GRANADILLA

Ya son cinco los edificios llenos de okupas en San Isidro

Proliferan los inmuebles terminados y no vendidos por la crisis, donde primero se roba todo lo de valor y después son ocupados.

El Día, , 25-01-2015

Es una realidad que aumenta día a día. En San Isidro hay numerosos edificios que fueron construidos y equipados, pero no vendidos. Y el proceso casi siempre es el mismo. Primero los inmuebles son desvalijados y después llegan personas que no pueden alquilar un piso para ocuparlos. Son viviendas que ya no tienen puertas ni ventanas. Pero ese es un problema secundario, que se solventará en los días sucesivos a la ocupación, con la recogida en la calle de lo que hace falta, o el robo, o la compra de las piezas necesarias.

Los edificios de okupas están en las calles La Graciosa, Isla del Hierro, Los González (“El Barco”), Punta del Este (11 adosados con gente de etnia gitana) y Honduras (Nuevo Garajonay).

Mireia es cubana y reside en el inmueble rebautizado como “Ciudadanos de San Isidro”, en la calle La Graciosa. Son 48 pisos ocupados por venezolanos, chilenos, cubanos, rumanos, senegaleses o canarios, por ejemplo. Junto a su cuñada, relata que llegaron allí en octubre de 2013. Los depósitos de reserva de agua los subieron a la azotea y se llenan con las cubas que pasan por el pueblo vendiendo agua potable. La luz se obtiene de placas fotovoltáicas o generadores. Pero la visita a la azotea está vetada, si no se halla allí el representante de la comunidad. Llegaron a hacer una conexión ilegal de agua, pero poco después les cortaron “el pinchazo”. Aseguran que, cuando llegue el banco o el propietario, se marcharán de allí. Mientras tanto, están dispuestos a llegar a un acuerdo con el ayuntamiento para recibir servicios e, incluso, no les importaría pagar un “alquiler” de bajo coste, que no supere los 140 euros, por ejemplo. Y recuerdan que “cogimos el edificio destrozado y nosotros lo hemos arreglado”. Desde que están allí, las fuerzas de seguridad casi no tienen que ir allí, pues hay más seguridad que antes. Al igual que en otros edificios ocupados, todos los días acude gente a preguntar si hay pisos libres. Y ese es su mayor miedo, que alguien de una patada y les invada “su” apartamento.

Hayat Ezzouina tiene 20 años, es estudiante y reside junto a su madre en el edificio ocupado en Isla del Hierro. Viven de las ayudas sociales. Colchones en el suelo en el salón de la planta baja y en la parte alta, todo vacío y por arreglar. Su madre dice que vivieron de alquiler 5 años, pero ya no pueden pagar más. La luz se la instala el guineano Camara Mohamed.

Nada más llegar a “El Barco”, dos policías locales entran a identificar a varias personas. Allí está la marroquí Fátima Bel Kaid, de 55 años. Hace siete meses que llegó de Madrid. Sobrevive de la caridad de los vecinos y si la llaman a cocinar o planchar. Pero está esperanzada, porque “aquí la gente es más solidaria que en Madrid y no me muero de hambre”. Sabe las historias de todos los que han llegado a su bloque. En su amplia sala solo tiene un mueble, un sillón que es su cama. Su reivindicación al Ayuntamiento: “Necesitamos agua y luz”. Las ediles de Seguridad y Servicios Sociales declinaron pronunciarse sobre el asunto.

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