X. C. MOSCÚ ESPECIAL PARA EL MUNDO

No a los nazis, sí a los ultras

Rusia azuza el fantasma del viejo fascismo y apoya a los nuevos radicales que desestabilizan Europa

El Mundo, , 09-04-2015

Mientras Rusia celebra estos meses que hace 70 años logró frenar a los nazis, Moscú mueve sus peones en Europa para despejar el camino a los herederos del fascismo hacia lo más alto de las instituciones. La globalización hace extraños compañeros de cama, y los ultraderechistas europeos no han encontrado un mejor modelo de conservadurismo que el de Vladimir Putin, ni un prestamista más generoso que los bancos rusos.

El partido ultraderechista Frente Nacional (FN) ha sido marginado por los bancos de Francia. Su líder, Marine Le Pen, decidió llamar a las puertas de la banca española, la italiana y buscó también cash en Asia. Finalmente, el año pasado logró un providencial préstamo del banco ruso First Czech Russian Bank, según ha confirmado ella misma. Nueve millones de euros cortesía de una entidad presidida por Roman Popov, un financiero con estrechos lazos con el Gobierno de Moscú.
Los televidentes rusos, que desde hace un año reciben constantes mensajes desde los canales patrocinados por el Kremlin sobre el resurgir del nazismo europeo que apunta contra Rusia, sólo podrían sorprenderse ante la colorida conferencia ultraderechista que se celebró a finales del mes pasado en San Petersburgo: invectivas contra el matrimonio gay o contra el islam retumbaron en el Holiday Inn, donde se celebró el acto, mezcladas con loas a Putin.

En la tribuna de oradores de este Foro Internacional Conservador Ruso se sucedieron varios portavoces del neonazi griego Amanecer Dorado. También había nacionalistas ingleses como Jim Dowson criticando a Obama «por ser tan femenino» y confesando su envidia por los rusos, «que tienen al frente del país a un hombre de verdad». El partido ultranacionalista ruso Rodina (Patria) organizó el evento al que no acudió el FN francés, cuya líder fue criticada por varios participantes por haberse vuelto demasiado moderada.

Rusia se ha convertido en el fetiche de derechistas, populistas y euroescépticos de toda Europa. En el caso de los ultraderechistas de Marine Le Pen, los rublos fueron su oxígeno en el difícil año pasado. El dinero ruso llegó en un momento crítico para el Frente Nacional, pues pese al repunte de votos se ha visto obligado a vender sus oficinas en el centro de París por culpa de las deudas contraídas en pasadas épocas de sequía electoral. Los partidos franceses reciben financiación pública en función de sus resultados electorales, y así pagan los préstamos. Marine Le Pen se ha quejado varias veces de que es un escándalo que en toda Francia ningún banco quisiese ofrecerle un préstamo.

El eurodiputado del FN Jean-Luc Schaffhauser fue el encargado de hacer de celestino entre el banco ruso y la cúpula de su partido. Le Pen niega que estén vendidos al rublo. Pero lo cierto es que el FN sigue punto por punto el argumentario ruso ante el enfrentamiento que mantiene Moscú con la UE por la situación en Ucrania. La ultraderechista ha criticado al Gobierno de su país por congelar sine die la entrega de dos buques de guerra Mistral a Rusia a causa del conflicto en Ucrania. También ha rechazado la guerra de sanciones al comercio entre la Unión Europea y Rusia apuntando «que hacen sufrir mucho a Francia». Y sus eurodiputados votan contra cada moción crítica con Moscú.

En esta alianza juega un papel importante Aymeric Chauprade, asesor de Le Pen en política exterior, que acudió como observador al referéndum que los rusos organizaron en Crimea en marzo del año pasado.

Según algunos medios franceses, el acuerdo alcanza hasta los 40 millones, un extremo que el FN ha negado. Casualmente ésa es la cifra que necesita, según reconoció el tesorero del partido al canal France 24, para llegar con fuerza a las elecciones presidenciales y legislativas de 2017. Sólo ahí está la llave para torcer el rumbo de la política exterior francesa, un asalto difícil con el resurgimiento electoral de Sarkozy.

«La Rusia de Putin representa para el FN un Estado fuerte que defiende su soberanía y que no obedece a Washington ni a Bruselas», explica a EL MUNDO Cecile Alduy, autora del libro Marine Le Pen, descodificando el discurso del FN.

Aunque desde la derecha más dura y cierta izquierda radical se alabe el perfil político de Putin, los intereses de Moscú en esta amalgama de partidos son más bien prácticos. El analista Vincent Jauvert escribió en un artículo en Le Nouvel Observateur: «El Kremlin ha apostado por el Frente Nacional porque lo ve capaz de revertir el rumbo europeo en favor de Moscú». Rusia siempre ha visto a la UE como una prolongación de Estados Unidos, unas veces a través de la OTAN y otras directamente con la ayuda de importantes aliados de Washington como Reino Unido. En ese país, tradicionalmente hostil a la postura rusa, Moscú ha encontrado un amigo: los populistas antieuropeos de UKIP.

Según denuncia el escritor Luke Harding, el Kremlin está intentando atraerse a las figuras muy relevantes en la élite británica «como el ex ministro Peter Mandelson, que ahora es director de Sistema», propiedad del oligarca ruso Vladimir Yevtushenkov. El ex ministro Paul Myners también ha encontrado acomodo en empresas rusas.

Entre las alegrías que ha tenido Moscú en territorio europeo está Syriza. El ministro de Exteriores griego, Nikos Kotzias, es uno de los políticos favoritos de Aleksandr Dugin, que es el verdadero ideólogo del neoimperialismo ruso y que desde hace años trata de crear una red de partidos favorables a Moscú.

Aunque el nacionalismo ruso ha justificado la injerencia en Ucrania señalando que se trata de un Gobierno fascista, lo cierto es que Dugin, su ideólogo estrella, no sólo se ha apoyado en Syriza sino también en los neonazis griegos de Amanecer Dorado a algunos de cuyos líderes ha recibido. Rusia nunca había tenido vasallos tan discutibles en Europa, pero eso no impide al Kremlin denunciar cada semana el «resurgimiento» del sentimiento nazi en su viejo patio trasero: Europa central.

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