malnutrición en el mundo
Rompiendo el círculo de la pobreza
La malnutrición condena a quienes la padecen a un círculo vicioso de pobreza, enfermedad y más hambre. Helen Keller International trabaja en programas que cada año llegan a 100 millones de personas en 21 países de Asia y África
Deia, , 02-08-2015LA buena nutrición es esencial! Esencial para el cerebro, para la educación, para acceder al desarrollo económico”, enfatiza Kathy Spahn, presidenta de la Keller International (HKI), Organización No Gubernamental, que coincidiendo este año con el centenario de su existencia, acaba de ser galardonada con el Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento en Cooperación al Desarrollo, por combatir la malnutrición por medio de programas que llegan cada que llegan cada año a más de cien millones de personas de 21 países de Asia y África.
Tres de cada cuatro personas de los países en desarrollo habitan en zonas rurales y en su inmensa mayoría se alimentan de lo que cultivan. Exclusivamente de sus productos. “Demasiado a menudo eso no es suficiente para una vida sana”, explica Spahn. Según Naciones Unidas, la malnutrición – definida como dieta que no aporta los nutrientes adecuados – es la principal causa de enfermedad en todo el mundo.
La malnutrición afecta a 2.000 millones de personas en el mundo, y cada año causa la muerte de 6,6 millones de niños menores de cinco años. Además, condena a quienes la padecen a un círculo vicioso de pobreza, enfermedad y hambre. El programa de Producción Familiar de Alimentos de la HKI forma a las comunidades locales con dificultades de acceso al mercado laboral y de alimentos en técnicas de cultivo avanzadas y respetuosas con el medio, que conservan el suelo y las reservas de agua al tiempo que aumentan la producción y permiten obtener cosechas todo el año a base de aumentar el número de especies y rotarlas.
Estas técnicas incluyen gestión integrada de plagas, compostaje, rotación de cultivos y abono. Introduce además una selección más variada de frutas y verduras, en particular de especies ricas en micronutrientes esenciales como la vitamina A y el hierro, garantizando su disponibilidad en la dieta durante todo el año. A ello se añade la cría de aves de corral y animales pequeños de granja.
atrofia por malnutrición En todo el mundo, uno de cada cuatro niños y niñas menores de cinco años padece atrofia por malnutrición. La falta de hierro provoca letargo, cansancio crónico y problemas de desarrollo cognitivo en la mitad de los bebés de entre 6 y 24 meses en países en vías de desarrollo. La falta de vitamina A debilita las defensas y aumenta en más de un 20% el riesgo de morir por malaria, diarrea o sarampión, a la vez que es la principal causa de ceguera infantil. “Nuestra organización quiere cambiar esa realidad llegando a los más vulnerables, a los más desfavorecidos, a los más difíciles de alcanzar”, subraya Spahn.
Helen Keller nació en 1880 en Alabama. A la edad de 19 meses quedó sorda y ciega por una enfermedad. Con siete años fue puesta bajo la tutela de Anne Sullivan, quien le enseñó a leer, escribir y comunicarse. En 1904 se graduó cum laude en el Radcliffe College de Massachusetts y se convirtió en la primera persona sordo – ciega en obtener un título universitario.
En 1915 Hellen se unió al empresario George Kessler, que había sobrevivido al hundimiento del Lusitania cuando fue torpedeado por un submarino alemán, para crear una institución de ayuda a los soldados que habían quedado ciegos en la I Guerra Mundial por efecto del gas mostaza.
Al recoger su premio Kathy Spahn explicó con emoción la trayectoria de HKI: “En los años 50 pasamos de tratar a gente ciega a intentar prevenir la ceguera, y eso hizo que nos involucráramos en la deficiencia de vitamina A, la principal causa evitable de sesenta colaboramos en el estudio de la Facultad de Salud Pública Johns Hopkins, que demostró que la deficiencia de vitamina A está vinculada también a la mortalidad infantil, y eso nos orientó aún más a los suplementos vitamínicos. Pero queríamos un enfoque más completo”. Así en 1990 vio la luz en Bangladesh su programa de Producción Familiar de Alimentos y el enriquecimiento de alimentos con vitaminas y minerales a escala industrial.
La organización estadounidense es pionera en la distribución eficaz de estos suplementos y su trabajo con agentes locales ha hecho posible que solo el año pasado 54 millones de niños africanos recibieran los suplementos de vitamina A que evitan la ceguera. En la actualidad la entidad mantiene activos 180 programas en 21 países, de los que se benefician alrededor de 100 millones de personas.
Actualmente HKI emplea a 800 trabajadores, en su gran mayoría naturales de los veintiún países en los que opera la organización. En 2012, solo en Bangladesh – donde arrancó el primer programa piloto de Producción Familiar de Alimentos en 1990 – esta iniciativa alcanzaba ya a 900.000 hogares y 4,5 millones de personas. Hoy se extiende a Camboya, Indonesia, Nepal y Vietnamy a cinco países africanos: Burkina Faso, Costa de Marfil, Mozambique, Senegal y Tanzania.
dirigido a las mujeres El Programa está dirigido a mujeres de comunidades sin acceso al mercado laboral y alimentario con el fin de formarlas en técnicas agrícolas avanzadas y respetuosas con el medioambiente, técnicas que generan cosechas más abundantes todo el año, y de especies escogidas por su riqueza en micronutrientes. Los huertos se completan con la cría de aves de corral, animales pequeños y, si es posible, pescado. Durante tres años HKI suministra semillas y otros recursos que después generarán los propios cultivos. El programa siempre se realiza en colaboración con las entidades locales. El trabajo de campo se basa “en escuchar a la gente, en realizarlo con equipos locales, no que llegue una organización internacional a decirles lo que tienen que hacer”, explica la presidenta de la organización.
Un caso conocido de la adaptación de los programas a las necesidades y cultura local sucedió en una comunidad de Nepal, donde tras constatarse el funcionamiento de los mismos, se pudo alimentar a los niños con huevo, algo no habitual entre los habitantes de la zona. “Lo que HKI hace es trabajar con la gente local, las organizaciones locales sobre temas que son propios”, aseveró Kathy Saphn.
El principal objetivo es mejorar la nutrición desde la concepción hasta que el niño/a cumple los dos años, la ventana de los mil días, y por eso incluye educación nutricional en aspectos como la alimentación durante la gestación o la lactancia materna.
La evaluación de la Helen Keller International en los cuatro países asiáticos donde el programa lleva más tiempo muestra que los hogares que lo han adoptado cultivan, de media, 45 variedades, frente a las diez de los huertos tradicionales; y en ellos se han reducido significativamente los casos de anemia y de ceguera infantil. El programa incentiva a las familias al mejorar su situación no solo nutricional sino también económica.
Otra de las claves del proyecto de HKI es que involucra a las comunidades locales en su planificación e implementación, impulsa el empoderamiento de la mujer y la reducción de las desigualdades. “Nos dirigimos a las mujeres porque son ellas las que cuando tienen recursos sacan a la familia de la pobreza”, reconoce la presidenta de HKI, al tiempo que hace especial hincapié al señalar que no se ignora a los hombres. “En uno de nuestros programas en Bangladesh les invitamos a las lecciones de cocina y a participar de forma activa en la educación, y como resultado de su incorporación comenzaron a ayudar a las mujeres en los cultivos”, relato.
La unión hace la fuerza La presidenta de HKI repasa una de las muchas experiencias especialmente satisfactorias. “Fuimos a visitar uno de los huertos en el sur de Nepal. Lo habíamos iniciado hacía 10 años y ya no lo gestionábamos nosotros. Ahí estaba esa pequeña casita con lo que había sido un pequeño huerto que era enorme, lleno de magníficas hortalizas y todo tipo de verduras. Fue emocionante: la matriarca de la familia tenía 101 años de edad y estaba ahí, mirándonos todo… Fue precioso. El proyecto caminaba ya solo”, recordó.
Kathy Spahn resalta cómo el lema de su fundadora – “Solos podemos hacer tan poco; juntos podemos hacer tanto” – les permitió el año pasado facilitar alimentos básicos reforzados con micronutrientes a 290 millones de personas en África; y que más de un millón de familias en el continente negro y Asia estén cultivando y comiendo alimentos más nutritivos “gracias a nuestro programa de Producción Familiar de Alimentos”.
Spahn es consciente de que el Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento les ofrece una gran visibilidad, “que es uno de los objetivos que nos habíamos propuesto”.
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