido desde que la policía vino el sábado», lamenta. Sólo quiero recuperar la normalidad y no voy a volver a hablar nunca más de esto».
Mientras, la comunidad islámica de Algeciras valoraba ayer la situación a este diario. «Nosotros lo que queremos es que a este tipo de personas, sean de la nacionalidad que sean, las detengan», asegura uno de sus principales referentes, Kamal, insiste en que los marroquíes están tranquilos. «Los policías están haciendo su trabajo», señala, descartando un brote xenófobo a raíz de todo lo que se está comentando en torno a la mezquita Tawaq. «Sabemos que él y su padre iban allí a rezar», comenta, pero recuerda que en la localidad «hay seis mezquitas» e incluso se está trabajando con el Ayuntamiento para mejorarlas: «Nosotros abrimos las puertas a todos». Confirma que El Khazzani vivía en el barrio y que «siempre estaba con el hermano».
Mientras, el alcalde, José Ignacio Landaluce, lamenta la imagen sesgada que de la barriada de El Saladillo han ofrecido algunos medios de comunicación, indicando que esta zona de la ciudad «es tan digna como cualquier otro barrio». Para el primer edil «esa imagen que se está difundiendo no se corresponde con la realidad, con el día a día que se vive en El Saladillo, un barrio formado por ciudadanos trabajadores, que lucha constantemente por mejorar y que cuenta con el más absoluto y firme apoyo de este Ayuntamiento».
Destaca el dirigente que en sus calles «se desarrolla una gran labor social y de integración, basada en la multiculturalidad y que realizan numerosos colectivos», aunque admite que existen problemas que «trabajamos para superar, pero en ningún momento se puede ofrecer al exterior la imagen de que se trata de un barrio sin ley, simple y rotundamente porque eso es falso».
Sobre este particular, el regidor algecireño ha reclamado a la Junta de Andalucía, la reactivación del programa de Zona con Necesidades de Transformación Social (ZNTS), que quedó paralizado tras su puesta en marcha y que conlleva actuaciones para provocar cambios no sólo sociales, sino también urbanísticos, de infraestructuras y cohesión.
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