ANÁLISIS
Cuotas y soberanía
El Mundo, , 17-06-2015Los ministros del Interior de la UE se reunieron ayer en Luxemburgo para tratar de desbloquear la Estrategia de Inmigración Europea esbozada hace apenas unas semanas por la Comisión. El problema es muy sencillo de explicar. Grecia e Italia han rescatado y/o recibido a decenas de miles de personas en los últimos meses, la mayoría de ellos refugiados de Siria y Eritrea. No dan abasto y han pedido ayuda para hacerse cargo de ellos. Y no la están recibiendo.
Bruselas ha propuesto un reparto por cuotas. Que 40.000 demandantes de asilo de esas dos nacionalidades sean recolocados entre los Estados miembros según una fórmula que tiene en cuenta el tamaño del PIB, la población, la tasa de paro y los esfuerzos previos de cada país en materia de asilo. Y además, que se invite a 20.000 refugiados más, que no están en Europa, a establecerse. Los 20.000 serían voluntarios. Los 40.000, si sale bien el plan de la Comisión, obligatorios.
La clave del asunto está ahí. Hay dos elementos críticos, estructurales y a largo plazo. Nadie niega la emergencia humanitaria, pero está en juego la soberanía al máximo nivel. Madrid y otras capitales se quejan de que la Comisión haya invocado el artículo 78.3 de los Tratados, y se sentirían mucho más cómodos con una recomendación para que fuera voluntario. Que cada país diga cuántos asilos puede conceder y a partir de ahí se proceda. Creen que si ahora se cede, da un precedente a la Comisión para estirar los tratados todo lo que pueda y marcar el ritmo.
En segundo lugar, visto desde fuera, lo que están haciendo los países es regatear por unas decenas o centenares de vidas. Para los ministros de Interior, Justicia y Exteriores «determinadas soluciones que pueden plantearse sin duda con la mejor intención, pueden ser peor los remedios que la enfermedad y generar un efecto llamada, en la medida que las mafias criminales son malas pero no son tontas», como reiteró ayer el español Jorge Fernández. Y les da mucho más miedo ese efecto llamada y la pérdida de soberanía que la presión pública por las muertes en el Mediterráneo.
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