Colaboración

Nuestros políticos y la (des)integración social

Deia, Por Amelia Barquín, 15-08-2014

yO también estoy alarmada ante las declaraciones del alcalde de Vitoria contra los colectivos marroquí y argelino. Las posteriores explicaciones del diputado general Javier de Andrés señalando ahora también al grupo de los nigerianos – que no es que sean precisamente una multitud en Álava – no han hecho más que añadir combustible al incendio. Refuerzan la idea de que los inmigrantes defraudan y no se integran, y cargan de paso contra la Renta de Garantía de Ingresos, que sirve a tantas familias para tener qué comer en esta situación terrible de crisis. También Arantza Quiroga se ha sumado hace unos días a esta campaña de algunos políticos contra la RGI.

“Alcalde, qué huevos tienes, que te atreves a decir lo que muchos pensamos”, esto es lo que parece que le dicen a Maroto, y él encantado, según escuché recientemente en un programa de televisión. No sé cuántos serán quienes piensan así, el alcalde y sus consejeros habrán echado sus cálculos. Pero debe saber el alcalde y su grupo que somos muchas las personas que nos sentimos profundamente alarmadas.

Hay quien dice que es racismo, que es populismo o que es oportunismo… Yo creo que además hay, sin duda, una enorme imprudencia. Perseguir el fraude que pueda haber, y que según diversas fuentes es pequeño, hay que hacerlo. Igualmente en otros terrenos, no sólo en este, ¿verdad? Y también habrá que poner mucha atención en gestionar muy bien los dineros públicos. ¿Cuántas mensualidades de la RGI caben en el dineral que le hemos venido pagando los alaveses al empresario Gonzalo Antón por sus onerosos locales municipales gracias a un contrato blindado y ruinoso para la ciudad que firmaron con él algunos políticos, que no eran ni magrebíes ni nigerianos, por cierto? Por poner un ejemplo. Resulta fácil despistar a la ciudadanía provocando agitación entre los más pobres y desviar así nuestra mirada de asuntos bastante importantes. Esperamos más nivel de nuestros políticos.

Parece, por lo que dicen estos representantes, que integrarse es tener un empleo y sólo puede ser eso. Si un inmigrante no tiene empleo y cobra la RGI, no se integra. Según esa equivalencia ¿cuántos vitorianos de toda la vida se están desintegrando en estos momentos de aguda crisis? Y si trabajan de manera discontinua en este sistema cada vez más precarizado, ¿se van integrando y desintegrando a rachas? Claro que también hay otras preguntas: ¿Aa cuántas personas magrebíes y nigerianas conocerán de cerca Maroto y De Andrés para afirmar que no se integran? ¿Con qué datos aseguran eso? Porque lo que muchos vemos en nuestro entorno a diario es otra cosa: gente que vive con tranquilidad en su barrio, manda a sus hijos a la escuela, respeta la ley, convive bien, establece relaciones, participa de diversas maneras en la escuela, en el barrio, en asociaciones, en celebraciones… ¿Esto no es integración? Para bastantes familias, el no tener ayudas sociales en este momento sería un gran obstáculo para poder llevar a cabo todo esto. ¿A qué viene destacar a unos colectivos concretos que ya sufren los estereotipos y reforzar el mal ambiente de una parte de la ciudadanía contra ellos? ¿Para qué sirve? También se podrían desglosar los datos de otra manera y ver, por ejemplo, cuántas personas – casi todas autóctonas – de más de 55 años llevan años y años sin trabajar y cobrando la RGI. O cuántas mujeres autóctonas de 35 a 50 años con cargas familiares. ¿Estas personas tampoco se integran? ¿Y qué es lo que pasa con estos colectivos, es que no quiere trabajar y pretende vivir del cuento o es que estamos en una sociedad que desgraciadamente no proporciona trabajo a personas con esas características y para las que cobrar la RGI es la única manera digna de sobrevivir?

Precisamente el señalar a magrebíes y nigerianos podía haber llevado a estos políticos a mencionar las pocas oportunidades laborales que la sociedad local ofrece en estos momentos a las personas magrebíes y negras, en parte por los estereotipos existentes contra negros y musulmanes, y podía haber servido para recordar cómo estos colectivos han ido perdiendo oportunidades de trabajo al derrumbarse el negocio de la construcción, que empleaba a muchos hombres de estos grupos.

El caso es que, de lo que dicen Maroto, De Andrés y compañía se deduce que entre los inmigrantes el que no trabaja es porque no quiere. Bonita manera de nuestros políticos de contribuir a la integración y a la cohesión social. ¿Pero cómo puede explicarse esto con los millones de parados – muchos de larga duración – que sabemos que hay en este momento debido a la crisis – estafa que vivimos? ¿Qué son todos ellos para estos políticos, una colección de holgazanes?

El racismo lo carga el diablo, igual que las armas; luego no hay quien lo controle. Excitar los peores sentimientos de la población y agitar la competencia y la desconfianza entre los últimos de la fila es fácil en tiempos de crisis. A ver luego qué hacen con el incendio los que han prendido y alimentado el fuego, una vez que hayan rascado esos votos que parece que esperan conseguir. Lo que es seguro es que nos tocará a la ciudadanía de a pie sufrir en el día a día el deterioro en la calidad de la convivencia: en las calles, en las tiendas o en las escuelas. Necesitamos políticos más responsables.

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