Último tren a Europa
Miles de refugiados intentan cruzar a Hungría desde los Balcanes antes de que levante su muro
El Mundo, , 10-08-2015«Las bombas no son el problema, el verdadero problema es la falta de libertad», enfatiza Abderramán, un joven sirio de 24 años que hasta hace tres estudiaba ingeniería mecánica en la universidad de Alepo. La guerra no sólo le arrebató a su hermano, sino también un futuro que ahora ve incierto, aunque no imposible: «Quiero llegar a Alemania para volver a estudiar. Estoy muy cansado y ni siquiera sé dónde estaré mañana, pero espero volver a tener pronto la vida que solía tener».
Después de una semana de periplo desde Siria, descansa ya en un banco junto a la estación de tren de la capital serbia, que se ha convertido en uno de los improvisados campos de refugiados al aire libre repartidos por el país.
En los primeros seis meses de 2015, el número de peticiones de asilo en Serbia, en su mayoría de refugiados procedentes de Siria, pero también de Afganistán, Irak y Somalia, alcanzó las 37.391 personas, cifra que a día de hoy ya es superior a 62.000. Si a ello se sumasen los miles de refugiados que atraviesan el país sin inscribirse como asilados, la cifra se multiplicaría. Todos ellos tienen un objetivo común, alcanzar la frontera de Hungría antes de que este país, una de las puertas de la Unión Europea en la región, termine, el 31 de agosto, la valla fronteriza que pronto impedirá el cruce ilegal a su territorio.
Majeed Bejjo lo tiene claro: «Tengo que cruzar a Hungría lo antes posible». Tiene 22 años y viaja desde Siria con sus tíos y su sobrina de tres años. Hace dos días que llegaron a Belgrado y ya están preparados para partir hacia la frontera. El rumor de la construcción de la valla ha llegado ya a Turquía, donde la mayoría de refugiados emprenden su viaje a Europa a través de lanchas motoras gestionadas por mafias. «Nos han dicho que si la policía húngara nos ve, nos tomarán las huellas y ya no podremos llegar a Europa», señala Majeed.
Hungría se ha convertido en uno de los países con mayor auge de xenofobia de la Unión Europea. Su propio Gobierno se ha posicionado al respecto con una campaña antiinmigración que incluye la instalación de carteles propagandísticos de rechazo.
No obstante, los refugiados no quieren quedarse en Hungría, pero es territorio Schengen, su puerta hacia el norte de Europa. Los Balcanes son un lugar de paso cuya economía no les permitiría crear un futuro. Se suben a este último tren a la libertad y avanzan desde Turquía a Grecia por los Balcanes y de allí a Hungría. En su mayoría su destino soñado es Alemania, Suecia o Reino Unido. Es el caso de Fetim Shuab, un joven somalí de 17 años que consiguió escapar de Al Shabab después de que el grupo terrorista se llevase como soldados a varios de sus compañeros de instituto. «Vivir en Somalia era esperar la muerte. Si no estás con Al Shabab, Al Shabab te mata. Si no estás con el Gobierno, el Gobierno te mata. Tengo un amigo en Suecia y quiero reunirme con él para poder empezar allí una vida en paz».
«La mayoría de los solicitantes de asilo se quedan una media de seis días en Serbia, después corren por alcanzar la frontera», asegura Ivan Miskovic, del Comisariado para Refugiados de Serbia. Esta institución tomó en 2008 el relevo de ACNUR, quien tuvo un papel muy importante en la gestión de desplazados en los 90 a raíz de las guerras de los Balcanes.
Ahora el país camina hacia una nueva crisis humanitaria. Cuando la frontera con Hungría se colapse y el flujo de inmigrantes que caminan por territorio serbio se frene, esas miles de personas que ahora entran en el país se quedarán varadas, o tendrán que buscar vías alternativas para continuar con su camino hacia la libertad.
Serbia cuenta actualmente con cinco campos de asilo, que en total suman 810 camas, una cifra inferior al número de refugiados que entran diariamente en Serbia: entre 800 y un millar.
El Gobierno serbio conoce sus limitaciones. Hace dos años el país vivió una primera crisis ante el aumento del número de refugiados: «En aquel momento era mayor el número de solicitantes de asilo que se quedaba en nuestros centros, pero también el tiempo que permanecían en ellos. Ahora estamos mejor preparados», señala Ivan Miskovic.
El ministro de Asuntos Sociales de Serbia, Aleksandar Vulin, explicaba recientemente que «el Estado gasta diariamente alrededor de 15.000 euros en la recepción de miles de migrantes, y esa cantidad está aumentando sin cesar, por lo que el país necesita asistencia de la comunidad internacional».
Este tipo de mensajes comienzan a preocupar a la sociedad serbia. Crece también el miedo a que entre los refugiados pueda haber terroristas camuflados, una tesis que se transmite desde algunos sectores políticos del país y que puede alimentar en los próximos meses el aumento de actos xenófobos. El pasado año, la ciudad de Mladenovac fue ya testigo de una protesta xenófoba de impacto nacional.
No obstante, desde instituciones como ACNUR felicitan la reacción que está teniendo hasta ahora la sociedad: «En términos generales se está respondiendo con cautela y compromiso. Por ahora, no se puede considerar un notable aumento de la xenofobia».
Mientras tanto la vida sigue en esas improvisadas aldeas de paso. Hombres, mujeres, ancianos, niños, familias completas e incompletas o migrantes solitarios, descansan bajo los árboles del parque junto a la estación de Belgrado esperando el momento de partir con destino a un mundo mejor.
La mañana después de su partida, el banco de Abderramán ya estaba ocupado por otra familia de migrantes. Queda en la memoria la frase que pronunció antes de la despedida: «Quienes venimos a Europa no queremos que nos teman, sólo queremos vivir en paz. Tenemos un sueño de futuro, y trabajaremos duro para hacerlo realidad».
BALCANES. Migrantes y refugiados de África, Asia y Oriente Medio toman cada vez más la ruta de los Balcanes para entrar en la Unión Europea, una épica y peligrosa travesía de 250 kilómetros.
GRECIA. El viaje se emprende desde el país heleno, tras llegar allí pagando a las mafias que cruzan la frontera con Turquía.
MACEDONIA. Los migrantes atraviesan este país hasta llegar a Serbia y de ahí pasan a Hungría, territorio Schengen.
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