Un documental para ‘tirar’ los muros del centro de extranjeros
Buscan financiación para proyectar los testimonios del CIE de Aluche
El Mundo, , 13-01-2015RAY SÁNCHEZ MADRID
La cárcel de Carabanchel desapareció
hace siete años a golpe de
piqueta. En apenas unos días se
borró del mapa uno de los símbolos
de la represión franquista, lugar
de cautiverio de miles de personas
durante la dictadura encarceladas
por motivos ideológicos y
políticos. Sin embargo, un pedazo
de la antigua prisión se mantiene
en pie, y sigue dedicado a la reclusión.
En el Centro de Internamiento
de Extranjeros (CIE) de Aluche,
uno de los ocho que existen en todo
el Estado, son retenidos aquellos
inmigrantes «sometidos a expediente
de expulsión del territorio
nacional», según el gélido
lenguaje de los documentos oficiales.
Pero los que han pasado
por allí, internados a la fuerza sólo
por cometer una falta administrativa,
lo describen como algo
peor que una cárcel.
«El CIE es un instrumento de
miedo, de control. Por estar en
una situación administrativamente
irregular, como aquél que no
paga una multa, se confina a personas
en una situación de privación
de derechos que no sucede
ni en las prisiones españolas. Allí
se sufre hacinamiento e incertidumbre,
incluso cosas peores. Es
una aberración que esto exista en
un Estado de Derecho, porque ni
siquiera tiene encaje constitucional
». David Marrades utiliza palabras
contundentes porque en los
últimos meses se le ha endurecido
la mirada detrás de la cámara.
A finales de 2013 se puso a filmar
testimonios con el propósito
de «arrojar algo de luz» sobre la
lúgubre actividad de los Centros
de Internamiento de Extranjeros.
«Detecté que en mi entorno había
mucha gente que no sabía lo que
era un CIE. Un desconocimiento
que existe en parte de la sociedad
más sensibilizada», explica este
creativo publicitario reconvertido
en director tras su bautismo con
el largometraje documental 23.30
Una historia cautiva.
«23.30 es el número con el que
se le asignó a uno de los protagonistas
al llegar a Aluche. Si conviertes
a una persona en un número,
es más fácil volverse insensible,
que se cometan estas
violaciones de derechos», según
Marrades, que ha buscado relatos
lejos del barrio madrileño donde
se levanta el CIE.
«En Bélgica, en un pueblecito al
lado de la frontera con Holanda,
localicé a Peggy, una de las protagonistas.
A ocho días de dar a luz
detuvieron a su marido por no tener
papeles, aunque hasta poco
antes tuvo un contrato de trabajo
en España. Pasó por un CIE y la
mandaron en avión a Nigeria. En
el vuelo de deportación le dieron
una paliza brutal. De eso había
pasado año y medio cuando contacté
con ella, y me contaba que
su hija todavía no conoce a su padre.
Es la destrucción absoluta de
un proyecto de vida».
Experiencias que dejan el miedo
como marca. «He tratado que
ellos se expresen, pero no es fácil.
El primer día no se sientan a contártelo
». Por ejemplo Samuel
(nombre ficticio) se oculta en el
anonimato para compartir su historia,
que desmonta el arquetipo
del inmigrante africano. «Vino en
avión, porque procede de una familia
acomodada que había apostado
en él todas sus esperanzas.
Cuando llega a España lo primero
que intenta es regularizar su situación,
y no le dejan. Recurre a una
abogada, y le estafa. Acabó pasado
60 días internado en un CIE».
Tras finalizar el rodaje hace
unas semanas, 23:30 Una historia
cautiva prepara ahora su periplo
por festivales y el estreno reservado
a los mecenas del proyecto.
El director, que ha asumido
gran parte del trabajo en solitario,
mantiene una campaña de
crowdfunding para financiar la
distribución internacional del documental.
«Nos quedan pocos días, pero si
superamos el objetivo podremos
difundirlo en otros países, porque
creo que hablamos de un tema
universal. Y nos ayuda a empatizar,
porque la gente que aparece
en el documental tiene las mismas
motivaciones que cualquiera que
nosotros. Buscan mejorar sus condiciones
de vida, lo mismo que hace
un español que ahora emigra al
extranjero», sostiene.
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