El milagro del pequeño Mohamed
El niño de 20 meses que cayó de un tercer piso en Beasain, regresa a casa totalmente restablecido
Diario Vasco, , 17-07-2015Abo Diop da gracias a Alá y a Mahoma. Dice que tiene motivos más que justificados para ello. Abo es el padre de Mohamed, el niño de veinte meses que el pasado mes de junio resultó herido tras caer desde la ventana de un tercer piso en Beasain. Hace unos días que el pequeño abandonó el Hospital Universitario Donostia y ya corretea por las calles de la localidad. De aquel suceso, al menor no le han quedado secuelas, a excepción de una herida que todavía resulta visible en la zona occipital de su cabeza. «Está totalmente recuperado. Ha sido un milagro que no le pasara nada más grave», reconoce el padre. El milagro de Mohamed.
Abo Diop nació hace 35 años en Senegal. Hace nueve que llegó a España. Su primer destino fue Santander, donde reside un hermano suyo. Y desde hace tres años vive en Beasain. Está casado con Ami, de su misma nacionalidad. Ambos son padres de dos hijos, Khadyja, una niña que el próximo agosto cumplirá cuatro años, y el pequeño Mohamed, que vino al mundo en el hospital Nuestra Señora de la Antigua, en Zumarraga.
Un coche amortiguó la caída del niñoAbo tiene en su memoria grabados los dramáticos momentos que vivió en las primeras horas del pasado 11 de junio, aquella mañana en la que Mohamed volvió a nacer. «Mi mujer se había levantado de la cama antes que yo para vestir a la niña, prepararle el desayuno y llevarle a la ikastola», relata.
Se precipitó desde una altura superior a diez metros y no sufrió ninguna fractura
El padre se quedó un rato más en la cama, dormido junto al pequeño Mohamed. «Mi esposa abrió la ventana del cuarto para que el aire fresco de la mañana entrara en casa. Lo hizo porque ella sufre de asma y los espacios cerrados le producen molestias respiratorias», señala.
Con todo ya dispuesto, la madre salió de casa con la hija. No habían dado aún las nueve de la mañana. «Fue a llevarla al Lizeo, donde estudia. La casa en la que entonces vivíamos, en la calle Nekolalde, estaba al lado del centro escolar. Al cabo de unos minutos, me levanté y me dirigí a la ducha. Dejé a Mohamed dormido en la cama», relata.
El padre asegura que apenas se demoró unos minutos en el baño. «Me duché rápidamente y, según parece, cuando estaba aseándome el niño se despertó, bajó de la cama y comenzó a ir de un lado a otro de la casa. Seguramente, estaría buscando a su madre o a mí, y como no vio a nadie, se dirigió a la sala en la que la ventana permanecía abierta. Allí, se subió al sofá, se asomó y cayó a la calle», explica el padre .
Nadie vio al niño precipitarse al vacío. «Cuando salí de la ducha, enseguida vi que Mohamed no estaba en la cama. Empecé a llamarle. No respondía y cuando me di cuenta de que la ventana estaba abierta, pensé lo peor. Me vino a la cabeza la idea de que podía haberse caído, pero no quería creerlo», explica.
Abo se asomó al exterior y sus ojos vieron lo que no querían ver. «Mi hijo estaba tumbado en la acera y no dejaba de llorar. Se me vino el mundo encima. Había caído del tercer piso, de una altura superior a diez metros. Cogí el teléfono y llamé al 112».
El padre bajó a la calle lo más rápido que pudo. «Un vecino que había escuchado el golpe también había llamado a la ambulancia. Llegaron muy pronto y atendieron a mi hijo. No dejaba de llorar. El miedo que yo tenía es que tuviera alguna lesión interna o una fractura grave en la cabeza».
La madre, en ‘shock’
Ami, la esposa y madre de Mohamed no imaginaba lo que se iba a encontrar a su regreso a casa. Cuando llegó, el personal de una ambulancia atendía ya a su pequeño. «Cuando supo lo que le había sucedido, sufrió un ‘shock’. Casi no podía respirar y le tuvieron que llevar al ambulatorio para ser atendida».
Los momentos que se vieron fueron dramáticos, reconocen todavía hoy algunos vecinos.
Finalmente, con el niño estabilizado, la ambulancia emprendió el camino rumbo al Hospital Donostia. «Yo iba dentro con mi hijo y los sanitarios. Mohamed seguía llorando y según pasaban los minutos, la angustia iba en aumento. En cuanto llegamos a San Sebastián, le cogieron los médicos y se lo llevaron. Me dijeron que no podía pasar y que tampoco me podían decir nada sobre su estado hasta que no le examinaran más detenidamente», recuerda Abo.
La espera fue como un «castigo». El padre ignoraba el alcance de las lesiones y, por momentos, no descartó siquiera que pudiera producirse un fatal desenlace. «Cuando al cabo de un rato salió el médico y me dijo que no tenía ninguna fractura y que tampoco tenía lesiones internas, no lo podía creer. Era como un milagro. Solo entonces respiré aliviado», afirma.
El pequeño Mohamed permaneció las primeras horas en la Unidad de Vigilancia Intensiva del Materno Infantil, pero enseguida pasó a planta. «Estuvo trece días ingresado y la evolución fue muy buena. La atención en el hospital ha sido excelente y estamos muy agradecidos a todos los que se han desvivido por nuestro hijo. Y también por nosotros. El próximo día 22 tenemos que regresar para una nueva consulta», señala el padre.
Abo Diop afirma que el niño no solo no presenta ninguna secuela física de la caída, a excepción de un pequeño chichón en la cabeza, «sino que tampoco le ha cambiado su carácter. Es un niño muy alegre y sobre todo muy inquieto. Igual que su hermana, que es supermovida. Tenemos que estar pendientes de los dos. Lo de la caída fue un accidente, porque siempre hemos tenido mucha precaución de que ninguno pudiera subirse a las ventanas».
Tras el suceso, la familia se ha mudado de vivienda. «Ahora residimos en un primer piso de la calle Mayor. Cuenta con más habitaciones y tenemos más espacio. La otra casa resultaba pequeña para los cuatro», explica Abo.
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