Varufakis dice en Alemania que humillar más a Grecia dará alas al nazismo

El Mundo, ROSALÍA SÁNCHEZ BERLÍN ESPECIAL PARA EL MUNDO, 06-02-2015

«Esta tarde, de vuelta en Atenas, participaré en una sesión parlamentaria en la que se sentarán también diputados nazis, no neonazis, sino estrictamente nazis», dijo ayer en Berlín Yanis Varufakis. Tras encontrarse con su homólogo alemán, Wolfgang Schäuble, el ministro griego de Finanzas azuzó ante la prensa un fantasma que en Alemania se conoce muy bien.

Los técnicos de sonido y los traductores que asistían a la rueda de prensa que ofrecía Varufakis tras la reunión con su homólogo alemán, Wolfgang Schäuble, no pudieron evitar llevarse las manos a los auriculares al escuchar de nuevo la palabra nazi en uno de los pocos edificios gubernamentales del Tercer Reich que quedan en pie en Berlín. «Alemania puede estar orgullosa de haber superado ese capítulo oscuro de su historia…», continuó, «y ahora podemos trabajar juntos para llevar este ambicioso proyecto de posguerra definitivamente al éxito». «No queremos [en Grecia] una depresión como en los años 30, con sus nefastas consecuencias. Abordamos el asunto con gran responsabilidad y estoy convencido de que nuestros socios europeos lo harán también», expuso, tirando de los fantasmas de la historia alemana.

La rueda de prensa en su conjunto respondió al esquema de un campo magnético generado por dos polos opuestos. Wolfgang Schäuble, que alternaba en su discurso la condescendencia y el garrote y que se ciñó al guión de concesiones cero, se esforzó por hacer pisar tierra a su colega, explicándole que «sus promesas electorales que implicaban a terceros han sido poco realistas» y recordándole en tono divulgativo las reglas del juego: «no hay nada de malo en las elecciones griegas y en su legitimidad democrática; lo que ocurre es que en el resto de países europeos también hay elecciones y legitimidades democráticas. A nosotros también nos han elegido… Y así es como funcionan las cosas: el Gobierno que llega respeta los compromisos que firmaron los gobiernos anteriores».

Varufakis, tratando de agradar, ni siquiera se refirió a la posibilidad de una quita. Dejó entrever que no descarta por completo un nuevo programa de rescate, pero que Syriza exigiría cambiar «sus prioridades y su filosofía». Mencionó incluso a los miembros de la Troika, dando a entender que puede seguir admitiéndolos como interlocutores, y mostró su convicción de que, con el programa de crédito puente hasta mayo que está solicitando al BCE, el nuevo Gobierno de Atenas es capaz de hallar una salida a la actual situación. Pero, ante la impotencia de su carga argumental positiva («Me resulta difícil ocultar mi escepticismo», le había contestado el alemán), echó mano de un último argumento: la tormenta eléctrica que puede desatar sobre Europa una mayor desestabilización de la economía griega y que amenaza incluso con cambiar esas reglas del juego.

«Como ministro de Finanzas de un país en situación de urgencia, en una situación de deflación y espiral de la deuda, creo que Alemania es el país que mejor puede entendernos. Nadie como Alemania puede comprender los terribles efectos que una situación económica lamentable y humillante, sin perspectivas y abocada al paro, puede acabar acarreando», afirmó Varufakis. Trató de implicar a Berlín, insistiendo en presentarse como opción moderada que, en caso de fracasar, daría paso a fuerzas políticas aún más radicales tanto en Grecia como en el resto de Europa. «En nosotros tienen un potencial socio si de lo que se trata es de encontrar soluciones a un problema que no sólo es cosa de Grecia, sino que afecta a todos los europeos», ofreció, «pero Europa debe encontrar un equilibrio entre la continuidad de sus reglas y la necesidad de seguir desarrollando esas reglas».

Y mientras los dos ministros escenificaban en Berlín posiciones aparentemente irreconciliables, desde Fráncfort Draghi escribía un par de líneas más en el guión del desenlace y filtraba que los bancos griegos podrán acceder a la liquidez a través del Banco de Grecia, mediante el programa de provisión urgente de liquidez que el BCE ha aumentado en 60.000 millones de euros. Templaba así los ánimos de una jornada en la que la Bolsa griega caía casi un 4% y en la que los bancos griegos perdían más de un 10% de su valor en Bolsa. El BCE prepara así el terreno para un nuevo tramo de rescate al que está abocando al Gobierno de Syriza.

A la espera de que se reúna el Eurogrupo, Alemania mantiene una fría y calculada distancia respecto al nuevo Gobierno griego y no se esfuerza por disimularla. Según fuentes de Finanzas, el ministro británico Osborne llamó a Schäuble hace días para preguntarle si podía darle su número de móvil a Varufakis, que deseaba hablar con él, y el alemán negó el permiso, sugiriendo que sería mejor que utilizase los cauces oficiales para entablar comunicación.

Texto en la fuente original
(Puede haber caducado)