Extranjeros y basura

Diario Sur, , 30-04-2015

Málaga está llena de extranjeros y de basura. Vaya primera frase, sensacionalista y arriesgada, xenófoba y tramposa. Pero es verdad. Vaya tercera frase, corroborando la primera. Vaya gerundio, ‘corroborando’ (si insertásemos una ‘e’ tendríamos un colaborador del párroco, el correverendo, ja; y si intercalásemos ‘ja’ en párroco obtendríamos ‘pajarroco’, una especie de párroco de altos vuelos). ‘Y’ se usa para unir oraciones del mismo rango, por lo que puedo corroborar y corroboro que la primera frase es correcta, aunque muy tramposa. También podría haber dicho que Málaga está llena de calles y de basura. No me gusta justificarme tanto (bueno, sí) pero quiero asegurarme de que nadie va a darme con un canto en los dientes al salir de casa, cuando me pillen distraído tratando de esquivar cacas de perro. Vamos con otra: Málaga está llena de basura y de perros. Y otra más: Málaga está llena de extranjeros y de perros. Ya me están entrando ganas de darme yo mismo con el canto en los dientes, así que paro. Espera, antes me justifico: me encanta vivir en una ciudad cosmopolita donde a nadie le sorprenda que otro sea de fuera. Eso sí, me da rabia vivir en una ciudad donde a muchos no les sorprenda la basura que pueblan las aceras. Necesitamos un grafitero comprometido que pinte de dorado las cacas de perro.

Me encanta leer las cifras de extranjeros que viven en Málaga y su procedencia. A veces visito colegios e institutos con más de treinta nacionalidades entre los estudiantes. Los más numerosos son los británicos, seguidos de lejos por los marroquíes, de más lejos todavía por rumanos, y después andan cerca los numerosos italianos, alemanes, ucranianos, chinos o finlandeses y argentinos. Ayer llegó al puerto de Málaga el ‘Allure of the Seas’, que es el crucero más grande del mundo. Es tan grande que en él cabrían, por los pelos, todos los finlandeses que viven en Málaga, o todos los argentinos, pero por separado, o juntos pero sólo la mitad de cada colectivo. Me encantaría ser finlandés, o argentino, o las dos cosas (este uso de ‘cosas’ se merece otra pedrada), sentir qué se siente considerando más tuyo todavía a Borges o a Martín Fierro, a Alvar Aalto (parece un guardia civil pidiendo a Alvar que se pare). Qué ven cuando miran nuestras aceras asquerosas.

Un estudio sitúa a Málaga entre las ciudades más sucias de España. Cualquiera que se dé un paseo por un barrio puede corroborarlo (lo ideal sería un paseo a vuelo de pajarroco). El alcalde se defiende atacando, y nos llama puercos. ¿Es para darle con un canto en los dientes? Pues no: es que lo somos (me he incluido y una descarga eléctrica me ha recorrido la espalda, así que me desincluyo: yo no soy un puerco). El servicio de Limasa es deficiente. ¿Cuántas veces al año se baldean las aceras?, ¿cuánto personal y con qué medios trabaja fuera del centro?, ¿con lo que pagamos no podríamos tener un servicio mejor? Pues claro. Pero eso no quita para que los puercos de Málaga den para llenar unos cuantos cruceros más grandes del mundo. Hemos mejorado, pero poco. ¿Está garantizado el relevo generacional cívico? Para nada. Esto es tristísimo. Dan ganas de volver a Helsinki por navidad. Aunque mejor en verano.

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