La llegada de indocumentados pone a prueba a las instituciones

El País, , 11-08-2015

Ante la descoordinación y la falta de medios, la avalancha de inmigrantes de los últimos meses ha desbordado a las instituciones griegas que ven a decenas de miles de inmigrantes transitar por sus calles. A pesar de la austeridad que asola a los griegos desde hace años, las redes de voluntarios se han convertido en clave para la acogida de las personas en situación irregular que llegan. Convierten lugares públicos abandonados, como un camping en la isla de Lesbos, un hotel en la de Kos o un parque en Atenas, en dormitorios transitorios. Cincuenta vecinos del barrio de Exarcheia proveen asistencia médica, agua y alimentos —incluso juegos para los niños— a los más de 400 afganos que acampan en el parque Pedion Tou Areos de Atenas. “Al llegar a las islas, los afganos obtienen un documento que les proporciona hasta 30 días para abandonar el país sin ser repatriados. Los sirios tendrán seis meses”, explica Balbis, un voluntario griego. “Es nuestra obligación como seres humanos ayudarles. Puede que en dos meses estemos igual que ellos”, se lamenta el hombre.
Balsas de plástico
Los cuatro jóvenes abandonaron Damasco por tierra para subirse a un barco en las costas libanesas y llegar a Esmirna. En esta localidad costera turca convergen las rutas de afganos y sirios. “En la plaza de Basma están los pasadores ilegales. Son una mafia que cobran unos 1.000 euros el pasaje en balsa de plástico, es alrededor de una hora de trayecto hasta la isla más cercana”, explica Fayad. De allí, se dirigen a Atenas en ferri.
Ante los raíles de la estación central comienza la segunda fase del periplo de los indocumentados. Billete en mano, la familia Hadil, originaria de Deir Zor, hoy uno de los bastiones del Estado Islámico (EI), sonríe. Por delante les queda atravesar Macedonia, Serbia y Hungría —de hecho, Hungría ultima la construcción de un muro en la frontera con Serbia para impedir estas llegadas— o Austria. Muchos tratan de alcanzar Alemania, país que ven como la nueva tierra prometida. “El camino no será fácil, pero cualquier cosa será mejor que morir bajo las bombas o exponerte a que EI te corte el cuello”, remarca Ramia, la benjamina del grupo.

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