El islam frente al terrorismo

El Mundo, NAJIB ABU-WARDA, 12-01-2015

El atentado cometido en el semanario satírico Charlie Hebdo, revista que se hizo mundialmente conocida a raíz de la publicación de varias caricaturas del profeta Mahoma en 2012, carece de justificación posible, como sucede con absolutamente todos los actos violentos de esta naturaleza. Tampoco estaban justificados otros atentados como los de Nueva York, Madrid, Londres, Beirut, Bagdad, Damasco, Kabul y otros muchos lugares. Al igual que sucedía con Saná, la capital de Yemen, donde 33 personas perdían la vida el mismo día en otro terrible atentado.

El atentado de París inmediatamente fue condenado por todo el mundo, estados occidentales e islámicos, organizaciones internacionales como la ONU, la Unión Europea o la Liga Árabe, asociaciones profesionales de periodismo europeas y árabes, como la Asociación de Escritores y Periodistas Árabes en España, medios de comunicación de toda tendencia u orientación política, asociaciones y consejos islámicos europeos y no europeos, así como instituciones islámicas de referencia teológica como la universidad egipcia de Al Azhar.

El atentado de París, como todo acto que atente contra la vida e integridad de las personas, va en contra de los principios y valores de la fe islámica. El islam, como la palabra sugiere, tiene connotaciones de paz y los valores que se hallan en el mismo núcleo del islam constituyen el fundamento de la acción no violenta. En su vida personal, el Profeta fue un ejemplo viviente de paz y no violencia. Nunca se le atribuyó una violencia física ni verbal. En sus enseñanzas, él prohibió ejercer la violencia. Aunque el mensaje que transmitió no prohibía la utilización de la fuerza cuando era preciso, él nunca consideró este punto como un aspecto esencial del mismo. El verso coránico «La reconciliación es mejor» (4:128) constituye el fundamento de este mensaje. Como principio básico, el objetivo del islam es hacer de este mundo un lugar donde la paz prevalezca.

El atentado contra un medio de comunicación, al margen de su tendencia ideológica, es contrario a la libertad de expresión que el islam respeta y defiende. El atentado no sólo no servirá para evitar más viñetas satirizando al profeta Mahoma, sino que, además de multiplicarlas, será instrumentalizado para avivar la islamofobia por aquellos que defienden, en un extremo y otro, las tesis sobre el choque de civilizaciones.

Tanto las asociaciones islámicas francesas como el presidente de la República, su primer ministro y el titular de Interior no tardaron en destacar que los atentados terroristas no tienen nada que ver con el islam, llamando a la unidad nacional, como ayer se vio en la manifestación, frente a las amenazas terroristas.

Por otra parte, lo sucedido en París, de ninguna manera justificable, no es un hecho aislado de otros acontecimientos y circunstancias de alcance regional e internacional. En consecuencia, debe analizarse en relación con la confrontación de un conjunto de factores y actores, de naturaleza política, económica, cultural, etcétera, que desde el final de la Guerra Fría están incidiendo en la reestructuración del terrorismo internacional como un fenómeno global en una sociedad internacional, y que afecta especialmente a los países islámicos, donde se registran más del 90% de las víctimas del terrorismo internacional.

En este contexto regional e internacional, los fundamentalismos radicales, Norte-Sur, encuentran su mejor caldo de cultivo. En ello, sería hipócrita no admitir que la política exterior de los estados es determinante. En los últimos años, desde Washington y con la complicidad europea se han realizado guerras preventivas en muchos países islámicos, como las de Afganistán, Irak, Libia, etcétera. Antes, durante casi cuatro décadas, la subida al poder de líderes izquierdistas en Oriente Medio y otros estados islámicos, que representaba una amenaza a los intereses geopolíticos occidentales en la región, llevó a EEUU y otros aliados a apoyar a regímenes fundamentalistas que sirvieron como fuerzas de choque de dictaduras y otros regímenes represivos.

Políticos y medios de comunicación están prestando cada vez más atención a la «amenaza» del fundamentalismo, hablan del fenómeno omitiendo sus causas. Omiten que el crecimiento del fundamentalismo es un subproducto de la ausencia de estructuras estatales democráticas, corrupción y falta de expectativas. Es necesaria una revisión de las políticas occidentales en los conflictos de Oriente Próximo.

Najib Abu-Warda es profesor de Relaciones Internacionales de la UCM.

Texto en la fuente original
(Puede haber caducado)