Jon Arozamena Bilbaino que vive en Boise

"Los lazos entre Euskadi y Idaho son culturales y ha llegado el momento de entablar vínculos comerciales"

Hace 35 años Jon Arozamena emigró a Boise de la mano de Miren. Como su historia, cree que ahora es el momento de que Bizkaia y Idaho profundicen su relación

Deia, Una entrevista de Ana Ocariz, 02-08-2015

Boise – En Boise las historias buscan historias. Dianne Pierce, presidenta de la empresa Enlaso, busca una pareja para su historia. O la de su amama, octogenaria de Ondarroa que emigró a Idaho y desde entonces, décadas ya, no ha podido hablar con ningún ondarrutarra en euskera. Busca Dianne pareja de baile para el euskera de su amama sin éxito en la sala del piso 17 de la Cámara de Comercio de Boise, rastrea con la mirada y encuentra lo que busca, otra mundakarra en la sala. Es Miren, la mujer que hizo que hace 35 años Jon Arozamena dejase Bilbao y se trasladase a Boise. Se conocieron en Mundaka. Jon tenía 21 años y Miren, que estaba estudiando en Bizkaia antes de regresar a la capital de Idaho, su hogar, conectaron. Era mayo de 1981. Como su historia, Arozamena cree que ahora es el momento de que se encuentren Idaho y Bizkaia en algo que vaya más allá del sentimiento y la cultura, en la relación comercial.

Llegó a Boise hace 35 años, ¿no le costó adaptarse?

- Miren tenía amigos, no solo vascos, sino también americanos y me fue fácil integrarme. Me gustó la ciudad, la forma de vida y la gente. Fui a la universidad, aprendí inglés y en un año Miren y yo nos casamos, mi inglés mejoró mucho y encontré un trabajo en la banca de la que ahora me acabo de jubilar.

No conocía Boise cuando llegó ni la historia de los vascos emigrantes que se instalaron en Idaho, ¿qué le contaron?

- Miren me contó que su aita había venido aquí de pastor en los años 50. Esa es la historia de los vascos en Boise, es una comunidad que viene del pastoreo y está muy vinculada a su cultura. Miren era dantzari, bailaba en un grupo de danzas de Boise y cuando llegamos una de las primeras cosas que me dijo fue que tenía que bailar con ellos.

La historia de los vascos en Boise, como todas las historias de emigrantes, tiene también mucho de nostalgia y de sufrimiento. Varias generaciones después, ¿se percibe aún?

- Sí. Incluso yo lo sufro, aunque he pasado más años aquí que en Euskadi. En mi caso, mi adaptación fue muy rápida. Me americanicé casi al cien por cien, pero de vez en cuando, no solo durante el Jaialdi, al juntarme con gente vasca, me emociono. Es algo que no puedes controlar. Tus raíces no van a desaparecer, aunque lleves aquí cien años. El ver espectáculos como este, eventos como el Jaialdi, estar en contacto de nuevo con gente que venís de Euskadi, que habláis euskera…

El vínculo cultural y emocional entre Boise y Idaho y, Euskadi es inmenso, pero esa relación no se ha extendido a otros aspectos como el comercial. ¿Existe un porqué?

- Definitivamente es así pero no sé la razón. Los lazos entre Euskadi y Idaho son culturales y emocionales. Danza, comida, bebida, jaiak… No está mal, pero creo que ahora ha llegado el momento de establecer unos vínculos más comerciales. Hablo de negocios, de negocios industriales. ¿Qué tiene Idaho de lo que Euskadi se pueda beneficiar y qué tiene Euskadi de lo que Idaho se pueda beneficiar? Creo que es hora de empezar a trabajar seriamente en eso.

Precisamente usted colaboró con el vicegobernador en ese sentido no hace mucho.

- Fui parte de un comité que se formó a raíz del acuerdo que se firmó hace unos años, en 2012, entre Idaho y Euskadi. Tuvimos reuniones e identificamos los sectores en los que podíamos compartir un interés mutuo, pero la cuestión se enfrió. Lo que he oído hoy me da un poco más de esperanza de que las cosas van a ser diferentes, de que nos lo estamos tomando en serio y vamos a avanzar en esta relación comercial. Entonces nos faltó ejecutar, bajar a la tierra todo lo que habíamos imaginado y pensado en un papel.

El propósito de Unai Rementeria es, precisamente ese, ¿supone algo especial su visita en la comunidad vasca de Boise, donde la mayor parte es de origen vizcaino?

- Su visita es muy importante. He disfrutado escuchándole. Es algo que emociona, te toca el corazón, pero también la razón.

¿La razón? ¿A qué se refiere?

- A que he escuchado de boca de Rementeria cosas de Bizkaia que no sabía. Datos económicos, como su nivel profesional. Que el ratio de titulados en ingeniería sea el más alto de Europa es sorprendente y fantástico. O la posición de la economía y la industria vizcaina en Europa, su potencial tecnológico. Me ha gustado escuchar cosas sobre el posicionamiento del territorio en innovación y sectores como el de la energía, la automoción y la aeronáutica.

¿Refuerza eso su idea de que puede ser un buen momento para avanzar en esas relaciones comerciales?

- Interés siempre ha habido, pero creo que ahora es el momento, es mejor porque entre 2008 y 2012 hemos tenido una crisis muy mala. Creo que en ese periodo hemos estado más concentrados en arreglar las cosas de casa que de mirar al mercado internacional. Eso ya ha pasado y ahora parece un momento mejor para sentarnos en la mesa y no solo oír y proponer ideas buenas, sino ejecutarlas, hacerlas realidad. Hablo de trabajar, de movernos, de intercambios, de que nuestras empresas vayan allí y las de Euskadi vengan aquí y empiecen una relación que sea beneficiosa para todos.

La distancia que separa a Idaho de Euskadi es un potenciador de la nostalgia y, en el caso de la relación económica entre ambos, ¿puede suponer un obstáculo?

- Tal vez. Es evidente que no es lo mismo mantener relaciones con un país o un estado cercano que con uno tan lejano. No sé, puede ser una barrera. Pero mira, en ese aspecto también puede ser interesante lo que ha dicho Rementeria sobre el Puerto de Bilbao y cómo ha presentado Bay of Biskay, como una puerta de entrada al mercado europeo. Eso sí puede ser interesante para empresas de Idaho.

¿Qué papel puede jugar la comunidad vasca de Boise en esa relación comercial?

- Los vascos son muy influyentes en cuestiones de política, industria y negocios.

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