Maletas que hablan

La Vanguardia, Màrius Carol , 19-05-2015

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Las maletas hablan del viajero. Algunas acumulan adhesivos de turistas de lugares lejanos, otras atesoran esperanzas de emigrantes de tierras sin futuro. Unas son de marcas lujosas para demostrar poderío, otras resultan fardos atestados para revelar supervivencia. Hay gentes que viajan con la casa metida en una descomunal valija aunque sólo vayan a estar un fin de semana fuera de su hogar, y otros individuos pueden irse al fin del mundo con un cepillo de dientes y el iPad metido en un insignificante trolley.

Adou, de ocho años, es el niño de la maleta, no porque arrastrara una con las orejas de Mickey o con la pegatina de Spiderman, sino porque fue descubierto dentro de una cuando intentaba cruzar la frontera ceutí, hace apenas dos semanas. Iba con las piernas encogidas, como si participara en uno de esos juegos de magia que permiten que el prestidigitador introduzca espadas sin herir al supuesto voluntario en una caja de reducido tamaño. Pero no se trataba de un truco circense, era un burdo intento de disimularlo para pasar la frontera. El escáner dejó sin habla al guarda de seguridad y la imagen en la pantalla dio la vuelta al mundo.

El niño se reencontró ayer con su madre en el centro de acogida del Mediterráneo de Ceuta, donde se abrazaron entre sollozos. Su esposo, oriundo de Costa de Marfil pero con residencia en Fuerteventura, fue detenido después de que se localizara al niño. El hombre ha confesado que no pudo traer al menor porque le faltaban 41 euros (necesitaba acreditar que cobra 1.331). Ha explicado que Adou estaba en su país a cargo de unos familiares, pero que enfermó y decidieron traerlo a vivir con ellos.

La historia tendrá, a buen seguro, final feliz, pero es una muestra de la desesperación que a veces se esconde detrás (o dentro) de una maleta.

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