El ‘califato’ de Birmingham
La policía llegó a instalar cámaras para vigilar los barrios musulmanes de la ciudad británica
El Mundo, , 19-01-2015«Hay ciudades como Birmingham que son totalmente musulmanas y donde los no musulmanes no se atreven a entrar», dijo el comentarista norteamericano Steve Emerson ante las cámaras de la Fox. «¿Sabes a qué suena, Steve?», le interrumpió la presentadora, Jeanine Pirro. «Suena como si fuera un califato».
Desde entonces, las noticias sobre el supuesto califato de Birmingham no dejan de circular. Con incorregible humor local, los brummies (como se conoce popularmente al millón de habitantes de la segunda, maltrecha y fea ciudad británica) han hecho piña y han replicado con hechos incontestables al especialista en terrorismo del canal norteamericano…
En Birmingham hay efectivamente una Meca, pero se trata de una sala de bingo. A falta de un califa conocido, los vecinos han propuesto al cómico Jasper Carrott, que llegó a ser presidente del devaluado Birmingham FC. Y los fans del Aston Villa, el último orgullo local, han imaginado en Instagram cómo sería el estadio reconvertido en la auténtica meca del culto islámico en el Reino Unido.
Pero ahí acaban las bromas. La Mezquita Central de Birmingham, con sus dos minaretes y su cúpula dorada, fue durante una década la más grande de Europa. Birmingham es con diferencia la ciudad con mayor proporción de musulmanes en Gran Bretaña (22%). En algunos barrios periféricos, como Washwood, Bordesley o Sparbrook, el porcentaje supera el 70% y uno tiene la impresión de haber aterrizado de pronto en las afueras de Islamabad.
Birmingham hizo sonar las alarmas hace unos meses por la así llamada Operación Caballo de Troya, el supuesto complot para «islamizar las escuelas públicas» y promover la enseñanza del «salafismo» radical. El año pasado, la policía local admitió que había llegado a instalar 200 cámaras de seguridad en una operación secreta (Project Champion) para vigilar los barrios de mayoría musulmana. Unos meses antes, seis extremistas fueron detenidos y acusados de intentar poner una bomba en un manifestación del grupo ultraderechista English Defence League, especialmente activo en el cinturón industrial.
Pero Birmingham es también la ciudad adoptiva de la Premio Nobel Malala Yousafzai, que ha reconocido que el carácter multicultural de la ciudad (el barrio de Alum Rock ha sido rebautizado como el Pequeño Pakistán) le facilitó mucho el proceso de adaptación tras el tiroteo que a punto estuvo de costarle la vida.
«Birmingham son muchas ciudades al mismo tiempo, y todas ellas llenas de contradicciones», reconoce el taxista Jamil Jimmy Al-Harazi, nacido aquí hace 45 años e hijo de inmigrantes de Yemen. «Pero quitando los disturbios, aquí hemos tenido una relativa paz social. Cada cual vive en su comunidad y no hay muchas fricciones entre nosotros».
Jamil nos lleva hasta la Mezquita Central de Birmingham y aprovecha el alto para dejar el taxi en el aparcamiento y sumarse a la oración del mediodía… «No es mi templo, pero aquí coincidimos suníes y chiíes cuando nos pilla de paso. Nuestras diferencias se quedan en la puerta. Todos rezamos a un mismo Alá».
Más de 6.000 musulmanes acudieron al llamamiento del primer viernes, tras la masacre de Charlie Hebdo, para condenar sin paliativos lo ocurrido en París: «Esto no es islam». Más de una semana después, el imán Mohamed Talha Bukhari prefirió dejar de lado la polémica por la nueva portada con Mahoma y llamó a los congregados a respetar las diferencias: «Dios creó el mundo como un jardín. Musulmanes, judíos, cristianos o hindúes somos parte de ese jardín con flores diversas».
Mohamed Talha Bukhari se ha convertido en el rostro moderado del islam made in Birmingham. Aunque la Mezquita Central llegó a estar hace una década en la mirilla de los servicios de Inteligencia británicos –junto a las mezquitas de Finsbury Park, Regent’s Park y Brixton en Londres–, los mensajes radicales se han trasladado en los últimos años a los templos periféricos como Sparbrook o Alum Rock.
En Alum Rock Road, junto a la escuela de Park View que se convirtió en el epicentro de la operación Caballo de Troya, Bart Cornway (56 años) ha sido testigo de la increíble transformación del barrio desde su tienda de ultramarinos: «La mitad de mis clientes son paquistaníes y nunca he tenido problemas con ellos. Pero prácticamente ya no quedamos ingleses y llega un momento en que te sientes como expulsado».
«Yo también me he reído con eso del califato de Birmingham, pero sales a la calle, no vez más que mujeres con velos y te lo piensas dos veces», reconoce Bart. «No comulgo con Nigel Farage [el líder del Ukip], pero es cierto que hay muchas zonas del Reino Unido que no parecen nuestro país. Yo también me iré seguramente de aquí y venderé la casa familiar cuando se muera mi madre».
El califato de Birmingham ha alcanzado también notoriedad en el último año por la serie Benefits Streets, el reality show que recrea la vida y milagros de los británicos que viven de los subsidios. Porque, como apunta el historiador local Carl Chinn, si algo distingue a Brum [el nombre abreviado de la ciudad venida a menos] no es tanto la segregación racial o las religiosa, sino la profunda división de clases, como saltó a la vista durante los disturbios: «Ése el problema real que tenemos que afrontar no sólo en Birmingham, sino en París y en cualquier otra ciudad europea».
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