Ébola, pateras y privilegios

Diario Sur, , 13-08-2014

Ha querido el destino que la muerte del padre Miguel Pajares a causa del ébola, haya coincidido con la llegada a España (Tarifa, Cádiz) de cientos de inmigrantes a bordo de decenas de lanchas de juguete, más propias para que los niños jueguen estos días en la playa. Otros 700 han intentado saltar la valla de Melilla y 470, que venían en pateras, han sido rescatados en el Estrecho. Son noticias que vienen de África, ese continente que atrapa de manera adictiva a misioneros como Pajares, a médicos, a voluntarios de ONG, a viajeros, y que a la vez expulsa a quienes están dispuestos a hacer una travesía agónica para llegar a una Europa en la que el país más pobre les resulta opulento.

Los familiares de Pajares han dicho que a él le hubiera gustado morir en África, donde dio su vida, donde han muerto dos de sus compañeros de congregación sin que algunos hayamos entendido todavía por qué no les trajeron a España en aquel sofisticado avión en el que había sitio. El primer muerto por ébola en España se produce cuando en Nigeria van ya por las mil víctimas mortales, 52 en los últimos días. En Lagos, la capital, la gente ha dejado de darse la mano y hasta allí no han llegado las decenas de dosis del suero Zmapp, medicamento/privilegio que solo se ha administrado hasta ahora al sacerdote español fallecido y a dos ciudadanos norteamericanos.

Nos enteramos de lo que era el sida, en los noventa, cuando lo sufrieron actores, cantantes o jugadores de baloncesto del mundo rico. Para entonces, el sida había devastado varios países de África y se había llevado por delante decenas de miles de vidas. Ahora, en España existe una cierta alarma entre la población, sin duda desproporcionada. Alarma que es una mezcla del narcisismo de los opulentos y la fascinación que provoca lo desconocido. No hay motivos para ese miedo preventivo, que se hubiera atajado en seco de haberse proporcionado información transparente y veraz desde un primer momento por las autoridades sanitarias.

El ébola es una enfermedad en la que un enfermo puede infectar a doce y poner en observación a setenta, con más de un sesenta por ciento de mortalidad y para la que aún no se ha encontrado un medicamento que la cure. Tuvieron que pasar años desde que surgió el sida como arma letal – que al principio se creía que afectaba solo a los drogadictos que compartían jeringuillas – , hasta que aparecieron los medicamentos que hoy permiten vivir con calidad de vida a quienes lo padecen, gentes de todo tipo.

La firma farmacéutica canadiense que investiga para lograr la vacuna contra el ébola, no hace más que subir en bolsa. Por ahora se facilita a unos pocos un suero de eficacia y efectos secundarios desconocidos. Ojalá pronto se encuentre solución, y que llegue antes a África.

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