Cuando los chinos tocan flamenco

El maestro de la guitarra Óscar Herrero asegura que el flamenco se aprende, no es innato.

El País, Isabel Valdés Aragonés, 20-08-2014

Óscar Herrero camina al mismo ritmo que las espigas de los campos manchegos que lo vieron nacer algún día de 1959, en Tomelloso (Ciudad Real). Cuando se sienta y reposa la guitarra sobre su pierna derecha, cruzada sobre la izquierda, la cosa cambia. Su cuerpo se integra con el instrumento. O viceversa. Se vuelven paralelos. Se mueven paralelos. Y todo es cuestión de aprendizaje, asegura él. Cero duende. “Pero no quiero que se malinterprete, Siempre se ha usado el tópico del duende para hacer creer que el flamenco no se puede aprender. Pero se puede”, asegura vehemente el maestro de las cuerdas.

El flamenco, eternamente asociado a etnias, lugares, algún que otro apellido. A jirones de alma. A recorridos impetuosos junto a la sangre. Adherido a las venas… Unido a voces y tonalidades de piel, se diversifica en la mente de este amante de la taranta: “Todo es necesario. No digo que el duende no exista. Pero no es lo único. Hay mucha gente que ha huido cuando ha intentado aprender. Quizás es que no ha habido gente preparada para poder transmitir este lenguaje musical”. El duende y los genios, en cualquier disciplina, existen. Pero a veces no es suficiente. Como para casi todo, se tiene que dar el kairós. Ese momento crucial en el que todo converge: “A nacer con ese talento especial, hay que unirle que sea un lugar propicio, en el momento correcto, que las personas que lo rodean lo apoyen. Muchas cosas”.

¿Entonces, puede un chino tocar la guitarra mejor que un gitano? “Si a un gitano lo dejas en Rusia nada más nacer, a los 20 años hablará ruso”. He ahí la respuesta de Herrero. Asegura que el flamenco no va en la sangre y entre bromas, afirma que si los puristas lo oyeran se le “echarían encima”. El debate entre ellos y los renovadores es continuo y para siempre. El manchego reivindica la fusión sin olvidar nunca las raíces: “Si los que tienen la mente más cerrada no hubiesen dejado entrar nunca nada, ahora estaríamos 50 años atrás. Como en otras cosas”. La panorámica general de la música en España no le parece muy halagüeña, siente que les cortan las alas y que necesitan algo más de ayuda para seguir creciendo: “Nos están dando bien, así que no estamos muy bien”, masculla riendo.

El maestro está más preocupado por aportar algo importante a la pedagogía musical que en sacar nuevo disco; hasta el próximo 22 de agosto da un curso magistral en los cursos de verano de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo en Santander. Sabe que el flamenco es minoritario, aunque está sorprendido por la diversidad de nacionalidades entre sus alumnos. La esperanza de que se expanda crece cada día: “El momento que vivimos, Internet, esa facilidad para comunicar… Seguirá creciendo, y llegará un momento que esté equiparado al jazz u otras músicas igual de conocidas”.

Él intenta aportar otra píldora a un género que emerge de forma tímida pero sin pausa. Su forma de enseñar, y el movimiento de sus dedos, lo posicionan como maestro en su mundo. Desde muy joven vio a su padre dar clases de guitarra en medio del erial dorado de La Mancha. Supo enseguida que la didáctica no existía, todo era repetición. Observó durante años y, cuando tuvo claro cómo y por qué se hacía cada movimiento, decidió ponerlo sobre papel. Crear la teoría. “Mi único mérito es haberme preocupado de ir más allá que de imitar a mis antepasados”.

Paco de Lucía, al que Herrero rinde homenaje este jueves 21 en el Palacio de La Magdalena y cuyo nombre marca como un antes y un después en el género flamenco, se dio cuenta de que el conocimiento teórico de la música no hacía sino ampliar ese genio cuando él ya era uno considerado por medio mundo: “En sus inicios aseguró que el flamenco no necesitaba ser aprendido, fue cuando conoció a otros maestros del rock o del jazz cuando cayó en su error y empezó a recomendar a los jóvenes que había que estudiar música”. En esas anda él. Renovándose. Enseñando a los demás. Y rasgando mientras demuda los gestos al ritmo de los acordes de Paisano, "quizás, de entre todas mis hijas, la favorita”.

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