3.547 jóvenes vascos han emigrado al extranjero desde el arranque de la crisis

Sus posibilidades de retorno se reducen, y solo cuatro de cada diez acaban regresando a sus casas

Diario Vasco, ADRIÁN LORENZO | SAN SEBASTIÁN., 24-08-2015

¡Prepara los exámenes! ¡Presta atención en clase! ¡Haz caso a los profesores! ¡Esfuérzate para entrar en la universidad! ¡Estudia, estudia, estudia! La mayoría de padres dan mucha importancia a la formación de sus hijos. Aseguran que son unos afortunados y que les espera un porvenir brillante. Sin embargo, la realidad es a veces distinta. Los jóvenes están altamente formados, pero tener un título universitario no les garantiza por lo menos en España el futuro prometedor que ellos soñaban.

La tasa de paro ha alcanzado en Euskadi el 38,8% de la población de entre 16 y 24 años, afectando a 18.500 chavales en números absolutos. Según el Observatorio Vasco de la Juventud y el Instituto Nacional de Estadística (INE), desde 2008, el año en el que comenzó la crisis, 3.547 jóvenes nacidos en Euskadi, de entre 18 y 34 años, han hecho las maletas para irse el extranjero en busca de nuevas oportunidades laborales. Algunos, como la ministra Fátima Báñez, lo llaman «movilidad exterior» pero otros «fuga de talentos».

La emigración se prolonga a medida que se acentúa la crisis. Si en 2008 la tasa de retorno llegaba al 56%, en la actualidad las cifras se han reducido al 40%. Es decir, sólo cuatro de cada diez jóvenes vascos que se marchan regresan a casa. El resto construyen su hogar lejos, en algunos casos muy lejos. Álvaro Innerarity, Guillermo Hernández y Miren Amaia Iñiguez de Nanclares son algunos nombres que se esconden detrás de los datos. Los tres emigraron y los tres han vuelto, o están a punto de hacerlo, pero con objetivos diferentes. Algunos aspiran a abrirse camino cerca de casa, otros a volar bien lejos.

Guillermo Hernández: «Trabajar fuera ayuda»

Guillermo Hernández, donostiarra de 25 años, acabó Administración y Dirección de Empresas en 2012 y se apuntó al Global Training, el programa de becas del Gobierno Vasco que envía a los recién graduados al extranjero para colaborar en empresas con presencia internacional. «Elegí en la preselección San José, Costa Rica, porque había unas prácticas acordes con mi perfil. Me seleccionaron y aquí acabé».

Su aventura, que comenzó en diciembre de 2014, termina en septiembre. En total, diez meses trabajando en el área de desarrollo empresarial, apoyo a las Pymes y al desarrollo económico local. La decisión de buscarse un futuro fuera fue el resultado de la falta de alternativas en España y del «gusanillo» por trabajar y vivir en el extranjero, una aspiración que siempre había albergado desde que estuvo en Ámsterdam con una beca de Erasmus.

Cuando uno escucha Costa Rica, se imagina el Caribe, el sol y la sombrilla. «Pero aterricé y hacía mucho viento, diluviaba, había un atasco de coches importante, la ciudad parecía insegura», recuerda Guillermo. Llegó al final de la época lluviosa. No obstante, pasado ese susto inicial, Guillermo reconoce que San José es acogedora y Costa Rica, un buen país para vivir. «La naturaleza es increíble y la gente es muy amable».

Como la mayoría de jóvenes que viven fuera de casa, confiesa que lo que más echa de menos es a la familia y los amigos. Para el futuro, no descarta buscar un empleo fuera, aunque reconoce que en pocos sitios va a encontrar la calidad de vida de San Sebastián. «Si en mi ciudad natal no sale algo interesante, habrá que volver a emigrar a alguna parte, a por otra aventura», asegura Guillermo. «Las empresas nacionales valoran a la gente que se embarca en una aventura así, y eso aumenta tu empleabilidad».

Amaia Iñiguez de Nanclares: «Mi inglés estaba oxidado»

A sus 25 años, después de licenciarse en Psicología por la Universidad de Deusto en 2012 y de sacar adelante un máster en Terapia Familiar y Pareja en Madrid, la vitoriana Miren Amaia Iñiguez de Nanclares está altamente formada y preparada para incorporarse a la actividad laboral. Sin embargo, el envío de más de una veintena de currículums sin mucho resultado obligaron a la joven a marcharse al extranjero.

Aconsejada por su hermano, agarró sus maletas y puso rumbo a Kensington, una zona residencial en la periferia de Liverpool. «Necesitaba un periodo en el que poder reflexionar acerca de cómo quería orientar mi carrera profesional y así perfeccionar el inglés que tenía medio oxidado», comenta Amaia. Durante su estancia, que comenzó en octubre de 2013 y finalizó en junio de 2014, trabajó de camarera en un restaurante italiano. «Cuando me fui cerró el chiringuito. ¿Por qué será?», se pregunta entre risas la joven vitoriana.

Amaia no tardó en encontrar un empleo. Sin embargo, reconoce que si se hubiera puesto a buscar algo relacionado con sus estudios hubiese «tirado la toalla antes». Asegura que «muchos de los trabajos que la gente acepta en el extranjero no los escogería como alternativas en su ciudad natal». «No sé si en un futuro me veo trabajando o viviendo fuera. Si es lo que me pide el ‘guiso’, como decía una profesora mía, allí estaré», continúa la joven alavesa. Sus propósitos a corto plazo empiezan en Vitoria donde pretende ejercer como psicóloga y terapeuta. Sabe que encontrar un trabajo que merezca la pena está complicado, pero se muestra optimista.

Álvaro Innerarity: «Mi futuro está en EE UU»

Álvaro Innerarity García tiene 23 años, y una vez terminada la carrera de Administración y Dirección de Empresas en la Universidad de Navarra dejó Bilbao para probar suerte y continuar formándose en Estados Unidos. No dudó. Se trasladó a Nueva York, referente para los profesionales de las finanzas, tras firmar un contrato por 12 semanas con Global Banking&Markets con el fin de conocer el funcionamiento del sistema bancario americano.

«Como fan de la cultura y la sociedad americana no podía contemplar mejor opción», confiesa Álvaro. Fue esta su primera toma de contacto con el mercado laboral. Su función principalmente era la de colaborar con el equipo de Global Banking&Markets en transacciones y en el desarrollo de planes estratégicos. Ambicioso, atrevido y sin complejos, considera que las empresas extranjeras pueden ofrecer un valor diferencial respecto a las españolas. «España debería abrirse a recibir ideas frescas de recién graduados y motivarlos para que crezcan tanto ellos como la corporación en su conjunto», dice.

Álvaro recuerda con humor su primer día de trabajo. Tenía tantas ganas de empezar que se presentó un día antes en las oficinas. Estuvo reunido con sus supervisores y, tras comentarle el contenido del programa, se fue a un despacho a trabajar. «Estuve todo el día». El lunes quiso llegar algo antes que los demás para poder dar una buena impresión a sus compañeros. Cuando empezaron a llegar, uno de ellos fue al despacho en el que él estaba y le dijo: «¡No sabía que me habían sustituido por un nuevo ‘countryhead’!». «Me había metido en el despacho del jefe de los Estados Unidos para mi división. Una pequeña muestra de mi ambición», comenta el joven bilbaíno entre risas.

La estancia norteamericana fue «increíble». Por ello, aunque en principio «quiera ganar más experiencia en España», Álvaro siempre ha tenido en mente que en el momento que aparezca una oportunidad para emigrar, la cogerá sin dudarlo.

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