Jóvenes musulmanes ‘secretos e influenciables’

El 90% de los yihadistas adquieren su ideología a través de internet

El Mundo, IGNACIO CEMBRERO, 09-01-2015

Los inmigrantes musulmanes recién
llegados no se suelen radicalizar.
España empezó a acoger a
musulmanes, en su mayoría marroquíes,
hace sólo un par de décadas.
Por eso es, entre los principales
países de Europa, el que
menos aspirantes a yihadistas ha
exportado a Siria e Irak:
unos 70, 15 veces menos
que Francia.
Allí, en Bélgica o en el
Reino Unido, «la radicalización
se ha producido en jóvenes
de segunda y tercera
generación que no se han
integrado en el país», asegura
Fernando Reinares, investigador
en terrorismo internacional
del Real Instituto
Elcano. Los hermanos
Said y Chérif Kouachi, sospechosos
del atentado contra
el semanario Charlie
Hebdo, nacieron en París y
son un claro ejemplo de ese
fracaso de la integración.
De los 70 candidatos a la
yihad que salieron de España
con la intención de incorporarse
a los grupos terroristas
en Oriente Próximo, la
mitad son originarios de Melilla
y, sobre todo, de Ceuta.
Son inmigrantes afincados
en estas ciudades desde hace
varias generaciones, pero
muchos de ellos son españoles
desde siempre porque
nunca tuvieron otra nacionalidad
como la marroquí.
Como algunos jóvenes de
Belleville (París) o de Whitechapel
(Londres), barrios
mayoritariamente musulmanes,
un puñado de ceutíes
dejó poco a poco de compartir
los valores vigentes en la
sociedad en la que viven desde
hace décadas. Se adhirieron
a una interpretación extremista
del islam, una religión
de la que suelen tener
un conocimiento somero.
«Ignoran todo de la religión
y son incapaces de escribir
su nombre en árabe»,
recalcaba, refiriéndose a los hermanos
Kouachi, Hassen Chalghoumi,
imán de la gran mezquita
de Drancy, cerca de París. «Esa
gente ensucia al islam sin ni siquiera
conocerlo», insistió indignado
ante las cámaras de televisión.
¿Quiénes son los radicales? ¿Por
qué rompieron con los valores que
les inculcaron? En España no hay
aún suficiente masa crítica de musulmanes
extremistas para analizar
en profundidad el fenómeno.
Para tratar de que no crezca entre
los 1,2 millones de musulmanes
afincados en nuestro país, el Gobierno
lleva meses anunciando
que aprobará un plan secreto
de prevención del radicalismo
islamista, el cual
incluye medidas educativas y sociales
así como un mayor control
de las redes sociales.
«Estos últimos tiempos ha aumentado
la radicalización a través
de internet», constataba ayer el ministro
del Interior, Jorge Fernández
Díaz. La policía francesa calcula
que el 90% de los yihadistas han
adquirido su ideología extremista
solos, navegando con su ordenador.
Para pasar a la acción necesitan,
no obstante, algún contacto
personal al final del proceso.
Los hermanos Kouachi son algo
diferentes a ese 90%. Internet no
aparece en sus biografías publicadas
por la prensa de Francia, aunque
éstas tienen tales agujeros
temporales que bien podrían esconder
algunos recorridos por redes
sociales y páginas salafistas.
En teoría, su radicalización se operó
primero a través de la mezquita
Addawa, en el barrio parisino
de Stalingrad.
El contacto humano de
Chérif Kouachi, de 32 años, el más
fichado de los hermanos, se llamaba
Farid Benyettou, un predicador
espontáneo. «De un día para otro
se topó con gentes, islamistas radicales,
que le dieron la impresión
de ser alguien importante», explicaba
a la web del diario Le
Figaro, Vincent Ollivier, el
que fue su abogado hace siete
años. «Y este perdedor
cambió de vida», añadió.
El más pequeño de los
Kouachi fue condenado en
2008 a tres años de cárcel
por haber colaborado con
una célula de reclutamiento
que enviaba jóvenes a luchar
en las filas de la rama
iraquí de Al Qaeda, capitaneada
por Abu Musad Al
Zarkaui, contra el Ejército
de EE UU. Pasó sólo 18 meses
detrás de los barrotes,
pero «también ahí se radicalizó
», según Jean-Charles
Brisard, experto francés en
terrorismo. En las prisiones
de España se ha dado el
mismo proceso.
En algo sí se parecen los
Kouachi a la gran masa de
jóvenes yihadistas europeos.
En el marco de su plan de
prevención de la radicalización,
el Ministerio del Interior
francés inauguró en
abril un teléfono gratuito al
que pueden llamar los familiares
de aquellos jóvenes
que muestran inclinaciones
extremistas. «Se desahogan
cuando se dan cuenta de
que uno de sus familiares
está cambiando de vida»,
explicó Bernard Cazeneuve,
el titular de Interior.
En ocho meses el teléfono
ha recibido alrededor de
800 llamadas. Aquellos que
las atendieron describieron
en diciembre, en el diario
parisino La Croix, el perfil
de los jóvenes en vías de radicalización.
Son chavales –
un 25% de ellos menores de
edad y cerca de la mitad mujeres–
«introvertidos, secretos, bastante
influenciables». «Buscan códigos,
normas y ritos» y creen que el islam
más riguroso se los puede
proporcionar.
A juzgar por lo perdidos que
estuvieron años atrás los Kouachi
también buscaron hasta encontrar
al yihadismo.

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