BULEVAR
Coulibaly en la tienda ‘kosher’
El Mundo, , 13-01-2015¿QUÉ RELACIÓN existe entre una excrecencia
suburbial llamada Amédy Coulibaly,
una tienda de alimentación kosher, una revista
satírica francesa, dos desgraciados llamados
Saïd y Chérif Kouachi, el pseudocalifato
instaurado en Siria, el clamoroso silencio
de la izquierda alternativa europea
ante los últimos atentados islamistas y las
ambiguas declaraciones de las autoridades
de ciertos países de Oriente Medio? He aquí
una pista para ofrecer un poco de luz a tan
larga pregunta.
El día 21 de marzo de 1935, el Tercer
Reich vivía momentos de euforia. Faltaba
poco más de un año para el comienzo de los
Juegos Olímpicos de Berlín. Aunque hace
de muy mal decir, las Olimpiadas de 1936
fueron, sin lugar a dudas, las más innovadoras
y rutilantemente modernas de la historia:
incluso se vieron las primeras emisiones
televisivas comerciales, y no se recuperaron
hasta casi 15 años después. La Alemania
nazi parecía destinada a ser la primera potencia
mundial durante muchos años –mil,
decían ellos–. Así lo entendió, por lo menos,
el general Reza Pahlevi, conocido también
como Reza Khan (1877-1944), que en 1925
se había autoproclamado Emperador de
Persia como quien se pone un clavel en la
oreja. Teniendo en cuenta los vientos que
soplaban, Pahlevi decidió sustituir el antiquísimo
nombre de su país por otro más
adecuado al espíritu del pujante Tercer
Reich alemán. Confundir las cosas antiguas
con las cosas decadentes fue un error típico
de aquella época. El día 21 de marzo de
1935, Persia cambió oficialmente de nombre
y pasó a llamarse Irán (Airian) que significa
«país de los arios». Pahlevi no se limitó
a este cambio de nomenclatura más bien
extravagante, sin embargo. También se convirtió
en un entusiasta colaborador de los
nazis, compitiendo en esa actitud servil con
la principal autoridad religiosa de la Palestina
de la época, el Gran Mufti de Jerusalén
(en ese momento el Estado de Israel todavía
no existía, pero la judeofobia sí).
El hijo de Reza Khan, Mohammed Reza
Pahlevi, último Sha muerto en el exilio en
1980, en cambio, olisqueó otros vientos y
se convirtió en el principal aliado de intereses
norteamericanos en la zona. Posteriormente,
con el regreso de Jomeini, el
país se tranformó en la República Islámica
de Irán. Las nuevas autoridades parecían
la mar de cómodas con el nombre de la nación
que había impuesto el filonazi Pahlevi
aquel 21 de marzo de 1935. Los islamistas
rompieron radicalmente con el pasado
proamericano del Sha que ellos mismos
expulsaron en 1979, pero no se preocuparon
mucho –más bien nada– de distanciarse
del siniestro pasado nazi de su padre.
En 2006 se pudo contemplar en Teherán
una de las exposiciones más ignominiosas
que se han hecho nunca, basada en viñetas
cómicas sobre el Holocausto: ¡aquí justamente
se cierra el círculo con el caso de
Charlie Hebdo! El «país de los arios» se
fundó bastantes años antes de que el Estado
de Israel. Al final, todo encaja, ya lo
ven. La toponimia, como la matemática,
parece ser una ciencia exacta.
Desde hace meses, la mayoría de asociaciones
judías francesas estaban alertando
del enésimo rebrote del antisemistismo en
Francia. En ese fenómeno se dan la mano
la extrema derecha y sectores radicales
musulmanes, exactamente igual que en la
década de 1930. Sin apelar a la noción de
judeofobia, nada de lo que acaba de pasar
en Francia tiene sentido.
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