La nieta negra del comandante nazi Amon Goeth

Diario de Navarra, Colpisa. Madrid, 10-02-2015

Una mujer de sangre nigeriana es descendiente del jefe del campo de concentración de Plazsow
Tener un abuelo nazi no es plato de buen gusto, sobre todo si se tienen antepasados en el África negra. Es lo que le ocurre a Jennifer Teege, una mujer nacida de la unión entre un nigeriano y una alemana. Teege se llevó una sorpresa mayúscula cuando se enteró de que su abuelo fue un comandante del campo de concentración de Plaszow (Polonia).
De vivir ahora, a su abuelo seguramente le habría dado un síncope al ver que su nieta luce una tez oscura, no como el tizón, pero sí disconforme con el prototipo de la raza aria. La mujer desciende del criminal nazi Amon Goeth, famoso porque aparece en la película ‘La lista de Schindler’ encarnado por el actor británico Ralph Fiennes.
Jennifer Teege vio la luz en 1970, fruto de una relación efímera entre su madre y un hombre de raíces nigerianas. Con apenas un mes de edad, fue acogida por un hospicio católico y entregada en adopción cuando tenía siete años. Desde entonces no tenía noticias sobre su familia más directa.
Teege estaba en una biblioteca de Hamburgo cuando dio con un libro que le cambió la vida. En la cubierta del volumen había una foto de una mujer que por una extraña razón le resultó familiar. Debido a una rara casualidad, la lectora, que buscaba recomendaciones para salir de la depresión, se había topado con la imagen de su madre biológica, Monika Hertwig. El libro era una larga entrevista con su progenitora. Por los detalles de la biografía, Teege comprendió que la mujer que hablaba era la misma que la había engendrado a ella. El hallazgo la conmovió.
Teege decidió escribir un libro para contar su peripecia vital. ‘Amon’, publicado el año pasado en Alemania, aparecerá traducido al inglés en el mes de me abril con otro título mucho más descarnado: ‘Mi abuelo me habría disparado: una mujer negra descubre el pasado nazi de su familia’.
Pese a que había recobrado su identidad, el hallazgo no fue nada dichoso. Teege tuvo que acudir un psicólogo para sobrellevar la conmoción derivada de sus orígenes. El brutal comandante nazi jamás llegó a conocer a su hija Monika. De hecho, su hija era fruto de una relación extramatrimonial con Ruth Kalder, una secretaria que trabajaba en las fuerzas armadas alemanas. Gracias a ese borracho, seductor y mujeriego que fue Oskar Schindler, el empresario alemán que salvó la vida a más de un millar de judíos y que protagoniza la cinta de Steven Spielberg, el militar nazi conoció a su amante.
Ni en la peor de sus pesadillas hubiera imaginado Jennifer Teege que aquel salvaje que disparaba a las judíos desde la terraza del campo de Plaszow llevaba su misma sangre. Cuando el terapeuta que la trataba escuchó aquella terrible historia, no pudo reprimir las lágrimas.
Antes de conocer la historia de su sanguinario abuelo, la mujer sabía de los horrores del Holocausto. No en vano, en 1990 se marchó a París, donde se hizo amiga de una israelí que la animó a visitar su patria, como finalmente hizo. En el país hebreo, Jennifer Teege tuvo un novio que pertenecía a una unidad de élite de la Marina. Aunque el amor no cuajó, Teege se afincó en Tel Aviv, donde aprendió hebreo, terminó sus estudios universitarios sobre Oriente Medio y África y trabajó en el Instituto Goethe.
Teege no sufrió en Israel la afrenta del racismo, como le sucedió en Alemania. “En este sentido, me fue más fácil en Israel que en Alemania. Quizá por la emigración de etíopes, yo no era algo excepcional como me pasaba en Alemania”, asegura la protagonista de esta tormentosa biografía al diario Haaretz.
La crueldad de Amon Goeth le hizo ganarse el apodo de ‘el carnicero Plaszow’. Al comandante le gustaba la compañía de dos perros, Rolf y Ralf, que descollaban por su fiereza. Su amo los había entrenado para aterrorizar a los cautivos.
Con el propósito de exorcizar sus demonios familiares, Jennifer Teege visitó el campo donde su abuelo propagó el horror. Pero los fantasmas no se desvanecen fácilmente. La cercanía con las sevicias del oficial la estremeció. Teege todavía tiembla al recordar la muerte de una mujer judía a quien Goeth descerrajó un tiro porque se comió una patata que era el alimento de los cerdos. Como uno de los presos se negó a cumplir la orden de arrojar el cadáver a un depósito de agua hirviendo, también le asesinó.

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