De ‘balseros’ a refugiados a tiempo parcial

Pescadores indonesios desoyen a su Gobierno y prestan ayuda a los inmigrantes a la deriva

El Mundo, JAVIER ESPINOSA SATUN (TAILANDIA) ENVIADO ESPECIAL, 21-05-2015

Malasia e Indonesia aceptaron ayer acoger a los balseros asiáticos que habían rechazado hasta ahora, en un significativo giro de la crisis que había puesto en peligro a miles de huidos de Myanmar y Bangladesh que permanecen desde hace semanas atrapados en alta mar.
Los ministros de Exteriores de Kuala Lumpur y Yakarta anunciaron tal medida en la reunión que se celebró en esa primera capital, pero dijeron que sólo se trataba de una medida «temporal» y que los refugiados debían ser recolocados por la «comunidad internacional» en un plazo límite de «un año».
«Entendemos que las circunstancias humanitarias son terribles. Por eso les vamos a permitir entrar en nuestras aguas de forma inmediata, en particular a las mujeres y los niños», señaló el ministro de Exteriores de Malasia, Anifah Aman. Sin embargo, la Organización Internacional de Migraciones requirió que tal determinación vaya acompañada de una operación de rescate para las naves que siguen a la deriva en las costas de esas naciones y de la vecina Tailandia, que pese a participar en la convocatoria de Kuala Lumpur no se sumó a la decisión de sus vecinos.
El cambio de actitud adoptado por estas dos naciones se completó con la promesa por parte de Myanmar de acudir a la cumbre convocada el próximo día 29 de mayo por Tailandia, a la que en un principio dijo que no asistiría, ya que no acepta que se discuta sobre la suerte de los Rohingyas –que forman el principal contingente de estos balseros–, a los que considera «extranjeros».
La postura de Myanmar resulta crucial a la hora de resolver esta dinámica a largo plazo, ya que la represión que sufren los Rohingyas en ese país es una de las causas principales de su éxodo desde hace varios años.
El compromiso de Malasia e Indonesia se conoció horas después de que pescadores de este último país rescataran a cerca de 400 pasajeros, incluidos los que viajaban en el buque cuyo rastro se había perdido en Tailandia desde el pasado día 16 y cuyas imágenes se convirtieron en el símbolo de esta problemática.
Según Razali Puteh, el pescador indonesio que descubrió el buque, la situación a bordo era tal que al verlo se le saltaron las lágrimas. «Estaba repleto de gente. Me quedé sin palabras y comencé a llorar al verles gritar y agitar las manos y la ropa [pidiendo ayuda]. No podía dejarles morir, porque también son seres humanos», aclaró a la agencia Associated Press.
Un periodista de la cadena BBC que accedió a la embarcación dijo que olía a orina y estaba plagado de insectos y basura.
Uno de los supervivientes de esta odisea, Sirajul Islam –un Rohingya de Myanmar– precisó que al menos una decena de pasajeros «incluidos niños y mujeres» habían muerto de hambre durante la travesía, que duró semanas.
Islam también afirmó que fueron expulsados de las aguas territoriales tailandesas con amenazas. «Nos dieron 10 minutos [para irnos] o dispararían contra el buque», dijo.
La reacción de los pescadores de Aceh –a los que su Gobierno había prohibido expresamente ayudar a los balseros– coincide con la oleada de simpatía popular generada por las víctimas de la trata humana en países como Indonesia, Malasia o la misma Tailandia, cuyos gobiernos habían adoptado hasta ahora una política de absoluta cerrazón ante dicho brete.Tanto en Malasia como en el sur de Tailandia se han multiplicado las colectas populares destinadas a recabar fondos y ayuda para los inmigrantes, mientras que dirigentes sociales y activistas criticaban a sus Ejecutivos por la actitud de desidia adoptada frente a las víctimas de la trata humana.
Ismael Madadan, responsable de la Oficina de Asistencia a los Rohingyas instalada en Prik, acumula decenas de bolsas de ropa, colchonetas y hasta muletas en previsión de otra posible oleada de víctimas de esta mafia «esclavista».
«Los vecinos se han movilizado. La gente quiere ayudar porque entiende que son musulmanes perseguidos en Myanmar. Repartimos la ayuda en los centros donde están retenidos los Rohingyas», relató el religioso en referencia a recintos como el de Rattaphum, donde residen cerca de 200 inmigrantes que las autoridades encontraron vagando por las selvas de la provincia de Songlkhla –en el sur del país– en las últimas semanas.
Otras ONG asentadas en Tailandia llevan días patrullando la costa en búsqueda de los buques-patera, cargados de alimentos y agua, para intentar ayudar a los balseros.
«Por un lado, vemos cómo los Gobiernos se refugian en las sutilezas, pero por otro es alentador ver cómo la gente de la región ha respondido generosamente ante la llegada de los balseros», admitió Vivian Tan, portavoz de ACNUR en Bangkok.
APARTHEID ROHINGHYA. EEUU apuntó ayer a las condiciones en el estado de Rakhine (Myanmar) como causa para la huida de Rohinghyas del país.
La mayoría del millón de musulmanes de esa minoría viven en condiciones de ‘apartheid’.
DESPLAZADOS. Casi 140,000 fueron desplazdos por los choques con budistas en 2012. Myanmar los llama «bengalíes», implicando que son inmigrantes de Bangladesh, pese a haber vivido en el país durante generaciones.

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