Opinión ‘Allahu Akbar’

Diario de noticias de Alava, Por Joxe Arregi, 14-01-2015

hay que estar muy loco o desesperado para matar periodistas al grito de Allahu Akbar. ¿Quién les va a creer que Dios es grande si necesita de armas y bombas? ¿Quién se dejará atraer por esa fe articulada de gritos fanáticos, odio y sangre?

Pero no es fe lo que les mueve, por fervorosos que sean. No es Allah en quien creen, por convencidos que estén. Su fervor se llama fanatismo. Son los peores enemigos del Islam, pues pervierten su religión y ofrecen el argumento deseado por patriotas neonazis que aborrecen a los musulmanes, atacan mezquitas y organizan manifestaciones contra la supuesta islamización del Occidente. Los unos y los otros se dan la mano y la razón, comparten el miedo y la sinrazón. Entre unos y otros aumentan y agravan los peligros de la humanidad.

Quizás no debieron publicar unas viñetas satíricas a sabiendas de que iban a ofender tanto a cientos de millones de musulmanes en el mundo. Pero no debieran ofenderse tanto los musulmanes por unas simples viñetas. ¿Acaso se ofende Mahoma, que vive en la morada de la paz? ¿Acaso puede ofenderse Allah, a quien los piadosos musulmanes invocan como al-Bari (origen de todo), al-Khabir (comprensivo), al-Mujyi (el que da la vida), al-Salam (la paz)? Quienes se ofenden por unos dibujos o unas palabras sobre Jesús, el Corán, el rey o la bandera tienen la mente o el corazón estrecho. Y quienes matan por tales motivos no tienen ni corazón ni mente. Que no se llamen creyentes. De ningún modo representan el Islam, religión de la justicia y de la paz.

Pero haría mal el Islam en no dejarse interpelar por la existencia en su seno de tanto fanático. Haría mal en prohibir una lectura crítica del Corán, coartar la libertad, aferrarse a estructuras religiosas del pasado.

También nosotros en Occidente haríamos mal en cerrar los ojos y negarnos a entender por qué hay tantos yihadistas, tanto Al Qaeda y Estado Islámico. Entender no es excusar. Son mucho menos de lo que nos quieren hacer creer, pero son peligrosos por ser desesperados, por sentirse excluidos del mundo. Son una ínfima minoría de los musulmanes, pero forman parte de una mayoría que se siente humillada por las potencias occidentales cristianas durante los últimos 100 años. No habría yihadistas, o no serían tantos, sin los crímenes contra Palestina, las campañas de Afganistán, las guerras del Golfo, los negocios del petróleo o la barbarie norteamericana en Irak. Y las medidas antiterroristas nunca bastarán para salvarnos. Solo nos salvarán la justicia y la cordura, la amplitud de mente y corazón.

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