Además de cuidar, robar
Los robos cometidos por empleados o empleadas de hogar en los domicilios en los que trabajan han proliferado en los últimos años. Una de ellas se apropió de una pulsera valorada en más de 1.700 euros que vendió por 500 en un establecimiento de compraventa de oro
Diario Vasco, , 06-04-2015No son casos aislados. Se dan con cierta frecuencia, «más de lo que algunos creen», aseguran desde un juzgado de San Sebastián. Los robos cometidos por empleados o empleadas de hogar en los domicilios en los que trabajan han proliferado en los últimos años. La sustracción de piezas de joyería es la práctica más común. Los juzgados de lo Penal número 1 y 2 de la capital guipuzcoana acaban de dictar sendas sentencias en las que precisamente condenan a dos mujeres por este motivo.
la cifra
17 meses
Es la condena impuesta por un juzgado de lo Penal de San Sebastián a una mujer que sustrajo diversas joyas en pisos en los que trabajó y en otros en los que residió. Otro juzgado ha sido sentenciado a diez meses a otra mujer por sustraer una pulsera de oro valorada en 1.700 euros.
Una de las acusadas es una cuidadora de personas mayores y limpiadora de hogar que ha sido sentenciada a diecisiete meses de prisión por sustraer diversas alhajas en las viviendas en las que trabajó, pero también en las que residió.
La mujer, que se hallaba en situación irregular en el país y que ni siquiera compareció al juicio aunque había sido debidamente citada, sustrajo asimismo varias joyas a la mujer con la que convivía en Tolosa. En concreto, entre abril y mayo de 2011 se apropió, entre otros efectos, de dos pendientes que vendió en un establecimiento de compraventa de oro, donde le abonaron 12,5 euros, aun cuando las piezas fueron tasadas en 130.
En septiembre del mismo año, la acusada se apoderó de un anillo con tres diamantes, propiedad de una mujer a la que cuidada de manera habitual en su domicilio igualmente de Tolosa. La pieza estaba valorada en 1.035 euros. También le sustrajo un par de gemelos de oro y una cadena de eslabones.
Unos meses más tarde, la acusada, «valiéndose de la confianza propia que genera la convivencia», indica la sentencia, robó en otro piso en el que residió un cordón de oro y una alianza del mismo metal pertenecientes a una compañera. Todos estos elementos fueron vendidos en otro establecimiento de compra de metales preciosos, donde le abonaron en total 235 euros, cuando su valor real se aproximaba a los 1.500 euros.
La acusada también se apropió de un broche de oro valorado en 100 euros que pertenecía a una mujer, a cuyo domicilio acudía temporalmente como limpiadora.
La última de las sustracciones, según se indica en la resolución judicial, tuvo lugar en marzo de 2012. La acusada se acercó a una mujer de 92 años que se encontraba sentada en un banco de Tolosa y mientras simulaba que le extendía por la cara y por el cuello restos de crema, consiguió quitarle una cadena de oro con cinco medallas que llevaba colgada.
Seguidamente, la inculpada se dirigió a un comercio de Compro Oro de la localidad donde, a cambio de 515 euros, vendió el material sustraído. La cadena y las medallas, tasadas pericialmente en 1.765 euros, pudieron ser devueltas a su legítima dueña.
El Juzgado de lo Penal número 1 de Donostia ha impuesto a la acusada una pena de 17 meses de cárcel como autora de un delito continuado de hurto con la agravante de abuso de confianza.
Sustracción de una pulsera
El segundo caso tuvo lugar en una localidad del alto Deba. El juzgado de lo Penal número 2 de San Sebastián ha condenado a otra mujer que, al igual que la anterior se encontraba en situación irregular en el país, a diez meses de prisión, por un delito de hurto.
Los hechos tuvieron lugar en enero de 2013, mes en el que la acusada prestó servicios como empleada de hogar en calidad de interna y asistente personal en el domicilio de la víctima.
La resolución señala que «en una fecha no determinada», la acusada se apoderó de una pulsera de ocho quilates con un peso de 37 gramos, valorada en 1.119 euros, propiedad de la mujer para la que trabajaba. La pieza permanecía en un baúl en la habitación que la acusada utilizaba como dormitorio. Transcurrieron varios días hasta que la dueña se percató de que ya no estaba en dicha caja.
En aquel instante, la mujer tampoco le dio excesiva importancia, ya que pensó que lo habría dejado en otro lugar. Días después, sin embargo, supo lo que había ocurrido mediante una llamada realizada desde el juzgado, que le informó de que la pulsera había sido retenida.
Con la joya en su poder, la acusada se dirigió a un establecimiento de compraventa de oro de San Sebastián, donde la empeñó por un precio de 554 euros.
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