El sur de Estados Unidos se sacude los símbolos del racismo

Diario de Navarra, COLPISA. CHARLESTON (EE UU), 25-06-2015

El senador Paul Thurmond se reconcilia con el pasado racista de su familia en un Capitolio desde el que ya se clama por la retirada de la bandera confederada
Más de siglo y medio de historia se derrumban a ritmo vertiginoso estos días en los estados del sur, como si la oscuridad de su pasado racista pudiera disiparse sacudiéndose los símbolos que han envalentonado a los supremacistas blancos. Algunos se conforman con derribar bustos de generales confederados y descolgar las banderas de sus mástiles para no quedar en el lado equivocado de la historia. Otros, como el senador Paul Thurmond, han elegido sincerarse en un contrito acto con el que enfrentar los pecados capitales de varias generaciones
A esa minoría recalcitrante que estos días se aferra a la bandera confederada con el argumento de defender una tradición y honrar a los héroes caídos en la guerra civil, Thurdmond dio desde el Capitolio el tiro de gracia a sus excusas. “¿Herencia? ¿Tradición? Hablemos de ella”, retó el hijo del gobernador de Carolina Del Sur que quiso ser presidente para defender el segregacionismo. “Mi familia ha vivido en Carolina del Sur durante muchas generaciones. Me dijeron que mi tatarabuelo estaba con el General Lee cuando se rindió en Appomattox (Virginia)”, entonó el heredero político de los Thurmond, ante el silencio tenso del hemiciclo. “Soy consciente de mi herencia, pero mi agradecimiento por lo que hicieron mis antepasados para que mi vida fuera mejor no significa que deba creer que siempre tomaron las decisiones correctas, y por mi vida que nunca entenderé cómo alguien puede luchar en una guerra civil basada en parte en el deseo de continuar la práctica de la esclavitud”
La contagiosa catarsis que experimenta estos días el estado en el que empezase la Guerra Civil había llegado al corazón de una de las familias más poderosas de Carolina del Sur, esa que después de la muerte del legendario senador decidió abrazar a la hija que éste engendrase con una esclava negra a los 22 años y desconociese toda su vida, a pesar de pagar en secreto por su manutención. Paul Thurmond ha tenido mucho tiempo para reflexionar desde que su padre murió en la cama en 2003, a los cien años, honrado por demócratas y republicanos como una leyenda por haber sido, hasta entonces, el senador que más tiempo hubiera ocupado el cargo (casi medio siglo). Ahora que su familia ha podido digerir su herencia racista, la masacre de Charleston le ha dado la oportunidad de compartirla en voz alta con aquellos que empiezan a confrontar la realidad del pasado
“Pensad en esto por un momento”, pidió. “Nuestros antepasados estaban luchando literalmente por el derecho de mantener a seres humanos como esclavos y continuar los actos inimaginables que se cometen contra alguien que es retenido contra su voluntad. Yo no estoy orgulloso de esta herencia. Esas prácticas eran inhumanas y estaban mal, mal, muy mal. Ahora tenemos estos grupos racistas con símbolos que recuerdan a los afroamericanos que las cosas no han cambiado y se les sigue viendo como algo menos que seres humanos por igual”
LUTO Y ESTRELLAS CRUZADAS
Sus palabras retumbaban en una sala literalmente teñida por el luto. Una bandera negra ocupaba el asiento del reverendo Clementa Pinckney, que fuera el senador más joven del estado. Incluso sus adversarios políticos respetaban la voz serena pero firme del párroco de la Iglesia Metodista Afroamericana de Emanuel en Charleston, donde un joven de 21 años entró hace una semana, preguntó por él, escuchó durante una hora su lectura cristiana de la Biblia, y luego decidió abrir fuego contra él y sus feligreses para provocar “una guerra racial”, contó después a la policía Dylann Roof
El cuerpo de Pinckney fue transportado ayer a la capital del estado para velarle en la rotonda del Capitolio bajo la bandera confederada que vestía su asesino, que aún sobrevive a la furia de estos días. Los senadores que ayer tuvieron que enfrentarse al cuerpo sin vida de su compañero al hacer turnos junto al féretro, han votado comenzar el debate para retirarla permanentemente de la casa del pueblo, pero no lo empezarán al menos hasta el martes. Algunos pidieron a la gobernadora que recurriese a una cláusula que permite retirarla por mantenimiento y evitar así que quienes vienen de todos los rincones para honrarle tengan que hacerlo frente a las estrellas cruzadas, que tantos linchamientos esconde. Pero el pasado no retuerce las entrañas de Nikki Haley como lo ha hecho con el heredero de los Thurmond, cuyo padre ha pasado a la historia por jurar que “ni todas las leyes de Washington, ni todas las bayonetas del Ejército podrán forzar al negro en nuestras casas, nuestras escuelas, nuestras iglesias y nuestros lugares de diversión”. Su desdén por la ley de Truman para acabar con la discriminación racial, cuya votación intentó frenar con la parrafada más larga en la historia del Senado (24 horas y 18 minutos), aún duele en Charleston, donde ayer los feligreses se preocupaban más por enterrar a sus muertos que por los discursos políticos. “A veces es necesaria una tragedia para que cambien las cosas”, se resignó el diácono de la Iglesia Misionaria Baptista Royal, que ha sido elegida para los servicios de hoy por ser una de las más grandes. La bandera ve venir su fin, pero el luto no ha hecho más que empezar

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