Los problemas de la sociedad tibetana llegan a Londres
JOCELYN FORD PRESENTA UN DOCUMENTAL SOBRE LA VIDA DE UNA EMIGRANTE TIBETANA QUE LLEGA CON SU HIJO A PEKÍN
Diario de noticias de Gipuzkoa, , 23-02-2015La historia de Zanta ha llegado a Londres esta semana. No es una historia fácil, pero sí necesaria para que se comprenda la situación de las minorías en China. Zanta es una mujer tibetana viuda que se traslada a Pekín contra los deseos de sus suegros de que su nieto pueda obtener educación.
El camino de Zanta está lleno de dificultades en la capital china, donde los tibetanos no tienen las mismas oportunidades que el resto de los chinos y donde la falta de educación y diferencias económicas entre las minorías y los han, la etnia mayoritaria en China, son más palpables que en ningún otro rincón del país.
La estadounidense Jocelyn Ford conoció a Zanta vendiendo baratijas en un puesto ambulante en una calle de Pekín. Impresionada se decidió a narrar su historia en el documental Ningún lugar para llamar hogar. Extraño, o no tanto, si se tiene en cuenta las profundas creencias tibetanas en la reencarnación, Zanta vio en la extranjera a un familiar de otra vida y gracias a esta conexión divina le contó su historia sin miedos.
Zanta se quedó viuda de un agricultor tibetano a los 28 años, ante tal situación, su suegro la obliga a casarse con su otro hijo. Peor aún para Zanta, no le permite que su hijo de siete años vaya a la escuela, por lo que la joven decide huir y se va a Pekín, donde conoce a la periodista.
Ford, que trabajaba como corresponsal de radio desde hacía años en Pekín, había entrevistado a los lamas tibetanos y a tibetanos educados, y reconoce que se sentía familiarizada con tibetanos en el extranjero, pero subraya que cuando comenzó a hablar con Zanta no sabía casi nada acerca de la vida de los tibetanos emigrantes en las grandes ciudades chinas ni de su poca educación.
“Aquella noche no tenía idea de que iba a llegar a estar tan profundamente involucrada en la vida de Zanta, y que nuestro encuentro llegaría a ser la génesis de una película”, explica Ford a NOTICIAS DE GIPUZKOA. Su mayor deseo con este documental es hacer “una pequeña contribución a un debate que puede conducir a un mundo mejor informado y a políticas más progresistas”.
Zanta pone cara y nombre a un debate inexistente en China, el del racismo que sufren muchos tibetanos en el resto del país, pero también muestra la falta de información sobre la región del Tíbet, va más allá de la visión romántica que muchos occidentales tienen del lugar tras leer novelas y películas de Hollywood. También cuestiona la falta de acceso a la educación que tienen los miembros de los grupos minoritarios.
Los propios chinos ven al Tíbet como un lugar paradisiaco, con paisajes de ensueño y donde la población vive en una completa armonía con la naturaleza. Por ello, es uno de los lugares preferidos para disfrutar las vacaciones de octubre y disfrutar de sus increíbles lagos, montañas y praderas, si bien no hay tiempo ni información para ver los problemas diarios ni las dificultades de acceso a la educación que tienen sus habitantes.
En el caso de Zanta, sus hermanas son analfabetas y no saben contar el dinero, o lo que puede ser más chocante aún en pleno siglo XXI, ni siquiera reconocen los números en el móvil. Se trata de realidades que muchos compatriotas chinos no conocían y que Ford trata de mostrar con visionados organizados en universidades y con debates entre jóvenes para concienciarlos del problema y la necesidad de hacerle frente.
La directora grabó a Zanta en las calles de Pekín, pero también la acompaña en uno de sus viajes de regreso a su pueblo natal para pasar el Año Nuevo. Se trata de Barwo en la prefectura de Aba, lugar en el que se producen muchas inmolaciones de tibetanos que protestaban por el trato que les da el Gobierno chino.
Ford presentó por primera vez el documental en una ciudad de Birmania y allí un reportero de Xinhua, la agencia gubernamental china, se interesó por la cinta, que semanas más tarde fue mostrada en la sede de este medio de comunicación en la capital china. “Esta película nos hace preguntarnos cómo tratamos con gente como esta”, dijo Shi Peng, un reportero de la agencia.
Desde ahí, la historia de Zanta ha seguido un ritmo imparable. En 2014 se estrenó en Estados Unidos en el Museo de Arte Moderno, y en China fue la película inaugural en la apertura del nuevo Centro para Estudios Documentales en Pekín. Ahora, Ford se encuentra en Reino Unido en plena gira, donde hará 13 proyecciones y charlas.
Una de ellas fue en Chatham House, donde se quedó impresionada por la historia personal de dos de los asistentes, dos jóvenes de un grupo musulmán oprimidos en Pakistán y que pasaron varios años en prisión. “Me he dado cuenta de que la historia de Zanta da aliento a muchos que se enfrentan a enormes dificultades”, explica Ford a este diario al final del debate.
“Está claro que la gente no tiene un marco para pensar en estos temas”, explicó Ford. Durante el debate hizo una alusión a la situación de Estados Unidos en los 60, cuando se empezó a tener este tipo de discusión que ve necesario que empiece en China.
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