Ni tótems, ni tabúes

Diario Sur, , 18-08-2014

Hay un par de asuntos en la vida política nacional de este verano, intermitente en lo informativo y caprichoso en lo climatológico, que da reparo abordar. Más que nada porque depende de lo que opines o escribas te puede caer del cielo un chaparrón de adjetivos calificativos poco amables. Y convertirte enseguida en sospechoso de tendencias nada favorables acabadas en ‘fobo’; ‘acha’, ’arca’o ‘cista’. Así que si uno no quiere salirse de ese territorio delimitado por cierta opinión, muy activa en redes y digitales, debe abstenerse de criticar a Podemos o de analizar determinados aspectos mal gestionados de la inmigración.

Preguntar cómo se puede dejar de pagar la deuda nacional y no morir en el intento, se considera una agresión a la nueva fuerza política de moda. Cuestionarse cómo se puede financiar la jubilación de todos los currantes a los 60 años trabajando 35 horas semanales es resultado del ‘nerviosismo’ que se ha apoderado del establishment político y mediático ante la aparición de quienes vienen a hacer política de otra forma y arrumbar a la casta. Dudar del realismo de medidas nacionalizadoras de la energía, telecomunicaciones, educación, banca, farmacia, denotaría una dolosa falta de valentía política para solucionar los problemas de los más débiles y por ende alinearse con los poderosos que solo defienden sus privilegios. Y no hay más que hablar. Pero aquí todo el que quiera jugar a la política, pedir el voto, prometer el oro y el moro, tiene que aceptar las reglas de la libertad de expresión, de información y de opinión. Está obligado a no considerar enemigos a sus adversarios, ni perros de la prensa a quienes no les dan la razón. Si alguien dice que es un poco tramposo el cómodo sistema de denunciar problemas, insuficiencias, privaciones, si no se dispone de una respuesta sensata para solucionarlos, hay que rebatirlo con argumentos cabales, no con consignas y slogans que valen para todo. Porque el efecto a medio plazo, y sobre todo, cuando el votante se acerque a la urna, de tanta agitación propagandística y rechazo frontal a lo construido durante décadas de democracia podría tener un efecto contraproducente.

Hay varios ejemplos de éxitos políticos efímeros en este país de personalidades o fuerzas políticas que de pronto han sido percibidas por el ciudadano como focos de energía destructiva en lugar de creativa y acabaron como acabaron. Y por no olvidar el otro tótem del verano recuerdo ahora que el alcalde de Badalona denunciado por SOS Racismo y otras ONG acusado de fomentar la xenofobia fue absuelto judicialmente. Pero pasó las de Caín por atreverse a decir en voz alta que determinados aspectos negativos y adherencias de una inmigración mal gestionada debían ser corregidos. Entre tanto, el nivel del debate ha caído en picado: a uno le llaman Hitler vitoriano y otro dice que le recuerdan a Mussolini.

Texto en la fuente original
(Puede haber caducado)