Lecciones de Ferguson, un año después

Las muertes de negros en EE UU elevan el control sobre la policía

El País, , 10-08-2015

La muerte, hace un año, de un joven afroamericano desarmado en Ferguson (Misuri) por disparos de un agente blanco que fue absuelto, propició una ola de disturbios en Estados Unidos. Un año después, el caso de Michael Brown sigue impulsando un debate nacional sobre las prácticas policiales y el trato racista a la comunidad negra. Los policías se quejan de estar sometidos a un excesivo control, mientras los datos revelan que los afroamericanos siguen muriendo a manos de las fuerzas de seguridad en mucha mayor proporción que los blancos. Los vídeos ciudadanos han sido clave para documentar posibles abusos y también han encendido las protestas.

En el vestíbulo de la sede del sindicato CPPA de la Policía de Cleveland (Ohio), cuelga un cartel que reza: Las vidas azules importan. Es la respuesta al emblema Las vidas negras importan, el epítome de las protestas contra la recurrente muerte en Estados Unidos de personas negras desarmadas a manos de la policía. La muerte, ayer hace un año, de Michael Brown, un joven afroamericano en Ferguson (Misuri) por disparos de un agente blanco propició una ola de disturbios y un debate nacional sobre las prácticas policiales y el trato a la comunidad negra. Ayer, varios cientos de personas participaron en una marcha silenciosa en Ferguson para recordar a Brown y protestar contra la brutalidad policial.

Doce meses después de la muerte del adolescente, el debate se ha afianzado. Cada vez que ha trascendido un caso parecido, ha crecido el escrutinio a la policía y se han desatado protestas. Sucedió en noviembre en Cleveland tras la muerte de Tamir Rice, negro de apenas 12 años, por disparos de un agente que se sintió amenazado al creer que era real la pistola de juguete que llevaba. Un jurado debe decidir ahora si lo imputa. La mejor prueba es una borrosa grabación de una cámara de seguridad. El policía que mató al joven de Ferguson fue absuelto.
Otros episodios similares en el último año difícilmente hubieran adquirido notoriedad o se hubieran aclarado sin la difusión de vídeos grabados por transeúntes con sus teléfonos móviles. Ferguson ha tenido una cascada de consecuencias: una investigación federal ha revelado un patrón racista en la policía local, más cuerpos han colocado cámaras en los uniformes de sus agentes, el FBI ha asegurado que muchos policías tienen prejuicios raciales, y la Casa Blanca ha lanzado un plan de mejora de las prácticas policiales. Pero las causas de fondo son complejas y han aflorado un examen de conciencia. ¿Es la policía demasiado agresiva? ¿Actúa igual ante un blanco, negro o latino?
En los primeros cinco meses de 2015, la policía mató a 385 personas en EE UU, más de dos al día, según un recuento de The Washington Post. Las víctimas negras triplican a las blancas. En un año, mueren en Alemania por disparos policiales ocho personas, y en Reino Unido y Japón ninguna, según The Economist. Mientras, unos 50 policías fallecieron el año pasado por disparos en EE UU.
El cartel en el sindicato de Cleveland refleja la polarización de este debate. “Siempre hay espacio para la mejora, pero creo que el escrutinio es intenso e injusto”, dice Stephen Loomis, el presidente de CPPA. Loomis —22 años como policía y que representa a 12.500 agentes— niega que exista un problema racial ni de agresividad, y atribuye el efecto de Ferguson a un desapego social, a que la policía es un blanco fácil y a una campaña de desprestigio del Gobierno federal.
El papel de la justicia
Lo que más parece molestarle es que se cuestione la esencia policial: el riesgo de ser atacado, la potestad de defenderse o la importancia de seguir las órdenes de los agentes. Pero dice sentirse reconfortado por el papel de la Justicia, como la exoneración del agente de Ferguson por defensa propia, y confía en que sean condenados aquellos policías que abran fuego sin justificación.
Loomis, que es blanco, considera “idealista” pensar que restringir el acceso a las armas (hay unas 270 millones de uso privado en un país de 321 millones de habitantes) reduciría muertes. Y sostiene que el “mayor problema” es la ausencia de comunicación entre policía y comunidad.

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