DOUGLAS BRINKLEY «Nos falta liderazgo contra el odio racial»

HISTORIADOR Y SOCIÓLOGO ESTADOUNIDENSE

El Mundo, P. PARDO CHARLESTON (EEUU) ENVIADO ESPECIAL, 19-07-2015

Aunque empezó su carrera estudiando la Unión Europea, Douglas Brinkley se ha terminado convirtiendo en el historiador más popular de Estados Unidos. No sólo es el biógrafo oficial del escritor beat Jack Kerouak y del periodista y escritor Hunter Thomson, sino que ha trabajado con varias de las personalidades más influyentes de la política de EEUU en las últimas décadas, como Arthur Schlesinger, colaborador de John F. Kennedy; el arquitecto de la Guerra Fría, Paul Nitze; y el actual secretario de Estado, John Kerry, aunque su libro más influyente es The Great Deluge (La gran inundación), sobre la destrucción de Nueva Orleáns por el huracán Katrina. Esta entrevista tuvo lugar junto a la Iglesia de Emanuel, el día de su reapertura tras la matanza de nueve personas negras por un extremista blanco.

Pregunta.– Tras el ataque racista, le pregunté a un amigo afroamericano de Washington qué iba a pasar. Me contestó: «Nada. Los negros del sur no se echan a la calle». ¿Está usted de acuerdo?

Respuesta.– Sí. Recuerde que Martin Luther King era del sur, que hizo su campaña contra la discriminación racial en el sur, y que siempre se opuso a la violencia. Rosa Parks, la mujer que simboliza la lucha por los derechos de los negros por el boicot pacífico que lanzó contra los autobuses de Montgomery, en Alabama, era metodista episcopaliana [la iglesia a la que pertenece el templo atacado en Charlotte]. King era baptista del sur, y todo en su filosofía gira en torno a la figura de Jesucristo. Para él, usar la violencia era dejar al demonio tomar el control de su movimiento. Lo repitió el pastor [de la Iglesia Emmanuel] en el sermón que dio tras abrir la iglesia. Y, desde luego, no era una metáfora. Lo decía porque está convencido.

P.– ¿Es algo cultural?

R.– Sí. Las iglesias negras del sur llevan desde sus orígenes sobreviviendo a todo tipo de ataques. Y lo han hecho porque han sido capaces de preservar un mensaje de esperanza, de evitar el ‘ojo por ojo’. Si hubieran cambiado de actitud, habrían acabado desapareciendo.

P.– Este mes hace 150 años del final de la Guerra Civil, tras el que empezó lo que en Estados Unidos se llama la Reconstrucción, es decir, la reunificación del norte y del sur, y que parece que salió tan mal que ahora el país todavía sigue cargando con la losa de la tensión racial. A veces parece que el sur ganó la Guerra.

R.– Lincoln declaró que, tras la Guerra, su gestión se iba a dirigir sobre el principio de ‘sin malicia contra nadie’. Pero eso no funcionó. Poco después, el sur empezó a crear las leyes de Jim Crow [el conjunto de normas que condenaba a los negros a una existencia muy de segunda clase]. Ha sido una lucha muy larga, pero las cosas han cambiado mucho.

P.– Usted es del sur, de Atlanta, y nació en 1960. ¿Cómo ha sido ese cambio?

R.– Cuando yo era un niño, no había alcaldes negros en el sur; ahora, casi todas las grandes ciudades tienen alcaldes afroamericanos. Hace apenas dos décadas, había grupos de rock que salían al escenario con banderas confederadas; hoy eso es impensable. La discriminación es ilegal. Y, en una ciudad como Charleston, blancos y negros interactúan todos los días. Eso no pasaba hace 40 ó 50 años.

P.– Como historiador, ¿cómo ve lo que ha pasado en Charleston?

R.– Charleston ha hecho un trabajo increíble en las últimas décadas para afrontar el hecho de que esta ciudad fue un mercado de esclavos. Aquí los turistas vienen a aprender sobre la esclavitud y sobre la Guerra Civil de EEUU. Y yo creo que, con lo que ha pasado estos días, la ciudad va a salir fortalecida, porque la comunidad entera se ha unido para salir adelante.

P.– El atentado ha reabierto el debate sobre las armas de fuego.

R.– Obama ha dado más de 40 discursos en los que ha tratado estas matanzas, y ha hecho todo lo que ha podido para tratar de evitarlas, pero el Congreso nunca lo ha permitido. Hillary Clinton, que parece que va a ser la candidata demócrata, ha dicho que va a continuar la lucha para que haya un mayor control de las armas. De modo que creo que es probable que ésta sea una cuestión importante en las elecciones de 2016.

P.– Se ha abierto un debate sobre la bandera confederada, recién retirada del Congreso de la capital de Carolina del Sur, Columbia.

R.– Para un tercio de la población esa bandera es profundamente insultante, un símbolo de racismo tan grande como la bandera nazi. Pueden poner un monumento a los muertos de la guerra, pero la bandera es un imán para colgados, extremistas y racistas que la han hecho su símbolo. La bandera confederada pertenece a los museos.

P.– Ha sido necesaria una matanza de nueve inocentes para que se empiece a discutir eso.

R.– Los políticos han fallado. Incluso ahora, cuando hay un movimiento de oposición a esa bandera, la mayor parte de nuestros líderes sigue tocando la cuestión con cautela para no perder votos. La triste realidad es que en EEUU tenemos un déficit de liderazgo para combatir el racismo. Y las nuevas tecnologías están creando el caldo de cultivo para los extremistas.

Texto en la fuente original
(Puede haber caducado)