Ya nada será igual para Cheikh
UNA CONCENTRACIÓN PEDIRÁ HOY EN | Gasteiz el fin de los ataques xenófobos, tras la agresión sufrida en Nochevieja
Deia, , 04-02-2015SUCEDIÓ el pasado 31 de diciembre, a escasas horas de entrar en el nuevo año. Cheikh Ould Sid Mohamed, un vecino de Gasteiz de origen mauritano que reside en la capital alavesa desde hace más de una década, acudió acompañado por su hija de seis años al centro comercial El Boulevard para cambiar un regalo que había comprado apenas unas horas antes a la pequeña. Llegaron con prisa, ya que la hora de cierre de la tienda de juguetes se aproximaba, pero a priori con el tiempo suficiente para realizar el trueque sin problemas, también con el imprescindible tique de compra. Eran cerca de las 19.50 horas, cuando todavía faltaban diez minutos para la clausura del negocio, pero Cheikh se encontró con la negativa de uno de sus dependientes. Según denuncia, “parece que tenían prisa por cerrar”, teniendo en cuenta la fecha tan señalada de la que se trataba.
Cheikh exigió su “derecho” a ser atendido al ver que la tienda aún no había echado la persiana, “una falta de respeto” a su entender, y a partir de ahí se inició una discusión que terminó con el cliente reducido por dos guardias de seguridad del centro, golpeado en repetidas ocasiones, encerrado en un cuarto alejado de su hija y posteriormente trasladado en ambulancia y atendido en el servicio de Urgencias del Hospital Santiago por diferentes contusiones.
El informe médico, al que ha tenido acceso este periódico, reflejó “múltiples hematomas lineales en extremidad inferior derecha”, “dolor a la movilidad activa y pasiva de la muñeca derecha”, una “inflamación con hematoma en cara exterior del hombro derecho” y otro “hematoma a nivel región escapular derecha”, entre otras lesiones. Su hija, triste testigo de los hechos, también debió ser asistida en Txagorritxu debido a un cuadro de ansiedad. En su declaración posterior ante la Er – tzaintza, Cheikh denunció que uno de los guardias le insultó “con ánimo vejatorio refiriéndose a su país de origen y al hecho de ser extranjero”. Extremadamente dolido y con los ojos llorosos, Cheikh pone voz ante este diario a algunas de las palabras que debió escuchar aquel día y que también denunció aquella triste Nochevieja ante la Ertzain – tza: “Vete a tu país, hijo de puta” o “estás chupando nuestra sangre, gastando nuestros dineros” son algunas de las lindezas que, según su testimonio, tuvo que escuchar. Además, tardó varios días en restablecerse completamente de los dolores que los golpes recibidos le produjeron. Los más fuertes y persistentes, según su testimonio, en un ascensor, lejos de ojos indiscretos y con una porra. El caso se dirime ya en instancias judiciales. La Plataforma Antirracista de Gasteiz ha convocado una concentración silenciosa para esta tarde en la plaza de Correos (19.00 horas) para exigir que en la capital alavesa no se produzca “ni una agresión racista más”, una protesta que, lógicamente, tiene la experiencia de Cheikh como trasfondo. Aunque por desgracia no es la primera vez que los juzgados de Gasteiz abren diligencias por casos similares, a nadie se le escapa que este lamentable episodio coincide en el tiempo con la ofensiva del alcalde Javier Maroto para endurecer el acceso a la RGI y su puesta en el punto de mira del colectivo magrebí.
adhesiones y defensa La Comisión de Ayuda el Refugiado (Cear), ha dado el paso de asumir la defensa jurídica de Cheikh y su acompañamiento. Miguel Viñas, abogado de la víctima, explica que el expediente se encuentra todavía “en fase de tramitación”, aunque la agresión denunciada por la víctima se ha valorado como una falta de lesiones, lo que a buen seguro derivará en un juicio de faltas. El abogado ha solicitado que un médico forense examine tanto a Cheikh como a su hija por si “tiene secuelas derivadas” y, según su testimonio, el Juzgado también ha pedido información al centro comercial sobre el personal de seguridad que estaba trabajando esa noche, así como las grabaciones de las cámaras. “El proceso se puede alargar bastante porque hay complicaciones, como identificar a los autores. El plazo puede ir desde los tres hasta los cinco meses, aunque es difícil valorarlo”, explica Viñas.
Cheikh, muy “agradecido” por el apoyo que se está encontrando de “gente buena” como la que integra Cear y otros colectivos sociales, jamás se hubiera imaginado ser víctima de un caso de estas características. Ahora, Cheikh solo espera que “nunca más” suceda un episodio como el que ha denunciado. “Tengo el derecho de mostrar a la gente que ha pasado esto”, insiste. La víctima reconoce que a día de hoy, con las secuelas físicas ya superadas, aún sufre un daño psicológico que le hace derrumbarse en ocasiones puntuales. “En algunos momentos no estoy bien y tengo que salir de casa para que no me vea mi familia”, reconoce la víctima.
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