Corazón tan negro

La mayor ofensa posible a Obama sería la de que desde que es presidente se comporta como un blanco

ABC, Ignacio Camacho, 04-08-2014

La mayor ofensa posible a Obama sería la de que desde que es presidente se comporta como un blanco

EL insulto más estúpido del mundo es llamarle negro a un negro. Primero porque es una obviedad y segundo porque es una obviedad racista. Implica menosprecio de una realidad de la que sus protagonistas no son responsables y denota un majadero sentimiento de superioridad racial. La ultracorrección política ha incrementado la memez al inventar eufemismos –tipo «afroamericano», «subsahariano» o «de color»– con los que eludir una evidencia: que los negros son negros y lo saben, a diferencia de los idiotas, que por lo general no son conscientes de su idiotez. Por eso en los barrios de mayoría negra, como esos feroces suburbios de Baltimore que salen en «The wire», los negros se llaman a sí mismos niggers. Blasonan incluso de negratas; no quieren la conmiseración intelectual ni la caridad lingüística de los blancos. «The wire» era la serie favorita de Obama, que hizo política, buena política, con su negritud y blasonó en su discurso inaugural de que sus abuelos eran esclavos. En eso consiste, exactamente, el progreso.

Pero el progresismo español, que hizo de Obama un icono, ha caído en la decepción de su antiguo ídolo y ahora lo llama despectivamente negro. El error ofuscado de Pilar Manjón incluía otro denuesto más grueso y menos obvio para su esposa Michelle, culpable de haber pedido a los terroristas musulmanes –y negros– la libertad de unas chicas cristianas…negras. Aunque otros terroristas islámicos, de tez más pálida, mataron a su hijo y a otros 190 inocentes, la Hécuba del 11-M ha reservado su ideologizada hybris para una suerte de oblicuo rencor por elevación que lo mismo alcanza a Aznar que al presidente americano. Odio, negro y puta: es difícil hallar más pifias en los 140 caracteres del tweet de Manjón. El dolor disculpa a las víctimas de sus equivocaciones, pero la obnubilación no las dispensa de perder los papeles y el oremus.

Resulta sin embargo significativa esa caída del fervor obamista en la izquierda española, mucho más defraudada que la norteamericana ante el mandato del hombre que mató a Bin Laden. Ya se sabe que a grandes expectativas, grandes desengaños. Aquel San Martín de Porres laico, turbonobel de la paz, ha pasado a convertirse en un maldito negro, curiosamente cuando ha hecho lo que tantas veces demandó el sedicente progresismo europeo a la Casa Blanca: que retrocediese en su papel de gendarme internacional. Los que clamaban contras las guerras económicas y la «sangre por petróleo» se escandalizan ahora de que los Estados Unidos se encojan de hombros ante las matanzas de Oriente Medio porque ya no tienen dependencia energética. Gracias al fracking, por cierto, para horror de los eco-izquierdistas. El insulto racista siempre retrata a quien lo profiere pero en este caso además está desenfocado. La mayor ofensa posible a Obama sería la de que desde que es presidente se comporta como un blanco.

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