CINE ESTRENO DE ‘LOS CABALLOS DE DIOS’

ASÍ NACE EL TERRORISMO ‘YIHADISTA’

Nabil Ayouch explica la otra cara del fundamentalismo y rompe el tabú de la prostitución en el islam con otra película

El Mundo, , 02-07-2015

LUIS MARTÍNEZ MADRID
Nabil Ayouch (París, 1969) mira la
realidad con hambre. La devora, la
mastica violentamente, la digiere
con paciencia y, por fin, la arroja a
la cara del espectador transformada
en un espejo. Un espejo con el aspecto
de una herida. Lo que se ve
no es más que lo que hay. Y duele.
«Si no pensara que el cine puede
cambiar el mundo, no lo haría. Eso
no quiere decir que mi objetivo sea
hacer política. Ésta es una consecuencia
derivada. Lo que quiero es
que el espectador sienta la necesidad
de hacerse preguntas. No me
interesan las respuestas, sólo proponer
cuestiones interesantes», dice
este director de origen marroquí
con tranquilidad y se diría que completamente
ajeno al huracán que
desde hace tiempo camina con él.
La película que llega mañana a
los cines, Los caballos de Dios, lo
hace en realidad con tres años de
retraso. Los azares de la distribución
han querido que la cinta ganadora
de la Espiga de Oro en 2012
se estrene justo a la vez que la siguiente
película del cineasta, Much
loved, es censurada en Marruecos
tras su paso por el último festival
de Cannes. La primera pone cara
al terrorismo yihadista y radiografía
con una claridad que abruma el
camino que va desde la desolación
a la nada. Menos poético, la cinta
cuenta, según una novela de Mahi
Binebine, la aventura equinoccial
de tres chavales de un poblado de
chabolas en Casablanca desde la
más absoluta miseria a la más brutal
de las desolaciones. De otro modo:
carne de cañón para el terrorismo
yihadista. La explosión simultánea
de cinco bombas el 16 de
mayo de 2003 es el punto de llegada
de un relato tan febril, real, perfecto
y doloroso como desbocado.
Imprescindible incluso.
«Me gustaría decir que la película
es cosa del pasado; desearía que
hubiera envejecido tanto lo que se
cuenta que su estreno no tuviera
sentido. Pero no, al revés, cada día
que pasa es más actual», dice, se toma
un segundo y reflexiona: «El Islam
se ha convertido en un instrumento
para que una ideología totalitaria
consiga sus fines. El Islam y
los musulmanes son las primeras
víctimas de esta locura. Hay una
responsabilidad compartida entre
Occidente y los grupos radicales en
todo lo que está ocurriendo que se
remonta a la época de la colonización.
El oscurantismo, la superstición,
ha acabado por adueñarse de
todo y la educación, por ejemplo, ha
dejado de cumplir papel alguno».
Cuenta Ayouch que antes de filmar
un solo plano, pasó casi dos
años y medio viviendo en los barrios
más desfavorecidos de Casablanca.
«Fue un trabajo más de antropólogo
o sociólogo que de cineasta
», dice para explicar un
sistema de rodaje que se ha convertido
en firma. Durante un tiempo
parecido, estudió, espió y tomó notas
del universo, llamémoslo así, de
la prostitución en Marruecos. Y lo
que surgió entonces es la historia
de cuatro mujeres castigadas.
Much loved es básicamente eso, pero
también mucho más: la rotura
de un tabú en un mundo tan puritano
como hipócrita y la propuesta
de una debate tan crudo como necesario.
«No he intentado provocar
a nadie. Mi película discurre en
Marruecos, pero podría haberlo hecho
en cualquier otro lugar. Ahora
mismo en Francia se debate si castigar
o no al cliente y si tiene sentido
perseguir a la que al fin y cabo
es la víctima».
Sea como sea, las autoridades
marroquíes cedieron a las presiones
de grupos integristas para
prohibir su proyección en el país.
Lo hicieron poco después de su
presentación en la Croisette y con
apenas los avances de la película
como único argumento. Del lado
contrario, desde cineastas como los
hermanos Dardenne a Costa-Gavras
pasando por representantes de
distintos medios de comunicación
en Marruecos han protestado contra
el veto gubernamental. «Me molesta
tanto revuelo porque oculta la
película. La cinta no es un acto de
provocación sin más. Lo que me interesa
es provocar un debate público
y, lo más importante, provocar al
pensamiento. Al fin y al cabo, ése es
el sentido del arte», concluye.
– Da la impresión que las dos películas,
al fin y a la postre, acaben
en lo mismo: enfrentadas a los intransigentes
y devotos.
– El Islam es una religión más y
el reto que tiene que asumir es el
mismo que cualquier otra creencia
en un mundo civilizado. La religión
tiene que aprender a vivir separada
del Estado. Es mentira que eso no
pueda ocurrir en el mundo musulmán.
Turquía es un buen ejemplo.
Pero hay un empeño desde el otro
lado por estigmatizarlo, por asociarlo
a la violencia, a la oscuridad.
Nabil Ayouch se siente optimista.
Pese a todo. A pesar del amago de
fatwa que ahora mismo pesa sobre
su vida. «He vivido en Marruecos.
Amo ese país y sé que podré volver
allí. Los que me odian no son más
ni mejores que los que me aman».
Ayouch, la realidad y el hambre.

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