La doble vida del carnicero del Estado Islámico
‘Yihadi John’ es un universitario radicalizado tras el hostigamiento del MI5 para reclutarlo
El Mundo, , 27-02-2015«Un psicópata y un sádico que disfruta haciendo daño». Así es como se comporta –según informaciones a las que ha tenido acceso EL MUNDO– Mohammed Emwazi, de 26 años, conocido en el califato como Abu Abdullá Britani, y en el resto del mundo como Yihadi John. La identidad del sanguinario verdugo del Estado Islámico con acento británico ha sido finalmente revelada entre informaciones contradictorias (e irreconciliables) sobre las razones que le empujaron a abrazar el radicalismo y a degollar con el cuchillo a los rehenes occidentales.
«Mohammed Emwazi era una persona extremadamente amable y uno de los jóvenes más humildes que he conocido», dijo por su parte en Londres Asim Qureshi, director de investigaciones el grupo Cage, que presta asistencia a las comunidades «impactadas por la guerra contra el terror». Qureshi conoció al carnicero John cuando se vestía con piel del cordero y aseguraba haber sido víctima de una campaña de hostigamiento por parte de los Servicios de Seguridad, el MI5, que primero le sometió supuestamente a malos tratos y después intentó reclutarle como confidente.
«El hombre que yo conocí no era capaz de herir a una sola persona», aseguró Qureshi. «Estamos empezando a aprender que cuando se trata a la gente como outsiders se acaban sintiendo fuera de lugar y buscan refugio en otra parte», añadía.
Las acusaciones del portavoz de Cage, afirmando que Yihadi John fue empujado al radicalismo islámico por el acoso del MI5 durante cuatro años, provocaron reacciones airadas en la sociedad británica. Downing Street mantuvo sin embargo un proverbial silencio –«no hacemos comentarios sobre asuntos de Inteligencia– y el MI5 ni siquiera confirmó que conocía la identidad del verdugo enmascarado desde haces meses.
La ficha más completa de la doble vida de Mohamed Emwazi fue precisamente la que facilitó el grupo Cage, al que acudió en busca de asistencia legal en 2010 ante la persecución del MI5: «Me siento como un prisionero en Londres. Soy una persona aprisionada y controlada por los servicios de seguridad, que ni siquiera me permiten comenzar una nueva vida en mi lugar de nacimiento, Kuwait». Mohammed Emwazi nació efectivamente en Kuwait en 1988, pero se trasladó con su familia a Londres a los seis años. Su padre trabajó de taxista y tiene tres hermanos. Se instalaron en el barrio de Queen’s Park, al noroeste de la capital londinense, y destacó como estudiante en el colegio público Quintin Kynaston. Estudió Informática en la Universidad de Westminster y se licenció en 2009 con la idea de labrarse una carrera en los países árabes.
Su destino se torció ese mismo año, cuando tomó un avión con destino a Tanzania (según él, para participar en un safari). Las autoridades británicas lo detuvieron por primera vez en el aeropuerto de Dar es Salaam, acusado de pretender viajar a Somalia (el bastión de Al Shabab). Emwazi negó las acusaciones, pero fue trasladado a Amsterdam, donde continuó el interrogatorio.
A partir de ahí empieza su particular calvario: detenido de nuevo en el puerto de Dover, y después en Heathrow. Fue incluido en la lista de «vigilancia especial», por su supuesto vínculo al grupo de musulmanes de North Kesington. Se le prohibió una y otra vez volar a Kuwait, hasta que desapareció un día y no se volvió a saber de él. La policía llamó a la puerta de la casa familiar al cabo de cuatro meses para informar que su hijo había entrado en Siria; lo padres creían que estaba en Turquía «ayudando a los refugiados».
Por su fecha de llegada, el Yihadista John es uno de los primeros extranjeros que aterrizaron en Siria para combatir. Para entonces, el Ejército Sirio Libre (ESL) era la fuerza más prominente contra el Gobierno de Bashar Asad. Ese mismo año, este periódico accedía a testimonios que describían la «búsqueda», por parte de monarquías ultra conservadoras como Arabia Saudí, de combatientes de ideología afín a los que financiar. Se cree que gestos como éste, junto a la llegada de elementos radicalizados en mezquitas occidentales como Mohammed Emwazi, facilitaron durante 2012 y 2013 el asentamiento del Frente Nusra y del IS.
Mohammed Emwazi es ahora uno de los 3.400 occidentales que puede haber en el califato, según los últimos datos del Centro Nacional Antiterrorista de EEUU. Ninguno de ellos ocupa altos cargos en el organigrama, pero pocos hay más relevantes que él. Fue un líder destacado de los programas de entrenamiento de nuevos reclutas de Raqqa, el bastión del califato. Allí hacía dúo con un yihadista australiano que dirigía el adiestramiento de francotiradores. El campo fue bombardeado por la coalición antes de Navidad.
Por su dominio del árabe y la informática, pronto logró medrar en el califato. Según Didier François, el periodista francés rehén del IS durante 10 meses, Emwazi fue uno de los carceleros más crueles. Según el galo, formaba, junto a dos compatriotas más, un cruel trío de guardas conocido entre los rehenes con el grotesco nombre de Los Beatles.
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