Doradas procesiones

Diario Sur, , 02-04-2015

Dorada Semana Santa con un sol tan grande como la luna dorada de esta noche larguísima. Dorados arbotantes, doradas papeleras, dorados sueños de adolescentes mezclando droga y alcohol. Dorada aura de mi heroína particular. La resaca de las elecciones se ha estrellado contra la marea de nazarenos, y todavía nadie ha culpado a Podemos de que el agua del mar esté fría pero sucia, lo que no me impidió darme el primer baño sabático. Y es que hay un cambio de giro en el tono y hasta el ministro de Sanidad ha anunciado que los inmigrantes indocumentados ya pueden enfermar y ser atendidos, aunque en Andalucía ya podían. Hace unas semanas no firmó el PP un acuerdo con el resto de partidos a favor de esta medida que ahora aprueban, tal vez para dejar solo a Ciudadanos, que tampoco firmó, partidario de que se atienda sólo a los inmigrantes documentados, que es lo que suele hacerse en los países de nuestro entorno. Mi amigo el de la ceja – no me refiero a Zapatero sino a Pedro, con el que fui a Berlín en 1990 – resbaló en Munich y, sólo tras abonar lo exigido en las germánicas urgencias, le cosieron la ceja. Parecía Stallone. Curiosamente, uno de los argumentos más usados por organizaciones sociales a favor de la atención ‘universal’ a inmigrantes es que podrían portar enfermedades contagiosas, o sea: más miedo que solidaridad. En las urgencias sí son atendidos; en teoría, pues ante la firma previa del documento de pago algunos se vuelven a casa con su enfermedad a cuestas, y hay quien no llega. La idea es descongestionar las urgencias, y como hay dos variables, sanitarios y pacientes, eliminan los pacientes en lugar de aumentar los sanitarios. Entran ganas de pintar hospitales de dorado.

Cada uno invoca a su malo particular, pues es lo que parece funcionar. Por aquí anda un malo ambiguo que pinta de dorado ¡sin salirse! bancos y papeleras. El tono ha cambiado, y de «la policía anda buscándolo, pedimos colaboración ciudadana» se ha pasado al «no queda del todo mal, que presente un proyecto», recordando la multa que conlleva estropear el mobiliario urbano. ¿Estropearlo?, pero si ahora está mucho mejor. Habría que buscarlo, sí, pero para hacerle una oferta, cuando lo normal ante el descontento es quemar los columpios que no podrán usar tus hermanos chicos. Otros muy descontentos aprovechan para redistribuir la riqueza: dos mujeres, apoyadas por un hombre que ejercía labores logísticas, robaron ayer a dos ancianos que esperaban el autobús. Un frutero simpatiquísimo contó que las había visto actuar antes, mirad cómo roban ahora mismo en la parada del autobús, gritó, y una señora, mi heroína particular, tras afearle que no hubiese llamado a la policía, viendo cómo efectivamente robaban en ese momento a un hombre en la parada, salió gritando hacia ellas. Las retuvo y se le enfrentaron, se formó un corro de votantes de todos los partidos, mi heroína pidió ayuda, y el corro vergonzosamente no se inmutó, para qué, con ese espectáculo matutino. Por la tarde llegaría el otro, las doradas procesiones.

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