DERECHOS HUMANOS AALIA RESIDE EN BILBAO

«EN LA CÁRCEL ME ESPERA LA TORTURA»

España deniega el asilo político a un activista del Sáhara Occidental condenado en Marruecos a cadena perpetua por un tribunal militar

El Mundo, ROSA MENESES MADRID, 05-02-2015

Hassanna Aalia es activista por los Derechos Humanos saharaui, tiene 26 años, vive en Bilbao y sobre él pende la guadaña de una condena en rebeldía a cadena perpetua en Marruecos. Si vuelve a este país, le espera la cárcel y la tortura de por vida, según denuncia. Por eso, pidió asilo político en España, pero se lo han denegado.

El Ministerio del Interior decretó el 19 de enero su salida inmediata de España, cuya fecha límite expiró ayer. Mientras Aalia última un recurso ante la Audiencia Nacional para evitar un crudo destino, varias organizaciones proderechos humanos, partidos políticos y plataformas de solidaridad con el pueblo saharaui han mostrado su respaldo al joven e instado al Ministerio del Interior a que le conceda asilo. Ayer mismo, integrantes de la Plataforma en su apoyo –que mantienen desde el 30 de enero una huelga de hambre– entregaron una petición por escrito en el Ministerio en este sentido.

En octubre de 2010, Aalia participó en el campamento de protesta de Gdeim Izik, que congregó a las afueras de El Aaiún (la capital del Sáhara Occidental, antigua colonia española ocupada por Marruecos desde 1975) a entre 40.000 y 80.000 manifestantes. Muchos expertos señalan la protesta de Gdeim Izik como precursora de las revoluciones árabes que han sacudido la región desde finales de 2010.

Un mes después, las fuerzas de seguridad marroquíes desmantelaron con extrema violencia lo que se había iniciado como una demanda pacífica de trabajo y dignidad social para los saharauis. Once miembros de las fuerzas marroquíes y dos civiles saharauis murieron en los disturbios y hubo decenas de detenidos. Uno de ellos fue Aalia, que estuvo dos meses en un calabozo. En ese tiempo, fue juzgado y condenado a cuatro meses de prisión. Después de eso, Aalia siguió adelante con su activismo político en favor de los derechos de los saharauis en el territorio ocupado, e incluso realizando viajes a España, Argelia y Senegal para denunciar la situación que se vive en su tierra.

«En octubre de 2011 vine a España con el fin de realizar un curso para jóvenes activistas de los derechos humanos en las zonas ocupadas y tenía previsto estar aquí tres meses. Pero tras mi salida –aunque ya había dejado el Sáhara varias veces y siempre había vuelto–, un tribunal militar de Marruecos decretó mi busca y captura. Entonces, decidí pedir asilo político, lo que hice a principios de 2012», cuenta Aalia.

«En febrero de 2013 fui juzgado en rebeldía por un tribunal militar y condenado a cadena perpetua. Otros 24 compañeros recibieron condenas a perpetuidad, a 30, a 25 y a 20 años. Todos están ahora mismo en la cárcel de Salé, cerca de Rabat», sosteiene en conversación telefónica con EL MUNDO. Los cargos por los que fueron condenados invocaban «violencia contra las fuerzas de seguridad que resultó en muerte y mutilación de cadáveres» y «pertenencia a banda armada», según informó la prensa marroquí. Human Rights Watch denunció que el juicio se celebró sin garantías, con confesiones extraídas bajo tortura. Por no mencionar que Aalia ha sido juzgado dos veces por su participación en Gdeim Izik.

«Cinco de mis compañeros condenados han denunciado que han sido violados con botellas de cristal y les han arrancado las uñas de pies y manos. Es lo que me espera en la cárcel», explica. «Desde los 17 años he sufrido torturas y maltratos. He presentado varias denuncias ante un juez, pero nunca se ha abierto ninguna investigación», señala evocando sus años de activismo en el Sáhara.

Existen numerosos informes que denuncian que la práctica de la tortura es persistente en Marruecos. Sin ir más lejos, el informe mundial que acaba de presentar HRW habla de «pocas mejoras tangibles en Marruecos en materia de Derechos Humanos», donde civiles son juzgados por la vía militar, y denuncia la «represión» en el Sáhara Occidental.

La familia de Aalia, que vive en El Aaiún, se encuentra bajo una especial presión por parte de las fuerzas marroquíes, que ejercen un férreo control de sus movimientos, revela a este periódico Maite Isla, presidenta de la asociación Solidaridade Galega co Pobo Saharaui, que tuvo ocasión de visitarles el pasado noviembre. «Antes de despedirme de ellos a mi regreso, la madre de Hassana me dijo que le enviara un mensaje a su hijo: ‘Por favor, dígale a Hassanna que no quiero verlo más, porque quiero que siga con vida y si vuelve aquí le espera la muerte’», relata Isla.

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