«¡Yo por Alá me suicido!»

El hombre que amenazó con volarse por los aires en un tren a 700 metros de Atocha llevaba en una bolsa medio litro agua y una chilaba Cuatro personas fueron atendidas por ansiedad tras el desalojo

El Mundo, F. LÁZARO Q. ALSEDO M. BELVER MADRID , 03-01-2015

A las 9.50 horas a Madrid le recorrió de nuevo un escalofrío. Las alarmas saltaron en un tren, en las inmediaciones de la estación de Atocha. Fueron los propios pasajeros del vagón los que alertaron a la Policía. Había un hombre que gritaba y que aseguraba que llevaba una bomba y que iba a activarla en el tren. La mente de los viajeros y la de los responsables policiales se volvió a hace 10 años, a aquel fatídico 11 de marzo en el que fueron asesinadas 191 personas. Porque el eje de la matanza estuvo en Atocha.

La amenaza de bomba –que resultó ser falsa– mantuvo en vilo a la capital durante algo más de una hora, tiempo en el que se aplicó la circular 50 antiterrorista, se comprobó que en el tren no había ningún explosivo y se blindó toda la zona cercana para evitar cualquier sorpresa.

El ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, desgranó la película de los hechos durante una comparecencia para explicar el balance de Tráfico. Además, durante toda la crisis mantuvo permanentemente informado al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy.
A las 9.50 horas, dentro un tren de la Línea 1 de Cercanías (procedente del municipio de Torrejón de Ardoz), un hombre de origen magrebí se levantó de su asiento con «una pequeña bolsa de plástico en la mano» y «profirió palabras de cierta amenaza que causaron revuelo».

Tal y como relataron los testigos, al parecer esta persona habría hecho saber a los pasajeros su intención de activar una bomba que supuestamente llevaba en la bolsa. «Yo por Alá me suicidio» fue una de las frases que pronunció a gritos en el vagón en el que se encontraba, según fuentes de la investigación.

En ese momento, todos los viajeros salieron del tren pese a que todavía se encontraban a «700 metros de la estación». De hecho, fueron los propios viajeros quienes, al escuchar los gritos del agresor, tiraron del freno de emergencia, pararon el tren y lo desalojaron.

El presunto terrorista también salió corriendo del vagón dejando en el interior la bolsa en la que aseguraba que estaba la bomba. Los viajeros fueron los que identificaron al hombre que había provocado la situación de alarma.

Inmediatamente fue detenido. Siguiendo el protocolo de actuación, se esperó la llegada de los Tedax (técnicos en desactivación de explosivos) que comprobaron que en la bolsa únicamente había una botella de medio litro de agua y enseres personales del ya detenido, como una chilaba. También rastrearon las inmediaciones del vagón por si en su huida el sospechoso había abandonado algún otro equipaje.

«Tras las verificaciones oportunas se comprobó que en el convoy no había objeto sospechoso alguno en su interior y el protocolo correspondiente se vio concluido a las 11.05 horas siendo restablecido el tráfico ferroviario», finalizó el ministro. Se trataba de «una falsa alarma». El detenido es Jamal Herradi, nacido en 1993, quien contaba con antecedentes policiales por violencia de género pero nada que tuviera que ver con el terrorismo islamista. Se encuentra en tratamiento médico por problemas psiquiátricos, por lo que estuvo ingresado el pasado mes de diciembre en el Hospital Gregorio Marañón durante una semana hasta recibir el alta el día 16.

El ministro del Interior aclaró ayer que el arrestado no tiene ninguna vinculación con grupos yihadistas. «Sí consta una detención en noviembre por amenazas y violencia de género, por lo que se le aplicó una orden de alejamiento de la víctima y de su hijo desde el 15 de noviembre», señaló Fernández Díaz.

Herradi se encuentra en tratamiento psiquiátrico al menos desde 2013 por un «trastorno de conducta». En el Gobierno central quisieron destacar ayer «la celeridad, la profesionalidad y el buen hacer» de las fuerzas de seguridad y de los ciudadanos en el incidente.

De hecho la tranquilidad con la que los pasajeros desalojaron Atocha, la estación con más tráfico de España, fue la nota predominante del incidente con el que ayer se desperezó la capital. Sólo cuatro personas de las que viajaban en el tren, las más impresionadas por el suceso, tuvieron que ser atendidas por los médicos del Samur por crisis de ansiedad leves tras la amenaza de bomba. Otra chica necesitó asistencia sanitaria debido a una contusión en una muñeca que se hizo al saltar a la vía desde el convoy. Todos los pacientes fueron dados de alta allí mismo sin necesidad de ser trasladados al hospital, según explicó un portavoz de Emergencias Madrid.

La circulación ferroviaria estuvo interrumpida durante más de una hora mientras los agentes de la Policía Nacional mantenían acordonada la zona. En total, resultaron afectados 20 trenes de larga y media distancia y alrededor de 40 de la red de Cercanías que tenían que haber salido o llegado a Atocha en el intervalo aproximado entre las 10.00 y las 11.00, que fue cuando se reabrieron todos los accesos a la estación.

La mayoría de los pasajeros afectados pudieron finalmente hacer los viajes que tenían previstos, aunque llegaron a sus destinos con retraso. Un responsable de Renfe señaló que al tratarse de una jornada laboral pero en medio de las vacaciones navideñas no había tanta afluencia de público como un viernes corriente, por lo que la normalidad quedó completamente restablecida sobre las dos de la tarde.

A las 11.00 en punto, la hora a la que tenía que haberse marchado el AVE en el que Aurora iba a volver a Sevilla tras pasar unos días de asueto en la capital, la pasajera permanecía apostada con su maleta en una acera frente a la estación y rodeada de personas en el mismo compás de espera. «Cuando hemos llegado nos han dicho que no podíamos pasar porque había una amenaza de bomba. Estaba saliendo todo el mundo fuera, pero con total tranquilidad», explicaba esta viajera con resignación.

Minutos después se reabrían las puertas y por la megafonía de Atocha se volvían a anunciar los trenes que se habían quedado varados en las vías, empezando por los de alta velocidad con destino a Barcelona, Alicante y Valencia. El paso relajado de los viajeros para desalojar el edificio contrastó entonces con las carreras de los que se dirigían a toda prisa a los andenes para no perder los convoyes en los que tenían intención de montarse antes de que el presunto suicida hiciera recordar a todos a tragedia del 11 de marzo de 2004.

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