Cientos de agentes despiden al policía muerto en Embajadores

Cosidó sostiene que la muerte de Ortega se puede calificar «claramente» como «un homicidio»

El Mundo, E.M. Madrid, 04-01-2015

Cientos de agentes de las fuerzas
de seguridad despidieron ayer entre
aplausos a Francisco Javier Ortega,
el agente de la Policía Nacional
de 28 años que falleció el viernes
al ser arrollado por un tren
después de que un inmigrante al
que trataba de identificar le arrastrara
hasta caer ambos a las vías.
Los familiares y compañeros del
agente asistieron a una sencilla ceremonia
religiosa en el complejo policial
de Canillas para despedir a Ortega,
a quien, a título póstumo, se le ha
impuesto la medalla de oro al mérito
policial, la máxima distinción del
cuerpo. Durante toda la noche, la familia
del agente, huérfano, veló el cadáver
en esas dependencias, donde
se instaló la capilla ardiente una vez
practicada la autopsia.
Tras el acto, al que no pudieron
asistir los medios de comunicación
por expreso deseo de la familia, el
director general de la Policía, Ignacio
Cosidó, recordó que los agentes,
en su labor de garantizar la seguridad
de los ciudadanos, pagan
en ocasiones el «precio más alto
que se puede pagar, que es dar la
propia por los demás». Cosidó calificó
los hechos de «homicidio» y
explicó que, tal y como puede comprobarse
en las grabaciones del suceso,
el inmigrante, que permanece
en estado grave en el Hospital
12 de Octubre de Madrid, arrastró
intencionadamente al agente para
que fuera arrollado por el tren en
la estación de Cercanías de la plaza
de Embajadores de la capital.
A falta de lo que determine la
autoridad judicial, Cosidó sostiene
que el policía murió en un acto que
«claramente» se puede «calificar
como un homicidio».
El máximo responsable del cuerpo
explicó que en los vídeos grabados
del suceso y ya supervisados
«se ve claramente que hay una intencionalidad
en llevarse al agente
a la vía del tren y arrojarle cuando
un convoy estaba aproximándose».
Antes de la misa, Cosidó impuso
al agente la medalla de oro de la
Policía y entregó a la familia la
bandera española que cubría el
ataúd y la gorra del fallecido.
Desde la calle pudo escucharse La
muerte no es el final, un himno a los
caídos, y poco después, arropado por
los aplausos de los cientos de agentes
que llenaron el salón de actos y
los patios de las instalaciones, el féretro
fue introducido en el coche fúnebre.
Precedido por otros dos repletos
de coronas de flores y escoltado
por agentes motorizados de la Policía
Municipal de Madrid y de la
Policía Nacional, el furgón con el
féretro de Francisco Javier Ortega
partió hacia Ávila, de donde era
natural y donde será enterrado.
No solo acudieron a despedir al
agente sus compañeros de cuerpo y
de la Policía Municipal. Así, pudo
verse uniformes de la Guardia Civil
y de policías locales de municipios
madrileños como Alcobendas, Leganés,
Getafe, Parla, San Sebastián de
los Reyes o Coslada. Ignacio Cosidó
quiso agradecer las numerosas
muestras de condolencias recibidas,
entre ellas la del Rey. Mensajes de
apoyo y y solidaridad de toda la sociedad
española, según resaltó.
El director general, que estuvo
acompañado en el acto por la delegada
del Gobierno en Madrid, Cristina
Cifuentes, aprovechó para expresar
su reconocimiento a todos los policías
que diariamente están en la
calle prestando el servicio de seguridad
para garantizar la libertad de los
ciudadanos. Particularmente reconoció
el trabajo de la Brigada Móvil, a
la que pertenecía el agente fallecido,
una de las unidades más antiguas de
la Policía cuya labor hace posible
que «cuando cualquier ciudadano
coge un barco, tren o autobús, lo
pueda hacer en las mejores condiciones
de seguridad».
Por otro lado, las autoridades sanitarias
anunciaron que el estado del
presunto agresor de Ortega, el inmigrante
marfileño Ali Raba Yode, de
27 años, ha pasado de crítico a «muy
crítico». El hombre sufrió un traumatismo
craneoencefálico severo.

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