Cae una red que perpetraba falsos secuestros

La trama delictiva ejecutaba las estafas en España desde una prisión de Santiago de Chile

El Mundo, E. M. MADRID , 11-04-2015

La Policía ha localizado la trama de ciudadanos chilenos autora de centenares de llamadas a España desde una prisión de Santiago de Chile en las que comunicaba que tenían secuestrado a un familiar, aunque en realidad se trataba de una estafa con la que esta red pretendía lograr dinero rápidamente.

En apenas dos meses la Policía ha recibido dentro de su demarcación 162 denuncias en 23 provincias, aunque la mayoría, 75, se han presentado en la Comunidad de Madrid, por delante de Málaga, con 35, Zaragoza y Sevilla. Solo un 10% de ellas cayeron en la trampa.

Y aunque la cantidad total no ha superado los 11.000 euros, los investigadores han querido advertir sobre esta modalidad de estafa que emplea como gancho un falso secuestro y atemoriza por teléfono a la víctima de forma muy violenta.

Desde una prisión de Santiago de Chile al menos cuatro presos –los cabecillas– con teléfonos móviles realizaban aleatoriamente llamadas a España, sobre todo números fijos, mientras que otras quince personas, en su mayoría familiares o vecinos de los internos, se encargaban de cobrar el pago de los supuestos rescates.

Todos los integrantes de esta trama ya han sido localizados sin que exista ninguna vinculación con nadie en España. Ahora la investigación sigue su curso a la espera de que la autoridad judicial actúe en función a su legislación y de la comisión rogatoria emitida por la justicia española a través del juzgado de instrucción número cinco de Zaragoza.

Sí se ha esclarecido ya la forma de actuar de esta red. Al principio los falsos secuestradores se centraban en atemorizar a sus víctimas con la retención de un menor, pero se dieron cuenta de que perdían efectividad en su timo pues al llamar aleatoriamente muchos de sus interlocutores podían no tener hijos pequeños. Así, pulieron el método y comenzaron a comunicar simplemente que tenían retenido a su familiar y era la propia víctima la que facilitaba información al estafador sin ser consciente de que esos datos los manejaba para atemorizar y amedrentar a su interlocutor.

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