Historia familiar con final feliz (por ahora)

Una joven camerunesa cuenta su travesía por mar

El Mundo, REBECA ORTIGÜELA RABAT ESPECIAL PARA EL MUNDO, 05-08-2015

«Más de 1.800 personas rescatadas y 13 cadáveres encontrados en el mar», anunciaban los titulares en la sección internacional de los periódicos del 29 de julio. En ese momento Arlene, camerunesa de 27 años y residente en Orlando (EEUU), no sabía si reír o llorar. Sentía las ganas de comunicar a su familia que su prima estaba a salvo, había más probabilidades pero… «¿Y si era una de las 13 personas que habían encontrado muertas en ese cementerio en el que se ha convertido el Mediterráneo?».

Hacía más de un mes que Arlene no sentía otra cosa que preocupación. No tenía noticas de su prima y compañera de infancia en Camerún, Line Christelle, de 28, desde que recibió un mensaje de Facebook que le felicitaba por su cumpleaños el 23 de junio desde Túnez, el país en el que vivía desde hace más de un año. «Había emigrado allí para poder estudiar y tener una mejor vida», cuenta Arlene, desde EEUU a EL MUNDO. «Le contesté, pero nunca más tuve respuesta. En su momento no le di importancia, pero pasaron los días, intenté contactar con ella en su teléfono tunecino y siempre estaba apagado. A partir de ese momento, empezó el calvario de la preocupación». Hasta que leyó la noticia que mantuvo con vida el hilo de esperanza al que la familia se había agarrado. «1.810 personas rescatadas», se repetían una y otra vez.

Y afortunadamente, así era. El viaje de Christelle había tenido un final feliz, raramente alcanzado. El martes, varias personas escribieron a Arlene para decirle que habían visto a su prima en Italia. Un día después, la joven migrante llamó a la familia desde un centro de detención de extranjeros en Stroncone, Italia. La familia aún no se lo puede creer. «Sabíamos que le gustaría ir a Europa, pero desconocíamos sus planes de viajar desde Túnez a Libia para cruzar a Italia por el mar. Todavía no me puedo creer que haya hecho esa locura», sigue contando su prima.

Este periódico pudo hablar con ella una vez rescatada y llevada al centro italiano. El viaje por el mar desde Libia había acabado. Estaba llorando. De felicidad y de cansancio. La ruta ilegal por el mar hacía sus sueños había sido dura, pero es consciente de que aún le queda camino por recorrer. Sabe que enfrentarse a Eldorado europeo no va a ser fácil. Hoy tiene una cita con la policía que podría acabar deportándola a su país. «Tengo que conseguir que me dejen quedarme aquí, encontrar un trabajo y un sitio para vivir. El viaje ha sido muy duro como para volver», expresa con emoción. Su prima, esa cómplice de juegos y secretos en las calles de West Tribe, en el Camerún que las vio crecer, sigue cuidándola desde la distancia. «Necesito encontrar a alguien que le ayude en Italia. Quiero que le den papeles, pero no sé cómo. Camerún no está en situación de guerra y eso dificulta las cosas».

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