Mensaje de paz en el Ramadán
Una mezquita de Vitoria abre una de las celebraciones islámicas más importantes para trasladar un mensaje de convivencia L «El islam no es terrorismo. Las víctimas somos nosotros», defienden
El Mundo, , 13-07-2015Al caer los últimos rayos del sol,
que el sábado en Vitoria tampoco
fueron demasiados, mientras un
grupo de jóvenes disfrutaba de un
concierto de rock duro unas pocas
calles más allá, en una plaza del barrio
de Adurza un nutrido grupo de
musulmanes inconfundibles por su
vestimenta había organizado junto
a la pequeña mezquita Al Qods un
iftar muy especial , una cena de rotura
del ayuno propio de un día de
Ramadán a la que invitaron a los
vecinos como mano tendida a la
convivencia en unos tiempos convulsos
para el islam. Es la primera
vez que en el País Vasco una mezquita
hace algo semejante. «El islam
es una cultura de paz. Queremos
quitarnos nuestra imagen sucia y
mostrar la verdad del islam», proclamó
en la sobremesa, alto y claro,
uno de los líderes de la comunidad.
«El islam no es terrorismo. Es respeto
», apostilló otro hombre sin que
mediara la obligada pregunta por
los últimos acontecimientos que están
sacudiendo Occidente pero también
los países de mayoría musulmana,
que acumulan muchísimas
más víctimas en el nigérrimo contador
terrorista de Daesh (y Boko Haram).
«Las primeras víctimas de todo
esto somos nosotros», comentaría
después, siempre en perfecto
castellano, un feligrés de la mezquita,
encantado de hacer de guía del
templo para EL MUNDO y para todos
aquéllos que tuvieran interés.
El iftar es, salvando las distancias,
como una Nochebuena para
el catolicismo. Es una gran cena en
comunidad para celebrar al magrib
u ocaso el final del ayuno diario,
que se sigue de manera rigurosa
durante las horas de sol en este
mes de Ramadán, que terminará el
próximo viernes o sábado en función,
todavía no lo saben, «del calendario
de la Luna». Con dátiles
para arrancar, en Adurza sirvieron
a los invitados suculentos manjares,
como una sopa especiada
–«tiene tantos ingredientes que, si
te los digo, seguro que se me olvidan
muchos»– o canutillos con ternera
ligeramente picantes. No faltó
el té, servido en un gran recipiente
plateado, que sorprendió a
algunos paladares occidentales.
La cena se dispuso en dos mesas.
En una de ellas sólo había mujeres.
«Las nuestras son más tímidas. Prefieren
sentarse entre ellas», argumentaba
el guía cuestionado por el
posible sexismo. En la mesa principal,
reseñó, también hubo alguna
mujer acomodada. Las había, efectivamente,
aunque solamente las
invitadas occidentales.
El banquete se terminó con
sonrisas, buenos propósitos, un
homenaje al imam más veterano
de la ciudad y explicaciones sobre
las tradiciones islámicas. Un
hombre con larga túnica negra
apuntó que el color de la vestimenta
para este tipo de ocasiones
es optativo. Otro compañero, señalaba,
iba completamente de rojo,
incluida la taqiyah o gorro tradicional.
«Es por la bandera de
Marruecos», sonreía con orgullo.
«De alguna manera, esto es también
para agradecer y pedir perdón
a los vecinos. El Ramadán ha coincidido
este año con los días más
largos y la última oración es muy
tarde. Queremos disculparnos por
las molestias», reseñó otro joven a
los presentes, entre los que había
políticos de distintos partidos e incluso
la concejal vitoriana de Asuntos
Sociales, Nerea Melgosa.
En señal de respeto, todos los invitados
occidentales se despojaron
de su calzado en el templo. Las babuchas
orientales adquieren al entrar a una mezquita todo su sentido.
Es una lonja de pequeñas dimensiones
completamente alfombrada
y que tiene los justos ornamentos
para la liturgia. Preside la
sala una suerte de altar, aunque está
a ras de suelo, desde donde dirige
el rezo el imam. A la derecha,
una pequeña vitrina muestra lo que
parecen ejemplares del Corán y
otros textos religiosos.
Sin representaciones de Alá o del
profeta, el único icono en la sala es
una imagen de la Meca, la tierra
prometida de todo musulmán. «Si
trabajo y tengo buena salud, tengo
la obligación de visitar la Meca una
vez en mi vida», reseñó el guía a la
par que mostraba una serie de folletos
con viajes organizados a la ciudad
sagrada que van desde 1.400
euros en su versión low cost hasta
los 3.400 con el paquete más completo
y los mejores alojamientos.
Las autoridades han tenido constancia
de que algunas agencias o incluso
los propios imames han utilizado
la devoción para hacer negocio y
quedarse con una comisión, también
en el País Vasco. Para ellos, sin
embargo, es mucho más cómodo tenerlo
todo organizado que comprar
los billetes por cuenta propia.
Desde la mezquita también se
pueden contratar seguros funerarios,
expuestos también en el corcho.
«Aquí no tenemos un cementerio
musulmán. El traslado del cadáver
puede costar hasta 6.000 euros.
De esta manera, con unos 50 euros
toda la familia puede estar tranquila
», señaló el anfitrión.
En los corchos se expone también
el listado completo de miembros
de la comunidad islámica. Cada
uno aporta la cantidad económica
que puede para el pago del
alquiler de la lonja –485 euros
mensuales– y otros gastos. Con ese
dinero también se preparan los
platos tradicionales del Ramadán
en esta época del año.
Cada día de Ramadán, calculan
los responsables de la mezquita de
Adurza, unas 1.000 personas llenan
los templos de Vitoria. Algunos,
como el del nuevo barrio de
Zabalgana, ya se han quedado pequeños.
La comunidad prepara como
cada año una gran fiesta para
celebrar el final del mes sagrado.
«Lo que compartimos con vosotros
es mucho más de lo que nos separa
», redondeó uno de los presentes
antes de despedir a los invitados.
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