54 horas que han cambiado la percepción del islamismo en Europa

El Mundo, Opinión, 10-01-2015

CON LA MUERTE de los tres yihadistas que han llevado el terror a las calles de París concluye uno de los atentados más graves sufridos en Europa, no por el número de víctimas, sino por el significado del ataque y su repercusión. Han sido 54 horas en las que los asesinos han mantenido en vilo al mundo entero. Al final han segado la vida de 17 personas, 12 en la redacción de Charlie Hebdo, otras cuatro en el supermercado donde ayer se atrincheró el tercer yihadista y una más, la agente municipal tiroteada el jueves.

Comparado con los atentados de Madrid de 2004, en los que murieron 192 personas, o los de Londres en 2005, con 52 víctimas mortales, el de París parecería menor. Sin embargo, hay varios detalles que lo hacen particularmente espantoso. Primero, la facilidad con la que han actuado los terroristas. Los matanzas de Madrid y Londres fueron cometidas por células bien coordinadas que prepararon su acción durante meses. Los terroristas abatidos ayer han demostrado que bastan tres fusiles con su munición para sembrar el terror en el corazón de Europa. Por lo tanto, la posibilidad de que se repitan golpes como los de París se antoja mucho más probable, pues requieren de poca infraestructura y preparación. Hay que tener en cuenta que centenares de yihadistas que han combatido en Irak y Siria han salido de Europa y algunos están regresando al continente, más radicalizados si cabe, y con experiencia en combate.

Son muy preocupantes, también, las declaraciones de los propios terroristas, asegurando unos que pertenecían a Al Qaeda y otro al Estado Islámico. De ser eso cierto y no un mero acto de propaganda, supondría que estamos ante el primer atentado coordinado entre ambas organizaciones criminales.

Está, por otra parte, la elección del objetivo. Las bombas en los trenes no tenían un destinatario concreto. Se trataba de sembrar el terror por el terror, indiscriminadamente. El ataque a un medio de comunicación, símbolo de la libertad de expresión, uno de los valores en los que se basa nuestro modelo de sociedad, indica que los islamistas quieren que se sepa que están en guerra con Occidente, lo cual es una manera de anunciar que habrá más atentados. Por eso los crímenes de París son tan estremecedores, porque vienen a proclamar que el yihadismo ha llegado a nuestro mundo con la intención de quedarse.

No es el momento todavía de analizar si han existido fallos de seguridad en Francia. Es cierto que se había decretado la alerta máxima en todo el país porque la información de los servicios de inteligencia apuntaba a un atentado inminente. Pero es imposible tener controlados todos los movimientos de las personas potencialmente peligrosas. Sí es, en cambio, el momento de la unidad y de la colaboración entre los países europeos. Merkel, Cameron y Rajoy, entre otros líderes, harán que se visualice esa alianza acudiendo a la manifestación convocada mañana en París por el presidente Hollande. La amenaza a la que se enfrenta el continente es de tal calibre que esa cooperación tiene que ser concienzuda y permanente. Es la primera lección que hay que aprender de esas 54 horas que han conmocionado a Europa.

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