"Combatimos desigualdades que nos afectan a todos"
El presidente de la asociación Amassunu Hernando Bernal Zamudio considera que "en este momento, la ciencia y la tecnología no son ni equitativas ni democráticas. Y ambas deberían ser capaces de incluir a toda la sociedad"
El Correo, , 13-07-2015Llegó a Bilbao hace 16 años, atraído por su clima y por la biblioteca de Hegoa. Para un investigador como él, interesado en los modelos económicos respetuosos con el medio ambiente, el Instituto de Estudios sobre Desarrollo y Cooperación Internacional de la UPV era uno de los mejores lugares donde podía pasar las horas. “En esa época, yo residía en Andalucía; estaba haciendo allí un doctorado, y vine hasta aquí por esta biblioteca”, relata Hernando Bernal Zamudio. “Así que, sí, puede decirse que vine al País Vasco a leer… y que ya nunca quise marcharme”.
La oferta académica, el entorno y el clima tuvieron mucho que ver con esa decisión. “En principio, llegué a Córdoba con una beca Mutis de la Agencia Española de Cooperación Internacional. Pero el clima fue demasiado duro para mí. El ambiente era muy seco y caluroso; me costaba adaptarme”, cuenta. Un cambio brusco para él, que había pasado los cinco años anteriores en la selva del Amazonas. “Soy colombiano y mi vida profesional siempre estuvo ligada a la selva. Soy un amazónico adoptado”, dice con simpatía.
Al detalle
371.064
colombianos residen actualmente en España, 17.295 de ellos en el País Vasco.
“El ambiente húmedo de Bilbao y el paisaje de múltiples verdes me sedujeron. Allí, en en el Instituto Hegoa, me sentía feliz. Cuando me ofrecieron quedarme y hacer aquí el doctorado, acepté encantado”, recuerda. Aquel cambio derivó en una nueva titulación académica para él, pero también en un interesante proyecto de integración para pueblos indígenas. “Fue el embrión de una alianza estratégica con la Cátedra UNESCO de Desarrollo Sostenible y Educación Ambiental y de una iniciativa impulsada por varios profesionales de aquí y de fuera que hoy, nueve años después, sigue creciendo”.
Hernando se refiere a la Asociación Amassunu, un colectivo que “busca impulsar la Interculturalidad y la Biomimesis” articulando los saberes de diversas disciplinas, desde la ingeniería y el derecho hasta la biología y la antropología. “Amassunu es una expresión que significa ‘el agua que canta’ o Río Amazonas en lengua tupí guaraní explica despacio, consciente de que ha deslizado palabras complejas sobre la mesa. La Biomimesis propone imitar a la naturaleza, cuya ingeniería es eficiente y perfecta. Los seres humanos despilfarramos materiales, destruimos, no tenemos un modelo de consumo sostenible. Los grupos sociales que sí cuidan su entorno y sus recursos son, paradójicamente, los más ‘pobres’”, observa.
“Una parte de nuestro trabajo intenta que la ciencia y la tecnología no estén vinculadas a la exclusión social, sino a lo contrario. Hoy, la ciencia y la tecnología no son ni equitativas ni democráticas. Es necesario corregir eso. La tecnología tiene que ser inclusiva. La ciencia debería ser capaz de incluir a las sociedades, especialmente en los países del Tercer Mundo”, opina Hernando, que actualmente preside la asociación. “Nos dedicamos a la investigación, la publicación editorial, la docencia y a poner en marcha proyectos sostenibles de I+D+I”, agrega.
Más democracia tecnológica
Los muchos trabajos que han impulsado en estos años no solo se han traducido en documentales y libros de difusión gratuita, también han generado lazos tan interesantes como curiosos con aquellos grupos humanos de los que se ocupan. “Uno de nuestros compañeros, que es vasco y profesor universitario de epistemología del conocimiento, viajó hace algo más de un año a la Amazonia, a uno de los pueblos indígenas con los que trabajamos. Y allí se quedó. Está feliz, en pareja con una princesa huitoto”, confía Hernando, para ilustrar una faceta menos conocida de la globalización.
“Pero cuidado, que cuando hablamos de pueblos indígenas y entorno selvático no estamos hablando del aislamiento total advierte. En el mundo hay muy pocos pueblos que estén aislados unos 70 en la Amazonia continental. Esta, en concreto, es una sociedad que tiene acceso a internet y miembros con una formación académica estupenda. La pareja de nuestro amigo ha estudiado fuera, ha ido a la universidad, y también trabaja por mejorar las condiciones de vida de su pueblo. Porque, hay que decirlo, la globalización ha dejado allí otras cosas además de las antenas parabólicas”.
“En la zona se cultivan plantas de coca, que es sagrada, además de la explotación de hidrocarburos, maderas, recurso íctico, entre otros; eso mueve la economía de la región: hay embarcaciones con motores fueraborda y, sin embargo, no hay un ambulatorio con lo mínimo para garantizar la atención sanitaria básica en el Corregimiento de la Chorrera”, describe Hernando, que ilustra así el impacto del ‘progreso’ peor entendido. “Por eso trabajamos, para combatir estas desigualdades que nos afectan a todos”.
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