Pesimismo

La Vanguardia, , 23-08-2015

Sólo con leer las noticias del año 2015 me siento avergonzado de nuestra especie. He visto reportajes, documentales y películas que nos han mostrado la barbaridad que se llevó a cabo en distintos campos de concentración y exterminio en la Alemania nazi. Yo tenía cinco años y, por fortuna, vivía en Barcelona. Hoy me siento impotente y avergonzado al ver que aquellas noticias de la Segunda Guerra Mundial, en especial por lo que atañe a los niños, para ellos es muy semejante.

A la sonrisa inocente del niño de La vida es bella y la foto de un niño sonriendo al llegar a Grecia (“Explosión de refugiados”, Internacional, 19/VIII/2015), les separan 70 años. A la vez, vemos cómo en Hungría pretenden ­crear un muro para evitar la entrada de más emigrantes (“Hungría ultima el muro y envía unidades especiales a su frontera”, Internacional, 19/VIII/2015). Es tan lamentable como ver hoy a niños subidos en un tren llorando porque no pueden respirar, en busca de un nuevo futuro.

El destino de estos inocentes niños no es otro que el sufrimiento, el hambre o la muerte. Entretanto, podemos pensar y hablar de vacaciones, de fútbol y demás, mientras los políticos de este mundo cruel critican el aborto pero las muertes de los niños emigrantes lo consideramos un mal inevitable. Así nuestras conciencias están más tranquilas.

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